La ciudad

En plena madrugada, Ignacio recibió a 1.600 hombres que asistieron a la Hora de Piedad

La misa especial se celebró a las 5, como anticipo del Vía Crucis. Las historias de quienes aseguran haber sanado gracias al sacerdote.

Sábado 31 de Marzo de 2018

Son las 5 de la madrugada y aún es de noche mientras unas 1.600 personas se agolpan en el edificio más grande de la parroquia Natividad del Señor, en barrio Rucci. Está por celebrarse la Hora de Piedad para hombres, una misa específica (hay otra para mujeres y una para jóvenes) que el padre Ignacio Peries oficia los últimos martes de cada mes y que tuvo su edición especial este Viernes Santo como prolegómeno del Vía Crucis que lidera todos los años. Algunos se acercan a pedir que Ignacio los ayude con un problema de salud propio o de un allegado y otros aquejados por necesidades económicas. Están quienes siguen concurriendo por agradecimiento luego de haber solucionado algún inconveniente, y también los que no sufren ningún contratiempo pero piden que todo siga bien en sus vidas.

En el primer grupo está Jorge, que tiene 78 años y vive en Rosario. Padece cáncer en el oído. "Es un fuera de serie", dice sobre Ignacio. "El de arriba me llama y yo le pido que me deje un rato más", bromea señalándose la zona donde se aloja su enfermedad. Sergio (51) es de los segundos. Viene de la zona sur junto a su hijo Gonzalo (21). "Venimos a pedir por razones económicas, problemas de salud por suerte no tenemos", afirma.

Asma

Raúl (50), de Villa Gobernador Gálvez, es un ejemplo de los que concurre en agradecimiento. Tiene un hijo que era asmático. "Se ahogaba, se nos desmayaba, sufrimos mucho", cuenta. Y agrega: "Los médicos no le dejaban tomar cosas frías, nos decían que nos teníamos que mudar a Córdoba donde el clima es más seco para que estuviera mejor y para nosotros significaba dejar todo". El hombre cuenta que cuando el niño tenía 3 años, lo llevaron a ver al padre por recomendación de amigos. "Nos dijo que no tenía nada y que le fuéramos a comprar un helado. Hoy tiene 24 años y nunca más tuvo un ataque de asma", asegura. Luego haría bautizar a su hijo menor por el mismo Ignacio; llevó a toda su familia y también a vecinos. "Es creer o reventar. Para mí él es la mano de Dios", asevera. "Hoy más que nada vengo a pedir por lo laboral, porque está todo muy jodido", admite.

Entre los del grupo número cuatro está Adrián, de 55 años, habitante del centro de la ciudad. "Le vengo a pedir salud para mí y mi familia, aunque no estoy enfermo", comenta. "El es algo especial. Me hace sentir protegido", afirma con emoción.

Son las 5 y la parroquia está colmada. Con puntualidad inglesa, aparece Ignacio y se hace un silencio. Vestido de blanco con una estola violeta, color que los sacerdotes usan en la preparación de la Pascua y la Navidad ya que simboliza preparación espiritual y penitencia, se dirige al altar.

Las canciones que entonan los músicos bajan el volumen, la voz calla y sólo permanece una tímida guitarra haciendo arpegios de acompañamiento. Ignacio pide a sus fieles que se pongan de rodillas y, salvo los enfermos o los que tienen problemas en las piernas, todos obedecen.

Al lugar sigue entrando gente, que se apiña de pie junto a la puerta. Las vestimentas muestran un gran abanico de clases sociales y poderes adquisitivos. Hay hombres y jóvenes de todas las edades, pero no hay niños. Pueden verse personas con diferentes enfermedades, con dificultades para caminar o bastones, otros con problemas de visión o con fuertes ataques de tos y catarro que evidencian patologías respiratorias. Se ven muchos padres con sus hijos jóvenes. Algunos llevan fotos de niños en sus manos. Las mujeres esperan afuera a sus maridos, hermanos, padres. Unas cuantas escuchan y otras dormitan. Unas pocas se mezclan con los hombres que están dentro del edificio, pero nadie les dice nada.

Con el tono sereno que lo caracteriza, Peries empieza a hablar, haciendo una apelación a la paciencia, el diálogo y la fe, con muchas referencias, dada la fecha, a la Pasión de Cristo. Pasada una hora, y mientras uno de sus colaboradores lee algunas palabras, Ignacio emerge de una puerta principal cercana a la salida y camina raudo entre los fieles hacia la nave más pequeña de la parroquia. Todos los que están en el lugar giran la cabeza para mirarlo, y un nutrido grupo comienza a seguirlo con la finalidad seguramente de pedirle una bendición especial. El día será largo para el cura de barrio Rucci, hasta el Vía Crucis nocturno.

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