El mejor alfajor triple de dulce de leche del país es rosarino y detrás tiene una historia conmovedora de superación por donde se la mire. Se llama Morgana, en alusión a una diosa de la mitología Celta cuyo símbolo está representado por una triqueta que representa la vida, la muerte y la resurreción. Ese nombre no fue elegido al azar y tiene mucho que ver con la experiencia de vida de la creadora del alfajor, Natalia Ferreyra, quien además de ser una excelente repostera es madre de Estefanía (14 años), Bautista (9) y Joaco (7), quien padece una diversidad funcional severa. Además aún sigue duelando la pérdida de su hermana, María Soledad Ferreyra, la estudiante de Psicología de la UNR que falleció en 2020 tras sufrir un ACV en 2014. Así y todo, esta mujer solitaria y madre se encontró rodeada de sus tres hijos en plena pandemia de coronavirus y sin saber qué hacer a raíz de las restricciones propias del aislamiento y así surgió la idea de comenzar a hacer alfajores.
En declaraciones a La Capital y con la alegría y felicidad del reciente premio de la Asociación Argentina de Cocina Regional, Natalia contará que es amante de la cocina desde la adolescencia gracias a la enseñanza de su abuela; precisará los ingredientes que utiliza, mencionará a quienes la ayudan día a día y todo el itinerario que le espera por delante con su producción artesanal que tiene la característica de llevar una pizca de avena, lo cual le da ese toque distintivo de todo producto artesanal de autor.
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Con el correr de la charla develará cuál es su verdadera pasión por encima de los alfajores: el amor por sus hijos, la entereza y entrega incondicional por Joaco -sin descuidar a Estefanía y Bautista- para poder brindarle todo el amor y los cuidados que necesita toda persona con una diversidad funcional compleja, y la idea a futuro para ayudar a todo aquel que lo necesite.
"Morgana es mucho más que un alfajor. Morgana me salvó la vida y representa la posibilidad de ayudar a mucha gente que lo necesita", confiesa visiblemente emocionada al hablar de sus tres hijos y su grupo de trabajo compuesto por Sabrina Arévalo, Viviana Frank y Diego Ibáñez, quienes la ayudan en su casa ubicada en el barrio República de la Sexta, donde amasa a mano lo que luego se transformará en tapitas y preparación gourmet de los sabores que llevan sus alfajores: chocolate semiamargo, lemon pie y toques de menta.
"La idea era hacer un producto distinto, ya que trabajo con materia prima de calidad, y por eso al ser diferente confío en eso", comenta respecto al alfajor triple de dulce de leche y avena que le valió el premio nacional realizado en Mar del Plata el pasado 8 de octubre y que ahora la tenía preparando las valijas y cajas para viajar a La Falda, donde participará de la Fiesta Nacional del Alfajor para probar suerte y que, además, todos los asistentes y jurado puedan probar los 2.500 alfajores que lleva para obsequiar y vender.
La pastelería, una manera de salir adelante
Pero antes de los premios y todo el brillo flamante por la premiación, hay que remontarse a aquella Natalia adolescente, cuando tenía 14 años y contemplaba meticulosamente a su abuela cada vez que preparaba platos dulces. Así se fue animando a preparar por sí sola la famosa torta de manzana invertida y luego incursionó un camino prácticamente de autodidacta en base a libros, cursos y distintas capacitaciones.
"Me leía todo y veía Utilísima hasta que comencé a hacer tortas para eventos y celebraciones. Pero en 2019 me separé y quedé con los tres chicos, teniendo en cuenta que Joaco tiene un trastorno severo generalizado de neurodesarrollo, por lo que no tiene lenguaje verbal, usa pañal, tiene movilidad reducida. Así y todo, en plena pandemia y sin trabajo por falta de reuniones, me encontré sentada en mi casa, rodeada de mis hijos y me pregunté qué podía hacer ante semejante situación. Así me puse a pensar qué podía hacer. Pensé en hacer budines, tortas, pastafrolas. Y me dije: todo el mundo lo hace hasta que surgió lo de los alfajores", reseña.
Morgana y el ingrediente clave
Como ya hacía unas cookies de avena, a Natalia se le ocurrió incursionar en alfajores a partir de una receta propia. "Cuando nos permitían celebrar en pandemia, hacía tortas más pequeñas y todo el que venía le daba una muestra del alfajor hasta que llegó abril 2021, se flexibilizó la pandemia y comenzaron a pedirme cada vez más alfajores. Así pensé que podía stockearme, ya que Joaco iba creciendo y con las terapias tenía más actividad, de modo que seguir con las tortas era riesgoso por todo el manejo que necesitaba. Y como a la gente le gustó tanto, decidí por eso y registré la marca", reseña.
De esta manera surge Morgana, un nombre particular con un timbre un tanto nórdico y sajón. Surgió en agosto del 2020, a partir de un Zoom que organizaba una amiga dedicada a las terapias holísticas. "Ella me habló de morgana, que es una diosa mitológica celta, aunque no es la amiga de Merlina (risas). Entonces, sentada delante de la pantalla, dije que así se tenía que llamar mi alfajor. El símbolo es una triqueta que representa la vida, la muerte y la resurrección; yo lo pensé por mis tres hijos, mi hermana fallecida y Joaco, y le sumé los colores verde y marrón, distintivos de aquella deidad", comenta.
La pérdida prematura de su hermana María Soledad fue un golpe muy fuerte para Natalia. Falleció en 2020 mientras cursaba la carrera de Psicología de la UNR. Había sufrido un ACV hacía seis años y así y todo decidió seguir estudiando hasta que se descompensó de manera súbita. Tras su deceso, la facultad decidió que una de las aulas lleve su nombre en señal de homenaje.
El alfajor ganador
Envuelto en un delicado papel metalizado de color verde, Natalia lanzó la primera tanda en 2020 y al año siguiente se metió de lleno con la producción artesanal. "Realicé el programa ABC Emprendedor de la Municipalidad, conseguír el aval del Instituto del Alimento, ya que mis alfajores llevan consigo la información nitricional, y además participé de una capacitación online de Alimentos con Valor, que promueve Desarrollo Social de la Nación, por eso lo expuse en el Inti (Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti)", repasa para precisar que sus alfajores son: el triple relleno dulce de leche y avena (el flamante ganador), el simple de dulce de leche, lemon pie, frutos rojos, menta y chocolate semiamargo. Y destaca: "Están rellenos de una ganache de chocolate y los saborizo con cada un ingrediente, por eso son cremosos". Una verdadera delicia.
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El concurso
Natalia participó el año pasado del Campeonato Mundial del Alfajor y este año no pudo llegar a ese certamen porque tenía algo más importante: estar al lado de Joaco mientras estaba internado en el Hospital Garrahan por una complicación de su salud. Sin embargo, se las ingenió para avanzar y gestionar participación en eventos, hacerse socia de la Cámara Argentina del Aflajor (CADA) hasta lograr presentarse en el campeonato argentino con los alfajores gourmet Morgana.
"El mes pasado me mandaron información del certamen que hace ACRA todos los años y reúne eventos de concina y este año surgió el alfajor. No pude concursar en el Mundial este año y por eso envié el triple, el semi amargo y el de menta. Me sugirieron que fuera a Mar del Plata con un stand presencial, y así fue que viajé este domingo y gané en la categoría "Mejor triple relleno dulce de leche", subraya con orgullo.
Con el premio en mano y la alegría por años de trabajo y dedicación, disfrutó de dar una clase al día siguiente en el shopping Los Gallegos hasta regresar a Rosario para seguir con la producción. "Llegué ayer y esta noche (miércoles) viajo para Córdoba. Siempre digo que Morgana me salvó la vida y así fue, si no enfocaba en algo todo hubiera sido mucho más difícil. Tuve que invertir bastante: registro de marca, todo. El papel viene de buenos aires, las cajas personalizadas y utilizo la avena instantánea, entonces la masa no puede ir en la cebadora, la estiramos a mano con el palo de amasar: todo 100% artesanal", valora Natalia.
Un sueño a futuro
Natalia asegura que la idea es tener la habilitación de Asal (Agencia Santafesina de Seguridad Alimenticia), pero sabe que aún debe esperar un poco más a raíz de la situación económica que atraviesa el país, ya que tampoco pretende industrializarse en masa, sino seguir por el camino de la artesanía y acompañada y rodeada de mujeres que necesiten una mano.
"Con este premio será más sencillo; el año pasado no llegaba y una amiga comenzó a ayudarme en la producción y ahora somos tres: Sabrina Arévalo, Viviana Frank y Diego Ibáñez, con quienes preparamos los 2.500 alfajores que llevaré a Córdoba", señala hasta emocionarse.
Es ahí cuando su tono se quiebra producto de la emoción, y agrega: "Me gustaría ayudar a mujeres que lo necesitan y que todo el proceso siga siendo totalmente artesanal, pese a que necesitaría alguna máquina más. Lo hacemos con mucho amor y me esfuerzo todos los días y quiero que sea un negocio sustentable en el tiempo. Hay tan pocas posibilidades para gente con diversidad funcional que me gustaría invitar a chicos y chicas porque ellos también necesitan realizarse en su vida. No reniego, porque mis hijos me ayudan todos los días. Por eso Morgana es mucho más que un alfajor y un montón de posibilidades para mucha gente". Está todo dicho. Morgana es más que un alfajor premiado.