Rosario amaneció este lunes de duelo. Sin colectivos, con negocios a puertas cerradas, al igual que las escuelas y los centros de salud. Una saga de cuatro homicidios en los últimos días enluta a la Rosario: a los crímenes de los taxistas Héctor Figueroa y Diego Celentano se sumó este domingo el asesinato del playero de una estación de servicio (Bruno Bussanich) y la confirmación de la muerte de Marcos Daloia, un chofer de la línea K baleado el jueves por la tarde.
Los docentes de las escuelas públicas nucleados en Amsafé Rosario lanzaron un cese de actividades que se hizo notar con fuerza. En cuanto a los privados, de acuerdo a un relevamiento de Sadop, nueve de cada diez colegios permanecieron cerrados, aunque en algunos casos los chicos tuvieron las clases por zoom, como en plena pandemia. “Basta de violencia” fue el grito que unificó a la mayoría de los reclamos.
Juan Carlos Genoud es director de la Técnica Nº 466 de barrio Azcuénaga y conoció a Bruno cuando fue su alumno del laboratorio de mecánica. “Esta pandemia que está tomando a Rosario no le permitió seguir avanzando, es un dolor enorme. Un pibe tan joven y con tanta esperanza”, dijo este mediodía el docente a La Capital. Este martes, cuando retomen las clases, pondrán la bandera a media hasta en homenaje al exalumno. Junto a ese gesto habrá unas palabras para recordar al joven y seguramente luego será tema de conversación en las aulas. Para poner en palabras la tristeza, pero también para buscar en la charla el refugio colectivo.
Es que el miedo atraviesa a la comunidad y, como en otras escuelas, hay madres y padres que temen enviar a sus hijos a clases. En enero pasado un mensaje intimidatorio dirigido al gobernador Maximiliano Pullaro apareció en la puerta de la escuela de Rouillón y White. “Nuestra escuela es segura adentro, pero como siempre digo, cuando amenazan al gobernador o a quien quiere solucionar esto nos están amenazando a todos. Y los tiros que le pegaron este pibe también nos pegaron a todos nosotros. Nosotros seguimos viviendo, resistiendo. Él no”.
Una sociedad justa y segura
Bruno Bussanich tenía 25 años y fue alumno de la promoción 2017 de Técnica Nº 466 “Manuel Savio”, donde egresó con el título de técnico electromecánico profesional. En su cuenta de LinkedIn contaba que trabajó de auxiliar mecánico, en mantenimiento automotor y en una gomería. Y entre 2022 y enero pasado como telemarketer. “Estoy preparado para realizar todo tipo de tareas del área técnica, esto abarca desde interpretar y/o realizar planos, hasta utilizar un torno o una fresadora (computarizados o no). Me gusta el trabajo en equipo, mi objetivo es adquirir experiencia para formarme como profesional”, expresaba el joven en su perfil laboral.
El domingo 10 de marzo, pocas horas después que se conociera la identidad del playero asesinado, en la cuenta de Facebook de la Técnica 466 apareció un posteo que decía: “Lamentablemente sentimos un dolor enorme en nuestra comunidad educativa, ya que un hecho de inseguridad dejó sin vida a un egresado de nuestra escuela. Era un joven de 25 años de edad, con un proyecto de vida para un mejor futuro para él y su familia, que quedo trunco por los asesinatos del narcotráfico de Rosario, mucho dolor y mucha bronca por la injusticia y por los inocentes que caen. Acompañamos los sentimientos de los familiares, amigos y de la comunidad de la escuela que lo recuerda por los años que cursó en nuestra escuela. Hagamos lo posible, cada uno de nosotros de revertir esta situación, exigiendo una sociedad justa y segura para nuestros estudiantes, para los laburantes de educación y toda la comunidad”.
El texto seguía informando que el lunes las actividades quedaban suspendidas “por la inseguridad total, el paro de colectivos y la pérdida lamentable de nuestro egresado”. En su Facebook, Bruno usaba de perfil una foto del día de su graduación, cuando lo eligieron como “Mr. Risa”.
El luto en las aulas hiere. Hace tan solo un año, el 5 de marzo de 2023, Maxi Jerez era asesinado al quedar en medio de una balacera en barrio Los Pumitas. Tenía 12 años. A los pocos días Silvia, su maestra en la Escuela Nº 1.344 se preguntaba: “¿Cómo se vuelve a clases con un banco vacío y un niño con ganas de vivir?”.