El doble asesinato de las hermanas Estefanía y Mariela Gorosito, planeado desde la cárcel y ejecutado con crueldad en un descampado de Cabín 9, se convirtió en un emblema de los femicidios en contexto narco en Rosario y la zona. Ocurrió en julio de 2022, el año en que se triplicaron las muertes de mujeres en la ciudad, muchas de ellas asesinadas con ese trasfondo. El caso comenzó a juzgarse este lunes en el Centro de Justicia Penal rosarino y tiene como principal acusado a Pablo Nicolás Camino, un preso de 31 años ligado a Los Monos que afronta un pedido de prisión perpetua junto a otros cuatro imputados.
El juicio oral y público se desarrolla ante un tribunal integrado por los jueces Facundo Becerra, Valeria Pedrana y Juan Pablo Rodríguez. El fiscal Patricio Saldutti pidió ante ellos la pena de prisión perpetua para cinco acusados de un doble crimen calificado, además del robo de pertenencias de las víctimas. Se presume que fueron ejecutadas por una deuda que mantenían con la organización con llegada a la zona oeste y dirigida desde la cárcel por Camino, quien al año siguiente encabezaría una estridente disputa con otra facción de Los Monos por el control de la barra de Newell’s.
Las hermanas Estefanía Mariel, de 25 años, y Marianela Andrea, 28, vivían en la cuadra de México al 2000, en el barrio Belgrano Sur. Se cree que al menos una de ellas trabajaba en la zona para Camino. Las dos figuraban entre las visitas que recibieron por entonces en la cárcel de Piñero algunos integrantes del grupo que reportaba a Los Monos.
Dos autos, dos armas
La tarde del 19 de julio de 2022 fueron secuestradas a la salida de un bar de Oroño y Salta. Según la pesquisa, al salir subieron a un Chevrolet Cruze en el que las estaban esperando dos mujeres. El auto se puso en marcha seguido por un Citroën C3 gris en el que iba el resto del grupo agresor.
Alrededor de las 19 las llevaron hasta a la zona de Chubut y Garzón, donde habían acordado encontrarse con quienes finalmente las condujeron al lugar del crimen. Allí las subieron al Citroën y les quitaron sus celulares, las llaves de su casa y sus anillos, pulseras y collares de oro con al menos dos armas de fuego que usaron para herirlas en el camino.
Al llegar a una zona despoblada de Cabín 9, en Camino de Los Indios y Chajá, las asesinaron. Estefanía recibió ocho disparos y Marianela cuatro. Les dieron dos disparos de remate en la cabeza a cada una y las abandonaron en un basural, al parecer, por una presunta deuda que se acumuló al administrar dos bocas de expendio de drogas en Cerrito y Nicaragua y en Lejarza y Magallanes. También se consideró como posible móvil que Camino hostigara a una de ellas tras mantener una relación sentimental.
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A las 20.30 de aquel día, efectivos de Gendarmería observaron una maniobra extraña de un Citroën en un retén montado a unos 500 metros de donde dejaron los cuerpos. Frenaron el paso del auto y detuvieron a uno de los acusados, William Alberto Espinoza López, cuando intentaba huir trepando a los techos de las viviendas linderas. Su cómplice logró escapar. “Yo fui a chorear, a agarrar lo que me prometieron, el oro”, declaró este joven de 22 años, quien dijo que lo habían pasado a buscar por su casa para asaltar a las dos mujeres y no para matarlas.
El encuadre de femicidio
Acusado de integrar la comitiva del Citroën, afronta cargos en el juicio por un doble femicidio y dos homicidios calificados por el concurso de varias personas, criminis causa, agravados por la participación de menores de edad y por el uso de arma, además de robo calificado.
La misma acusación pesa en el juicio sobre Lucas Castillo, de 38 años, detenido cinco meses más tarde. Le dicen “Pelu” o “Chamaquito” y es considerado un gatillero de Caminos. Había tenido tiempo antes una relación de pareja con una de las hermanas y sería quien la acercó al grupo. Está acusado como uno de los tiradores.
Respecto de ambos se considera que cometieron el hecho “mediando violencia de género, cómo manifestación de la relación desigual de poder entre mujeres y hombres”. El encuadre de género se aplicó además a Camino como quien ideó, planificó y encargó la doble ejecución desde su lugar de detención, por entonces era la cárcel de Coronda.
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La carrera de un jefe narco
El jefe criminal de 31 años ingresó como un preso más al sistema penal al ser detenido en 2015 por un homicidio ocurrido en una disputa barrial. Entonces comenzó su carrera: en alianza con otros jefes narco diagramó dos bandas criminales dedicadas a venta de drogas, balaceras, extorsiones y homicidios, entre ellos el del músico Lorenzo “Jimi” Altamirano, secuestrado al azar y acribillado frente a la cancha de Newell’s en febrero de 2023 para dejar un mensaje a un grupo rival. Camino cuenta con condenas acumuladas por un total de 40 años de prisión.
Las otras dos acusadas son Melisa Samanta Negro, de 39 años y pareja de Camino, y Sandra Calegari, de 59, sindicada como una vendedora de drogas de la zona de Rouillón y Seguí. La acusación las considera parte del grupo homicida. Llegaron al juicio como coautoras de dos homicidios calificados y criminis causa además del robo de pertenencias a las víctimas. A todo el grupo se le atribuyó la portación de menos un por lo menos un arma de guerra calibre 9 milímetros.
Por el caso ya fue condenada en la Justicia de Menores una adolescente que iba en un auto de apoyo junto al C3 y el titular de este auto, Damián Rojas. La madrugada posterior al doble femicidio este hombre se presentó en la subcomisaría 20ª de Rosario para denunciar falsamente que le habían robado el auto. Se consideró que brindó un aporte al plan criminal y en noviembre de 2024 aceptó en un procedimiento abreviado una condena a 10 años de cárcel.