Un austríaco de 39 años asesinó a hachazos a su esposa, su hija, sus padres y su suegro, y se entregó ayer en la madrugada a la policía, que definió la matanza como "una serie de ataques de brutalidad inusual".

Un austríaco de 39 años asesinó a hachazos a su esposa, su hija, sus padres y su suegro, y se entregó ayer en la madrugada a la policía, que definió la matanza como "una serie de ataques de brutalidad inusual".
El hombre, cuyo nombre no fue difundido, compró el hacha en un negocio del centro de Viena, y con ella mató a su esposa, de 42 años, y a su hija, de siete, en su domicilio, en el 13er. distrito de la capital austríaca, una elegante zona residencial.
Luego del doble homicidio, el asesino subió a su automóvil y manejó durante dos horas hasta llegar a la casa de su suegro, en la ciudad de Linz. Cuando el hombre le abrió la puerta al yerno, éste lo mató también a hachazos.
Sucesivamente, el hombre volvió a recorrer unos 150 kilómetros, hasta llegar a Ansfelden, donde vivían sus padres, también en Alta Austria. En la cocina de la casa, ubicada en la planta baja, asesinó a su madre, y luego fue al primer piso, donde encontró a su padre dormido frente al televisor, y lo mató también. En estas dos viviendas dejó cartas en las que pide disculpas por lo que hizo.
El asesino volvió entonces a Viena, donde pasó gran parte de la noche escribiendo cartas pidiendo perdón por lo que había hecho, antes de presentarse a la policía a las 3.20 de la mañana, para confesar sus crímenes.
Poco después, la policía confirmó la veracidad de los hechos al encontrar los cadáveres ensangrentados de la esposa y la niña cubiertos con sábanas. También hallaron más tarde al resto de víctimas.
El arma homicida fue hallada en el asiento trasero del auto del sospechoso.
Un portavoz policial explicó que el hombre actuó de forma especialmente brutal porque golpeó a sus víctimas en la cabeza de manera certera.
Problemas de dinero. Como móvil de su crimen, el hombre alegó problemas de dinero. Había pedido prestados fondos a su familia, con los que especuló y "se arruinó". Por eso, quería ahorrar a su familia "esa vergüenza", declaró al ser interrogado. Se estima que la suma de la que se trata es millonaria.
El hombre, que estudió publicidad y trabajaba por su cuenta como "asesor de relaciones públicas", intentó sin éxito quitarse la vida. Su esposa era empleada en el Ministerio de Finanzas.
Finalmente, en la madrugada de ayer se presentó en la comisaría, en donde al principio se mostró "muy contenido" y sin exhibir emociones. La policía lo describe como una persona "seria" que "nunca llamó la atención" hasta ahora.
"En mi casa están mi mujer y mi hija muertas", dijo como confesión y más tarde reconoció también haber matado al resto. "Relata los hechos de manera objetiva. Responde sin problemas a las preguntas y se leyó en detalle los documentos informativos", afirmó un agente. Según la policía, el hombre podría suicidarse, por lo que es vigilado de forma constante.
Austria todavía no se ha recuperado de la terrible historia de secuestro e incesto de los Fritzl, en Amstetten, cuando un nuevo crimen sacude al país. l



