El papa Benedicto XVI defendió personalmente ayer a sus colaboradores más cercanos y fustigó a los medios de comunicación por ofrecer una "imagen deformada" del Vaticano tras el escándalo por la filtración de documentos reservados y la detención de su mayordomo, Paolo Gabriele. A su vez, confesó que lo ocurrido "ha llenado de tristeza mi corazón".
En una inédita declaración, pronunciada al término de una audiencia general ante miles de peregrinos en la plaza San Pedro, el Papa habló del delicado caso que ha generado interés mundial.
"Se han multiplicado hipótesis totalmente gratuitas, ampliadas por algunos medios, más allá de los mismos hechos, dando una imagen de la Santa Sede que no se corresponde con la realidad", dijo el Papa.
"Quiero renovar mi confianza y mi aliento a mis más cercanos colaboradores, que diariamente me ayudan con silenciosa fidelidad a cumplir con mi ministerio", añadió.
Así, expresó su solidaridad con los altos colaboradores del Vaticano a los que la prensa italiana acusa de librar una guerra de filtraciones como parte de una lucha interna de poder.
Los diarios romanos, citando a otros informantes del Vaticano, sostienen que Gabriele es un chivo expiatorio para figuras más encumbradas y que fue castigado porque la Iglesia no se anima a implicar a los cardenales detrás de las filtraciones.
Se trata de la primera vez que Benedicto XVI se pronuncia sobre la conducta de su asesor, cuyo nombre y cargo no mencionó directamente. Gabriele, de 46 años, una de las personas más cercanas al Papa, sigue detenido en una "sala segura" en la comisaría del Vaticano acusado de filtrar documentos a la prensa.
Ante la peor crisis de su papado, el Pontífice dijo a los miles de fieles reunidos ayer en la plaza: "Nuestra vida y nuestra senda cristiana a menudo están marcadas por las dificultades, por la incomprensión y por los sufrimientos".
Agregó que todas las personas deben perseverar ante "los conflictos en las relaciones humanas, a menudo dentro de la propia familia de uno".
El Vaticano denunció la filtración como un brutal ataque personal a Benedicto XVI. Un poderoso grupo de cardenales está buscando a otras personas dentro de la Santa Sede que se sospecha están involucradas en el escándalo.
El arresto del mayordomo fue el momento cúlmine de una dura semana para el Papa de 85 años, que también incluyó el abrupto despido del jefe del banco del Vaticano y la publicación de un libro con denuncias sobre supuestas conspiraciones entre cardenales, los "príncipes de la Iglesia".
El Vaticano dice que la poderosa comisión de cardenales que investiga el escándalo "puede decidir citar a cualquiera que crea que tiene información del caso". l (Reuters)