La ciudad

Refaccionan por completo la fachada del histórico cementerio El Salvador

Se inaugurará el domingo 14 de abril. Contempla desde la limpieza de superficies hasta el pulido de los mosaicos graníticos del ingreso.

Sábado 06 de Abril de 2019

La fachada del cementerio El Salvador está siendo remodelada integralmente, en una obra que, además, contempla sumar iluminación ornamental. Es el primer cementerio de la ciudad donde se conservan piezas de alto contenido histórico tanto en el lugar mismo refaccionar como en el interior de la gran edificación.

La rehabilitación de la monumental fachada se encuentra enmarcada en una serie de trabajos que se vienen realizando en los cementerios municipales desde la última década, desarrollados en su conjunto en el Plan Maestro para la Mejora y Modernización de los Cementerios.

Con la perspectiva de tener la fachada en perfecto estado para abril (el acto de inauguración se realizará el domingo 14 de este mes), la Secretaría de Ambiente y Espacio Público encargó una serie de trabajos integrales, que van desde la limpieza e hidrolavado de superficies hasta el pulido de cada uno de los mosaicos graníticos del ingreso.

También se incorporará iluminación ornamental, del mismo estilo que las que se encuentran en otros edificios históricos de la ciudad, como el Palacio Municipal o el Club Español.

Estas obras se complementan con actividades abiertas al público en general, como las últimas visitas guiadas al imponente cementerio que reunieron, en cada caso, a más de 150 personas.

Durante marzo tuvieron lugar en El Salvador dos recorridos con las mujeres como protagonistas principales: a mediados de mes, fue protagonizado por las integrantes de la Respetable Logia Flora Tristán del Gran Oriente Simbólico Femenino de la República Argentina, que eligieron el cementerio rosarino para hacer su primera aparición pública como miembros de la masonería.

Por su parte, el último fin de semana tuvo lugar una visita guiada organizada junto al Instituto Municipal de la Mujer.

Proyectada en 1888 por el arquitecto alemán Oswall Menzel, es la única obra pública antigua de la ciudad que se mantiene sin modificaciones.

De estilo neoclásico griego, el edificio está integrado por tres elementos: un cuerpo central profundo que permite a través de sus aberturas visualizar la calle principal del cementerio, y dos cuerpos laterales idénticos, simétricos y cerrados.

"Por el cuerpo central se accede a la puerta de hierro, constituyéndose como acceso al cementerio. Metafóricamente cumple la función de representar una puerta entre dos ciudades, la de los vivos y la de los muertos", contó la coordinadora del área de Preservación y Gestión del Patrimonio en Cementerios Municipales, Sylvia Lahitte, quien sigue de cerca las tareas de remodelación.

"Los cementerios son también lugares de encuentro. Son parte del pasado de la ciudad y la región", destacó Lahitte, ya que, consideró, "conservan datos importantísimos de la historia que se detecta en los elementos tangibles y no tangibles de cada una de sus construcciones".

Historia

Entre los trabajos se incluyen también el sellado de fisuras, la rehabilitación de revoques y la impermeabilización de la azotea. La finalización de la obra beneficiará también a otros sectores del predio emplazado a metros de avenida Pellegrini, como la capilla y las oficinas administrativas que allí funcionan, ya que las mejoras estructurales repercutirán sobre ambos sitios.

El cementerio cuenta hoy con más de once hectáreas y reúne en su perímetro unas 50 mil tumbas, aproximadamente.

En este predio, desde finales del siglo XIX se popularizó la construcción de panteones familiares de gran valor arquitectónico.

Por ello, el cementerio cuenta con un patrimonio artístico, histórico y cultural que lo convierten en un espacio propicio para el desarrollo de actividades que ofrezcan al público un recuerdo de personajes y vivencias pasadas valoradas por la comunidad. La gran carga histórica del camposanto es atrayente para muchos visitantes.

Su inauguración se remonta al 7 de julio de 1856. Su primer entierro oficial fue el de Agustín Sánchez, un joven de 18 años. Sin embargo, la historia cuenta que el día anterior fueron sepultados Laureano y José Ibarra, dos niños mellizos, de apenas tres días de vida.

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