El uso de cigarrillo electrónico viene creciendo en todo el mundo y en Argentina. Pese a que el Estado tomó una postura prohibicionista y no regulatoria del rubro, las ventas se multiplicaron en los últimos años. En Rosario, con algo de cautela desde que la Administración Federal de Ingresos Públcos (Afip) hizo operativos con decomiso de mercadería que está en exposición, también proliferan los comercios que ofrecen el producto que, a través de la generación de vapor por la atomización de líquidos con nicotina y distintas fragancias, se utiliza mayoritariamente como alternativa para dejar de fumar.
Si bien hay un pequeño nicho de público joven (menos de 25 años) que lo utiliza de forma estética, como entretenimiento, según los vendedores rosarinos el perfil de cliente corresponde a personas mayores de 30 años que quieren dejar de fumar o, al menos, reducir la cantidad de cigarrillos consumidos. La mayoría de las ventas se hacen por internet, con envío, o en locales sin atención directa a la calle. Según el lugar, los precios varían de 2.000 a 10.000 pesos (los equipos premium), con gamas medias de 4.000 y media-alta de 6000, según distintos extras con los que pueda contar el dispositivo.
Lo que varía de los modelos es, por ejemplo, la autonomía de la batería (o la posibilidad de sacarla y cambiarla por una nueva); mayor potencia y la capacidad de graduarla para generar más o menos humo; que tengan o no carga rápida (algunos se conectan a la PC con un cable USB, pero no toleran transformador); o la presencia de displays electrónicos donde figuran diferentes datos sobre las configuraciones y el estado de la batería. La resistencia, que es la que atomiza el líquido, debe cambiarse una vez por mes y cuesta entre 300 y 500 pesos.
Pero la calidad de lo que se consume tiene que ver con las esencias (los 30 mililitros duran una semana para un fumador que consume un paquete de 20 cigarrilos por día), porque la diferencia entre los modelos es la posibilidad de personalizar la pitada: la cantidad de vapor y la temperatura del mismo. Dependiendo de la necesidad de la persona, los líquidos con los que se carga el dispositivo pueden tener diferentes concentraciones de nicotina, de 0 a 18 por ciento, que son los que producen distintos golpes de garganta.
Las esencias tienen tres componentes: propilenglicol, glicerina vegetal, nicotina y un aroma de los que se utilizan en la industria alimenticia, que imitan el sabor de distintos tabacos, pero también dulces, como frutas o postres. Los líquidos nacionales (sin regulación) salen unos 230 pesos, y los importados van de los 280 a los 2.000 pesos. “Un nacional sale menos, pero lo hacen acá enfrente en un departamento sin ningún control. Los importados tienen todos los controles en sus países de origen”, señala Esteban, uno de los vendedores, mientras muestra las etiquetas y advertencias en las cajas.
Un kit básico para alguien que fuma entre 10 y 20 cigarrillos por día, parte de los 2.500 y 3.500 pesos, incluyendo un líquido y dos resistencias de repuesto. Es más barato que el cigarrillo: el cálculo es que se gasta la mitad o menos. “La idea es que fumes una o dos pitadas cuando tenés ganas de fumar, no más”, dice el vendedor. El mantenimiento, con cambio del atomizador y reposición de dos fragancias, es de unos 1.000 pesos una vez por mes.
“Si se me quema la resistencia y no tengo repuesto, ya no compro cigarrillos”, le dice una mujer de unos 45 años a Esteban, en uno de los locales ubicado dentro de un edificio céntrico. El vendedor la mira con orgullo: su testimonio muestra que a algunos el sistema les funciona para abandonar el pucho.
Para el encargado, el debate del cigarrillo electrónico en Argentina está “mal abordado”, porque “se plantea en torno a que es una manera de dejar de fumar”. “Es una verdad a medias, ya que en realidad es una alternativa menos riesgosa de suministrarte nicotina”, explica.
“El humo del cigarrillo común contiene más de mil componentes sólidos en suspensión que el pulmón no filtra, producto del proceso de combustión. Como un filtro de café, pasa el líquido y queda la borra, que en el caso del pulmón se pega a la pared y mata los alvéolos”, señala. En cambio, afirma que “el vapeador sólo evapora un líquido, lo que reduce el daño a la salud”.
De todos modos, indica que no es inocuo, porque “te está pasando un vapor por la garganta, y eso genera por lo menos una irritación en la vía respiratoria alta”. Por ello, “cuando una persona fuma, le recomiendo que deje de fumar. Pero si no puede, esta es una alternativa mucho menos dañina”.
En tanto Matías, al quien hace poco la Afip le secuestró varios equipos de su comercio, aclara que no se conocen todavía los efectos a largo plazo, porque comenzaron a utilizarse hace una década: “Por ejemplo, las resistencias se desgastan y liberan níquel. Se cree que aún en dosis tolerables, pero no sabemos qué pasará si uno vapea durante 20 años”, advierte.
Por último, ambos coinciden en que la compra del producto venía en crecimiento y ahora se estancó: “Tiene muy mala prensa, y el salto del dólar hizo que se encarezca el precio de los equipos, que son importados de China”, cuentan. Y reclaman: “El Estado tiene un paradigma de la prohibición, porque regularlo significaría hacer estudios que no se quieren hacer. En Europa hay estudios serios de los gobiernos de varios países, y por eso está regulado”, indicaron.