Donde antes había fachadas blancas o grises, pisos lisos y en general rincones que pasaban desapercibidos, de a poco van apareciendo figuras, colores, mensajes, brillos. Las nuevas postales que le nacen a Rosario —en las alturas y en las paredes o a ras del suelo— tienen varias firmas, entre ellas la demanda creciente de murales, el impulso de sus cultores organizados en colectivos, la creación de una formación específica en la UNR donde pueden capacitarse más directamente y los programas públicos que propician la práctica a gran y mediana escala: sólo en dos años y medio se cuentan 170 intervenciones oficiales, en las que el sector privado participa a través del aporte de materiales o costeando honorarios.
A este último dato lo proporciona el secretario de Cultura de la Municipalidad, Federico Valentini. “La existencia de 170 intervenciones es un hecho inédito en cuanto a la cantidad y la distribución en el territorio. Gran parte de los trabajos los hacen artistas locales, convocados a partir de un registro público que se confeccionó previamente y al que se anotaron 150 personas”, aporta el funcionario, y diferencia los murales por su tamaño. Los hay de más de 1.500 metros cuadrados de superficie, como El Aura en la costa central; las efigies de Lionel Messi en cercanías del Monumento a la Bandera (Buenos Aires al 600 y avenida Libertad al 300), frente a su escuela primaria y su club de la infancia, en la zona sur; la explanada del Parque España o la imagen de Manuel Belgrano del Pasaje Juramento.
Murales en plazas de "bolsillo" y de cercanía
También se pintan los entornos de las llamadas “Plazas de bolsillo” (suman cien y la última que se inauguró, en Balcarce y Ameghino, justamente exhibe al capitán de la selección de fútbol) y de las “Plazas de cercanía”, como la Tarragó Ros de Laprida y 24 de septiembre, donde se realza la imagen del destacado músico chamamecero, quien vivió en las inmediaciones cuando llegó desde su Corrientes natal.
“En los últimos diez años ha crecido la cantidad de gente que hace murales en la ciudad. Si bien ya había quienes los pintaban, eran pocos y de manera disgregada, no organizada. Hubo colectivos que buscaron mejorar la escena, sobre todo desde 2018, cuando se creó Ammura (Agrupación de Mujeres Muralistas de la Argentina) y luego la Asamblea de Muralismo de Rosario”, le dice a La Capital Camila Guerra, más conocida como China Del Río, y agrega sobre el panorama actual: “Es en parte consecuencia de que hace ocho años insistimos en instalar que el muralismo es un trabajo: costaba que fuera valorado y remunerado, quizás por ser callejero”.
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Museo Urbano Arte a la Vista
No puede obviarse como antecedente la experiencia del “Museo Urbano Arte a la Vista” que materializó el municipio desde 2004 por impulso del multifacético Dante Taparelli. Algunas de esas obras de destacados plásticos rosarinos (originalmente eran 16, entre los que se cuentan Emilia Bertolé, Juan Grela y Julio Vanzo) aún persisten en gigantescas medianeras de torres del centro. Sin embargo, Rosario no tiene una gran tradición en materia de murales como otras ciudades y países de Latinoamérica, aporta China del Río, cultora de esta expresión, además de docente en la diplomatura que desde 2022 dicta en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR junto a Jorge Molina y Marcela Philipp.
“No hay una herencia muralista, pero podemos remitirnos a Antonio Berni a la hora de una referencia, porque tuvo la creatividad de pensar murales móviles o portátiles. Así mencionaba a los cuadros grandes que iba trasladando en las manifestaciones. Ese acercamiento al muralismo se da por su encuentro con (el mexicano David Alfaro) Siqueiros que había venido a la Argentina. Eran los años ‘30 y Berni se adaptó a las posibilidades de la época y del lugar porque no se podían pintar paredes. Lo que me atrae de esa propuesta es pensar lo que sí podemos dentro de todo lo que no podemos”.
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El secretario de Cultura menciona iniciativas oficiales en curso como el “Proyecto Cielo” sobre el paredón externo del cementerio El Salvador que da a la avenida Pellegrini, entre Suipacha y Ovidio Lagos, una obra colectiva que estará compuesta por 24 cuerpos o cuadros, de cinco por 5,60 metros; y “Rosario Pinta a Rosario”, un programa que consiste en intervenir puentes en avenida Circunvalación y ya se plasmó en los pasos a desnivel sobre la avenida Rivarola (en el sudoeste) y las calles Juan Bautista Justo (al norte) y España (barrio Las Flores). Valentini anuncia los dos próximos puentes en los que los artistas locales dejarán su huella: Presidente Perón y Mendoza.
Un hombre llora frente al mural del Indio Solari en Brandazza al 2800.
“Tenemos una gran participación del sector privado, en primer lugar de Alba y Tersuave”, menciona el funcionario sobre compañías que contemplan esta colaboración “dentro de su política empresarial”. Por otro lado, se cuenta “un formato de esponsoreo basado en una ordenanza, lo que nos ha permitido que distintas empresas se hagan cargo del honorario del artista”. Hasta ahora, participaron 80 de los 150 inscriptos en el registro público al que convocó el municipio.
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Los murales se disfrutan y se registran
“Mucha gente nos dice que disfruta de ver los murales, nos lo hace saber cuando los estamos pintando. O hay personas que los fotografían, los registran. Los han llegado a usar en agendas de empresas”, cuenta China Del Río, de 34 años. “Confiamos en el muralismo porque es una manera de conversar en el espacio público con los demás. No creo que sea una moda, porque las modas tienden a desaparecer y el muralismo tiene un peso, una intención de instalarse y no de pasar”, analiza la joven, que estuvo en las aulas de la carrera de Bellas Artes pero se define como autodidacta, con formación en talleres de Rosario y, sobre todo, de la cuna latinoamericana del muralismo: México.
De la mano de una mayor demanda de la práctica y de su incorporación en políticas públicas, Rosario se va llenando de colores y motivos diversos, desde deportistas a figuras relacionadas con la identidad de la región e incluso más abstractas. Si esta forma de arte a la intemperie se desgasta un poco cada día, también cada día se pinta un nuevo trazo.