La ciudad

Piden 10 años y medio de cárcel para un hombre que apuñaló a su ex pareja

La esperó de madrugada y le asestó cuchillazos en el cuello y la espalda. Ella sobrevivió. Para la defensa, fueron "lesiones leves".

Martes 08 de Mayo de 2018

Cristian Ariel Contreras quedó preso en 2016 después de esperar una madrugada a Marisa en la puerta de la casa y apuñalarla diez veces en el cuello y la espalda. Hacía unos meses que se habían separado y en ese tiempo ella lo denunció por amenazarla de muerte y consiguió una orden judicial para que él no pudiera acercarse. Ayer comenzó el juicio en su contra y la fiscalía pidió que sea condenado a 10 años y medio de cárcel por tentativa de femicidio. El defensor, en tanto, minimizó la violencia de género: dijo que las puñaladas por la espalda mientras ella intentaba escapar, ya herida, habían sido sólo "lesiones leves" y que ella lo había provocado "degradando su masculinidad". Con esos argumentos pidió la absolución.

La víctima y principal testigo del juicio es Marisa Alejandra S. Tiene 33 años, es empleada doméstica y madre de cuatro chicos, con quienes vive en una casa en la zona sur. En esa misma casa convivió cerca de seis meses con Contreras, hasta que se separaron entre febrero y marzo de 2016.

Al plantear la acusación por los delitos de amenazas simples y tentativa de femicidio, por los que pidieron una pena de diez años y medio de prisión, los fiscales Luciana Vallarella y Sebastián Narvaja hicieron referencia al contexto de violencia de género que Marisa vivió antes y después de separarse.

El ataque

El 17 de julio de 2016, Marisa había salido a bailar con sus amigas. Tocaba Coty en Maus, un boliche cumbiero de Córdoba al 3500. Allí se cruzó con Contreras, que se le fue encima cuando la vio bailando con otro hombre. Hacía meses que estaban separados y ella les tuvo que exhibir a los patovicas la restricción de acercamiento que llevaba en la cartera para que intercedieran.

Ayer Marisa fue la primera testigo en declarar y brindó detalles de lo que ocurrió el día del ataque. Lo hizo después de un cuarto intermedio en el que debieron trasladar al acusado a una sala contigua, porque ella manifestó miedo de hablar frente a él. La defensa se opuso al pedido, pero el juez Carlos Leiva hizo lugar al requerimiento.

Después del baile, ya de madrugada, el grupo de chicas tomó un remís para volver a sus casas. La última en bajar fue Marisa. "Bajé en mi casa, subí rápido las escaleras y cuando iba a abrir la puerta apareció él. Se me viene encima y me pega el primer puntazo en el cuello", contó tocando la marca que le dejó el cuchillo. "Corrí y me seguía apuñalando por la espalda. Llegué hasta el portón de Liliana (una de sus amigas) y quise abrir, pero la reja estaba cerrada. Empecé a gritar que me abriera. Ahí él me alcanza y se me viene encima. No me acuerdo nada más. Me desmayé con él arriba mío mientras me golpeaba", relató.

Los fiscales le hicieron reconocer una de las pruebas: la campera de cuerina marrón que llevaba puesta esa noche. Marisa confirmó que la prenda era suya y contó ocho tajos que, dijo, coincidían con las cicatrices que tiene en el cuerpo.

Marisa también relató otros episodios que fueron denunciados: una semana antes del ataque, cuando ella estaba en su casa con sus hijos, un amigo y una amiga, colocando trabas en los ingresos para evitar que Contreras ingresara por la fuerza, el acusado quiso entrar por la ventana y cuando vio que había un hombre dentro de la vivienda dijo a viva voz que tenía balas para repartirle a todos los presentes.

Después del ataque, a fines de julio, denunció que recibió mensajes y llamados de Contreras. "Ya nos vamos a cruzar, esto no terminó acá, la próxima vez; si te agarro, te mato", le escribió.

Contreras fue detenido recién el 9 de diciembre de 2016 y desde ese día está preso.

Minimizar y justificar

El defensor de Contreras, Leonel Botta, comenzó su alegato diciendo que desde hace 517 días el acusado está preso "por un crimen que no ha cometido". Admitió el ataque, pero lo minimizó: "Fue una discusión más donde se exacerbó un poco el tema y Contreras la terminó agrediendo, pero no quiso matarla", agregó el letrado.

Botta justificó sus dichos en que las diez puñaladas que dejaron a Marisa internada dos días en el Heca no pusieron en riesgo su vida y que, por eso, no puede considerarse más que un caso de "lesiones leves".

"Ellos tenían una relación y no era la primera vez que discutían. No era la primera vez que ella lo degradaba en su masculinidad", sostuvo, sin explicar a qué se refería con el concepto de "masculinidad", de qué modo la víctima había conseguido degradarla ni cómo eso se transformó en la justificación legal de un ataque con un arma blanca, sorpresivo y de madrugada.

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