Una Casa Roja: un jardín de libros y música en el corazón de Roldán
Cuando la contadora Yasmina Roganovich y el arquitecto Franco Piccini vieron que ya no había bibliotecas en la ciudad, decidieron fundar la suya. “Tenemos una biblioteca bastante amplia, empecemos con lo que tenemos”
Franco Piccini y Yasmin Roganovic en Una Casa Roja: "Se siembran palabras, nacen libros, crecen lectores"
“Entro acá y esto es como una nave, siento como que voy a volver a abrir la puerta y Roldán no va a estar más. Listo, entramos a otro otro mundo paralelo, una mezcla de nave espacial y Harry Potter, no sé, una cosa así. Parece que entraras a otro Roldán. Como que estás en otra dimensión”, confió la poeta Beatriz Vignoli sobre Una Casa Roja, el espacio cultural que sorprende a propios y extraños en Roldán.
La Biblioteca Una Casa Roja, fundada en 2021 en el barrio Tierra de Sueños 1 de Roldán por la contadora Yasmina Roganovich y el arquitecto Franco Piccini, fue la primera de esta etapa de resurgimiento de la cultura, que floreció en la Feria del Libro de esta ciudad.
“Somos unos militantes del libro, quizá como fetiche, como objeto, pero también porque es lindo, porque nos gusta, no hay como leer el libro, nos parece que está bueno” advierte Piccini durante casi una hora de charla con La Capital.
-¿Cómo surgió la idea de crear una biblioteca?
-Lo de la biblioteca viene un poco también por mi relación con la arquitectura, pero también con la música. Digamos que soy músico entre comillas porque a la par que estudiaba arquitectura, estudiaba con unos profesores y demás. Generalmente el instrumento principal es el saxo y con ese instrumento he tocado en bandas.
-¿Te gusta más la música o la arquitectura?
-Digo que como músico soy un buen arquitecto. Me sale mejor la arquitectura, pero me gusta mucho la música. La arquitectura me parece una forma de expresión muy concreta y requiere muchos engranajes para poder llevarla adelante, en cambio la música es tan etérea y tan simple. Con cualquier cosa podés hacerla acá mismo. O cantando nomás.
-¿Es como el fútbol, donde sólo necesitás una pelota?
-Pero en el fútbol ya hace falta una pelota, acá no necesitás ni pelota: podés hacer música sin instrumento, con las manos o sólo con la voz.
-¿Por qué elegiste la arquitectura?
-Me gustaba más el tema de dibujar. Y después me fui metiendo con ese mundillo y me encanta. Me parece muy mágico poder pensar algo y después decir: “Llegás”. Y más o menos se va armando. Eso me parece interesante. Tiene una parte artesanal. Me interesa mucho meter la mano, he hecho experiencia de construcción y Casa Roja es un ejemplo de eso.
"Me imaginaba traer gente que haga cosas a mi casa en Roldán"
-¿Cómo nació el proyecto de Una Casa Roja?
-Siempre me gustó. Entonces estando ya en Roldán me imaginaba la posibilidad de tener un espacio para poder traer a casa a gente amiga que pudiera venir a tocar o hacer cosas. Siempre me sentí atravesado por las ganas de hacer un proyecto, que es lo que en definitiva también moviliza, un proyecto en el sentido de la arquitectura, de pensar algo y construirlo.
-¿Cómo decidieron el proyecto de la biblioteca con tu pareja?
-Mi mujer, la contadora Yasmina Roganovich, que también es de Colón, ya estaba con el tema de los libros, es una idea que a los dos nos gustaba mucho.
-Ser una contadora a la que le encantan los libros habla muy bien de ella.
-Sí, ella siempre dice que tuvo un profesor de la secundaria muy piola, que le presentó así a la contabilidad, le gusta la parte teórica, la matemática, es que las cosas encajen y demás, y después capaz que eligió la carrera un poco por pensar en quedarse a vivir el pueblo, la posibilidad de volver y hacer algo que lo puediera hacer ahí, entonces por eso tomó otros caminos capaz que más abstractos, más teóricos y después medio que quizá se arrepentió.En fin, no sé, son decisiones que uno toma, pero después como que el destino te va empujando y te va llevando. Después vas donde te gusta. Igual su trabajo le gusta y lo hace.
casa roja 2
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
-¿Cómo llegaron a Roldán?
-Vivimos en Roldán desde 2014, pero trabajo en Rosario con mis dos socios en el Estudio Arzubialde. Habíamos comprado esos terrenos en Tierra de Sueños 1, que es la primera movida que hubo de loteos, previa a Tierra de Sueños 2 y 3 y todo eso. El 1 es como una continuidad del casco urbano de Roldán hacia al norte. Teníamos esos terrenos y ocurrió que entre 2012 y 2013, en el primer Procrear, el grande, nos habíamos anotado en ese sorteo porque fuimos un día a ver el terreno y dijimos: “Che, crecieron los árboles, está piola, estamos cerca de Rosario y el tipo de vida que estábamos acostumbrados porque era más o menos lo que teníamos en Colón, pero no diría que lo principal fue la búsqueda de la naturaleza, menos pragmático fue el asunto, y obviamente nos interesaba a salir de un departamento, donde no estábamos muy a gusto. Encaramos la movida en 2013, y en 2014 nos mudamos a nuestra casa, que son dos terrenos: la casa roja está en uno y la nuestra en el otro.
-¿Cómo y cuándo nació Una Casa Roja?
-En pandemia, teníamos este terreno libre al lado desde que nos mudamos. Lo tenía presente como la posibilidad de ocuparlo con algo y ya estaba con este tema de los libros. Entonces, juntamos a las dos cosas y salió solo. Yo estaba ahí y, como estábamos todos en pandemia, me hice un proyecto. Compré unas maderas, me puse a clavar y la construí. Madera de pino, pino de segunda, bien barato, tablitas. Armé ahí una estructura medio en la lógica de la biblioteca. Hice una habitación que mide unos 10 por cuatro metros y tiene toda una estructura de madera, un entramado de madera, lo que se conoce como un entramado ligero, con es la lógica de construcción llamada balloon frame con la cual los estadounidenses conquistaron el oeste: piezas de madera de pequeña dimensión muy fáciles de trasladar, muy simples de manipular. Como yo estaba solo sabía que tenía que laburar con algo que sea liviano, que pudiera hacer muchas cosas en el piso y después las iba montando. Y clavando maderitas en cuatro o cinco meses la hice.
-¿Y la hiciste solo?
-La hice solo. Y después, ya cuando estábamos en la mitad de la pandemia, en una de esas donde uno ya se se podía mover un poco más, de hecho estábamos laburando en algunas obras, vinieron Nicolás y una bandita de pibes que laburan con nosotros en obra: vinieron un día y pusieron todas las chapas. Como son chapas enteras de 10 metros es un trabajo más grande. Es un laburo que yo no podía hacer solo. Fue un fin de semana que vinieron e hicieron esa parte, en 2020, cuando hicimos la primera parte de Casa Roja.
"Ganamos un subsidio del Ministerio de Cultura de la Nación"
-¿Cómo siguió el proyecto?
-A fines de 2021 nos presentamos a una convocatoria del Ministerio de Cultura de la Nación y ganamos subsidio para hacer como una especie de anexo. No fue mucha plata, pero nos ayudó a hacerle un hall de ingreso al salón porque ya habíamos empezado a organizar algunas actividades y veíamos que por ahí hacía falta una previa para después entrar a la sala. Así que ahí ampliamos un poquito, nos organizamos mejor y finalmente ahora entre fines del año pasado y este hicimos una especie de otro anexo posterior para organizar porque también se fue dando que se empezaron a hacer talleres y otras cosas. Es una especie de aula, donde está fija la mesa.
-¿Ahí dictan los talleres de lectura?
-Talleres de lectura, escritura y encuentros de variada índole.
-¿Un subsidio a una biblioteca del Ministerio de Cultura de la Nación habla de otra época?
-Fue justo al final del gobierno anterior y y de hecho nos llamó la atención la insistencia de parte de la gente que organizaba, de los empleados del ministerio, de ordenar, de darte una mano para poder rendir todo, dejar todo ordenado porque había que hacerlo ahora. Por suerte se resolvió rapidísimo y lo pudimos recibir.
casa roja 3
Sebastián Suárez Meccia/La Capital
-¿Por qué se llama Una Casa Roja?
-Lo interesante también es que cuando estábamos pensando el concepto de cómo hacerlo, yo estaba pensando el proyecto y también estábamos pensando en la página web para ponerle un nombre y hacerlo. Teníamos varios nombres para el lugar. Yo había plantado un jacarandá, entonces habíamos hablado del jacarandá, pero no nos terminaba de convencer. Entonces se me ocurrió que como el proyecto empezó a cobrar esa forma, que es muy simple, la el corte de la casa, es como la imagen bien icónica de una casa, cuando uno le dice a un niño: «Dibujá una casa». Entonces le dije eso a mi hija y tiki, dibujó un triángulo. Entonces medio como que adoptamos eso como el logo. Y entonces pensamos que yo venía laburando con esto de la chapa roja en otra obra y me interesaba la lógica esa como del galpón oxidado al costado de la ruta o esa cuestión medio del granero.
-¿Hay una chapa roja o es la chapa oxidada?
-Hay una chapa roja, pero cuando uno la ve en la ruta a veces el mismo óxido la va enrojeciendo. Y ahí salió el nombre. Poner La Casa Roja era como demasiado Casa Blanca o Casa Rosada. Una Casa Roja era mejor porque es la nuestra y es esta. Y el epígrafe o la bajada del logo es “Muchos mundos” porque en el plan no teníamos muy claro qué íbamos a hacer ahí adentro. Entonces, la casa es una, pero las posibilidades de lo que pasa adentro son muchas.
-¿Como la frase de Pocho Leprati: “Un mundo donde quepan todos los mundos”?
-Claro, espectacular. Y después teníamos también la idea que la columna vertebral era la lectura o el libro, la idea de la literatura como esa posibilidad de poder uno vivir varias vidas, vivir muchos mundos, por el hábito de entregarse a esa acción que está hoy en día cada vez más menospreciada o no tan valorada.
-¿Qué significa la literatura o la posibilidad de leer en este mundo que nos toca atravesar?
-Somos unos militantes del libro, quizá como fetiche, como objeto, pero porque es lindo, porque nos gusta, no hay como leer el libro, nos parece que está bueno, Esa puede ser la manera en que uno se relaciona con un libro de papel y puede haber otros dispositivos en los cuales los haga y podríamos tener discusiones sobre eso y alguien puede venir y decirte: “No, porque la pantalla no sé qué”. No importa, es indistinto. Eso es cuestión de gusto, pero la experiencia de la de conectarse con con la literatura me parece eh muy interesante, muy interesante como eh como constructora de de de un sentido personal, de un mundo personal eh más más abierto, más amplio, más más rico, digamos, más más enriquecido de una forma. Y también por otro lado entendemos que es como una lógica de la cotidianidad, es algo que se construye muy a de pequeños pasos cotidianamente, o sea, no es algo de decir: “Ah, voy a leer un libro”. No te va a pasar nada si leés un libro. Todos los días leo una página, de cualquier cosa, media página, una línea, qué sé yo, algo.
-¿Hay una relación entre parejas jóvenes con hijos chicos que van a Una Casa Roja?
-Nos parece que pasa eso porque lo hacemos con nuestros hijos y pretendemos que también sea un espacio donde nos empezamos a dar cuenta que hay como un ánimo de la gente de que sus hijos lean como algo importante. Por ahí entre la vorágine cotidiana y todo el vértigo, la lectura no termina ocupando un lugar tan central. Eso es como saber qué está primero, si el huevo o la gallina: como que no le puedo dedicar tiempo a eso, los pibes no van a tomar ese hábito.
"No había bibliotecas en Roldán"
-¿Cómo respondieron los vecinos?
-La verdad que es raro porque la oferta que tenemos y que hacemos ahí adentro se fue medio como gestando casi naturalmente. Fue saliendo sola. Las dos primeras cosas que hicimos fue, por un lado, lo de la venta de los libros, pero después nos llamó la atención que, en su momento, no había bibliotecas en Roldán.
-¿No había ninguna?
-Cuando llegamos sabíamos que había una biblioteca, la Manuel Belgrano, que funcionaba me parece con alguna relación con la Municipalidad, que era una biblioteca de años que había estado en diversos lugares. Pero al toque que estábamos ahí cerró, entre 2014 y 2015.
-¿Qué pasó con esa biblioteca?
-Esos libros tengo entendido que están en un depósito, en algún lado. Hay ahora una una serie de bibliotecas funcionando porque ocurrió que lo que pensamos con Yasmina: “Bueno, pongamos la nuestra. Nosotros tenemos una biblioteca bastante amplia, pongamos nuestros libros personales y armemos una biblioteca arrancando desde esto, desde lo que tenemos”.
-¿La biblioteca nació con sus libros?
-Con los libros nuestros, pusimos 1000 libros, una cosa así. Hoy debemos tener 3000, más o menos, de la biblioteca. Entre donaciones y compras de lotes, yo por ahí estoy medio atento y veo si hay alguna temática que me parece que está buena. Ahora hace rato que no lo hago. Como no vendemos libros usados, yo no estoy en el mundillo, pero han venido donaciones, siempre alguien dice: “¿"Che, reciben donaciones?” Nosotros agarramos todo y después vamos a hacer una selección y se ha ido armando, tenemos nuestros socios.
-¿La biblioteca también es una librería?
-Sí, entonces destinamos un espacio al sector de biblioteca infantil, donde vendemos libros nuevos. O sea es un proyecto de biblioteca pero también de librería `porque en Roldán no había una librería.
-Había había una que conocíamos y le hemos comprado libros, que vendían cuando andaban en forma itinerante, por las redes o en ferias. Y después, a la par de nuestra biblioteca, cuando estábamos arrancando, nos enteramos que entre Tierra de Sueños 2 y 3, estaba en formación una biblioteca que hoy ya está en pleno funcionamiento y que hace más o menos la misma tarea que la nuestra. Ellos están también rearmándose. Pero es otro proyecto, es una biblioteca popular, tiene una personería jurídica. Nosotros nos hemos organizado en ese aspecto como una biblioteca familiar, si se quiere. Entiendo también que su acervo es más amplio, tiene más cantidad de socios, pero estamos bastante en contacto.
-¿Tienen diálogo con otras bibliotecas?
-Tenemos diálogo y después hay una biblioteca en formación, que no sé bien en qué estado está el proyecto, que es la de Marta Enrique, que es una poeta roldanense. En realidad vive en Roldán hace muchos años, gran poeta, y eso está en formación en un espacio del centro de Roldán.
-En los últimos cuatro años, un poco motorizado por toda esta movida, están la Haciendo Comunidad, nosotros, la biblioteca en formación y otras, y la otra semana se hizo la Cuarta Feria de Libro. Cada año se va acomodando, eso es cuestión de la municipalidad. Estas bibliotecas le han dado otro perfil a Roldán. Somos parte de una cofradía en un universo que está interesado en estas cosas.
-¿Qué más hacen en Una Casa Roja?
-Por otro lado se empezó a dar el hecho de que gente que es del pueblo o que vivía en el pueblo y que se había mudado, que estaba más o menos relacionada con este universo, se nos acerca y dice: “Che, yo hago tal cosa, yo doy un taller de esto”. Por ejemplo ahora una de las primeras actividades es la de Susana Ballesteros, que es una fonoaudióloga y mediadora de lectura. Ella todos los primeros sábados del mes lee cuentos a la mañana. Ese encuentro de lectura ya hace varios años que se da. Y después Alejandra Méndez, la poeta rosarina que vive en Roldán hace un tiempo, da un taller de poesía para adultos, pero también da un taller de escritura poética para niños. Y eso es reinteresante porque se da una dinámica muy divertida con los pibes, sobre todo con las niñas. El cupo femenino está lleno siempre en todas las actividades. Son las mujeres de la lectura, muy militantes en ese sentido. Están más enganchadas o se animan o no sé bien qué pasa, pero es muy escaso el género masculino metiéndole a esto.
"Che: hagamos un concierto a la gorra y vemos qué onda"
-¿Una Casa Roja se llena de música?
-Al principio de todo organizamos una serie de ferias e invitamos a algunos músicos amigos y demás, no teníamos mucha convocatoria, no era algo que nos interesaba. Me interesaba particularmente, pero no sabía muy bien cómo llevar adelante el tema de organizar un concierto o algo así. Y también un poco empujado por algunas músicas que viven aquí en Roldán, que nos propusieron: “Che, hagamos un hagamos un concierto a la gorra y vemos qué onda”. Empezamos con eso, fue un poco creciendo y ahora nos pasa que tenemos agenda para hoy y cierra una fecha para abril del año que viene. También hicimos un ciclo de cine, “Cine entre libros”. La música es algo que inicialmente hacíamos una vez por mes, después fue una vez cada 15 días. Hace tres semanas vino un cuarteto de cuerdas, músicas de la Orquesta Sinfónica, y después el otro fin de semana estuvieron Beatriz Vignoli y Esteban Vázquez leyendo poesía. Ahi Beatriz dijo algo muy lindo: “Entro acá y esto es como una nave, siento como que voy a volver a abrir la puerta y Roldán no va a estar más. Listo, entramos a otro otro mundo paralelo, una mezcla de nave espacial y Harry Potter, no sé, una cosa así. Parece que entraras a otro Roldán. Como que estás en otra dimensión”.
-¿Una Casa Roja tiene buena acústica?
-El otro fin de semana vinieron dos cantantes líricas y un pianista que hicieron una selección de ópera italiana. El lugar tiene buena acústica, de eso nos fuimos dando cuenta. En realidad eso salió solo. Más o menos lo intuía porque dije: “Bueno, con madera y los libros va a andar bien”. Pero se escucha realmente muy bien.
-¿Los libros se llevan bien con la música?
-Se llevan bien: los libros y la música van de la mano. Y entonces después alguien viene y todo el tiempo me escribe: "Che, tengo un amigo que tocó ahí, me interesaría, es un buen espacio, qué bueno“. Y estamos acomodando la agenda.
-Que tenemos las puertas abiertas. Intentamos generar nuevas actividades y un intercambio, militar un poco el encuentro. Esa sería nuestra idea: militar el encuentro y la utilidad de lo inútil. Ese es nuestro lema. La inutilidad pues estamos dedicados a la inutilidad y el mundo está digamos muy pragmático. Sí. Utilitarista. Hace falta la inutilidad. En el peor sentido, hace falta más perder el tiempo en el ocio. Y entonces estamos en eso.
-¿Cómo hacen para sostener el espacio en tiempos de destrucción del Estado y de los proyectos comunitarios?
-Por eso te digo que tener este espacio no es tan fácil sostener económicamente hablando, pero bueno, no nos quejamos. No tenemos ningún subsidio, pero estamos nosotros con este proyecto. Igual ponemos recursos nuestros. Ahora estamos con el tema de anexar cafetería, viendo de meter algunas cosas que puedan llegar a sumar desde el lado de la experiencia y apostamos a que Roldán tenga un café donde uno que pueda leer o escuchar música. Que venga gente a la que le pueda llegar a gustar experimentar el hecho de estar en el espacio y que tenga algo para hacer mientras lo disfruta. No sé, si lee un libro, si tiene un cafecito. Estamos en ese plan.
-¿Y con qué sueñan?
-No soñamos, somos muy de la acción. No le damos mucha vuelta a la ensoñación. O soñamos en el hacer. Eso, somos militantes del hacer porque después las cosas se van dando: hace falta hacer andar la rueda y se va como condensando, van apareciendo cosas.
-¿Es como plantar un jardín de libros y de música?
-Y el jardín está bien armado. Hay una frase en nuestras redes y en nuestros señaladores, que escribió Yasmina, que dice: “Se siembran palabras, nacen libros, crecen lectores”.
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