Hasta ahora, los turistas que lograban atravesar la multitud y llegar hasta el borde de la Fontana de Trevi solamente debían gastar el importe de una moneda, que arrojaban sobre el hombro derecho, de espaldas a la fuente. Con eso, según la leyenda, tienen "garantizado" volver alguna vez a Roma. Encontrar el amor tiene otra tarifa, ya que hay que arrojar dos monedas, y los que quieren casarse deben "invertir" tres monedas. Pero desde este lunes los visitantes también tienen que pagar una entrada de dos euros, ya que la capital italiana inauguró un nuevo sistema de tarifas para ayudar a recaudar dinero y controlar las multitudes en una de las obras más célebres del mundo.
Los primeros turistas que pasaron por el nuevo control de entrada se mostraban indiferentes ante el costo de la tarifa, señalando que era un módico precio a pagar por un acceso de calidad a una fuente que se volvió mundialmente famosa por la película “La Dolce Vita”, de Federico Fellini.
“Antes había problemas para acceder a la fuente. Había mucha gente. Ahora es muy fácil. Se pueden sacar fotos, estás cómodo y además dos euros no es mucho”, indicó Ilhan Musbah, un turista marroquí.
La tarifa turística se implementó junto con una nueva cuota de entrada de cinco euros para algunos museos de la ciudad. En ambos casos, los residentes de Roma están exentos del pago y los ingresos adicionales ampliarán el número de museos administrados por la ciudad que son gratuitos para los residentes romanos registrados.
De Roma con amor
Todo forma parte de los esfuerzos de la Ciudad Eterna para gestionar los flujos turísticos en una zona particularmente congestionada de la ciudad, mejorar la experiencia y compensar los costos de mantenimiento de la preservación de todo el patrimonio cultural de Roma. Las autoridades estiman que podría generar a la ciudad 6,5 millones de euros adicionales al año, que se suman al más de millón de euros por año que se recaudan con la tradición de arrojar una moneda a la fuente, fondos que se destinan a Caritas para beneficencia.
La ciudad decidió imponer la tarifa de la Fontana de Trevi luego de ver resultados positivos de un experimento de un año para escalonar y limitar el número de visitantes que pueden llegar al borde frontal de la fuente mediante la imposición de filas y caminos para la entrada y salida.
“Creo que los turistas se sorprendieron por el hecho de que la ciudad de Roma sólo pida dos euros por un sitio de este nivel. Creo que si la Fontana de Trevi estuviera en Nueva York, habrían cobrado al menos 100 dólares”, sostuvo Alessandro Onorato, asesor de turismo de Roma
La tarifa sigue un sistema similar en el monumento del Panteón de Roma (que también dejó de ser gratuito) y el más complicado impuesto turístico para excursionistas que la ciudad de Venecia impuso el año pasado en un intento de resolver el exceso de turismo y hacer la ciudad más habitable para los residentes. Las tarifas italianas aún están muy lejos del aumento del 45 % que las autoridades francesas anunciaron para el Museo del Louvre para la mayoría de los visitantes no europeos, donde las entradas ahora cuestan entre 22 y 32 euros.
El método para no pagar
La tarifa de la Fontana de Trevi, que se puede pagar por adelantado en línea, permite a los turistas acercarse a la fuente durante las horas diurnas de mayor afluencia. Sigue siendo gratis asomarse desde la plaza, y en horario nocturno el acceso es liberado.
La fuente original fue construida por los antiguos romanos para llevar agua a la ciudad a través de un acueducto. En el siglo XV comenzaron las remodelaciones, pero tomó su forma actual con el trabajo iniciado por el arquitecto Nicola Salvi, quien murió a mediados del siglo XVIII sin ver terminada su obra, finalmente inaugurada en 1762.
La imponente fuente, con casi 50 metros de frente, presenta al dios Titán Océano flanqueado por cascadas que descienden por las rocas de travertino hacia una piscina turquesa poco profunda, donde Marcello Mastroianni y Anita Ekberg tomaron su famoso baño nocturno en “La Dolce Vita”.
La icónica escena convirtió a la fuente de Trevi en un escenario habitual de la pantalla grande, y se la puede ver en películas como "Vacaciones en Roma" (con Gregory Peck y Audrey Hepburn), "De Roma con amor" (de Woody Allen) y la argentina "Elsa y Fred", donde China Zorrilla cumple su sueño de recrear el baño de Ekberg y Mastroianni.