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La ejecución de un inocente levanta intensa polémica en Estados Unidos

Todd Willingham, ejecutado en 2004 en Texas cuando tenía 36 años, se ha convertido en un paradigma para los abolicionistas de la pena de muerte y causa una profunda conmoción en los Estados Unidos, donde se somete a inyección letal a unos 50 condenados por año: era inocente.

Sábado 05 de Septiembre de 2009

Todd Willingham, ejecutado en 2004 en Texas cuando tenía 36 años, se ha convertido en un paradigma para los abolicionistas de la pena de muerte y causa una profunda conmoción en los Estados Unidos, donde se somete a inyección letal a unos 50 condenados por año: era inocente.

Probar la inocencia de un condenado después de su ejecución es extremadamente raro en Estados Unidos y, según los especialistas, ningún Estado reconoció nunca oficialmente haberse equivocado. En el caso de Willingham, que tenía 23 años cuando sus tres hijas fallecieron en el incendio de la casa familiar (ocurrido en la Navidad de 1991) y 24 cuando fue condenado por provocarlo, podría ser la primera vez.

"Mientras que nuestro sistema judicial cometa errores, entre ellos el más grande, no podremos continuar ejecutando gente", afirma la asociación Innocence Project, que presentó el caso Willingham ante la comisión de ética del estado sureño de Texas.

Aunque la inocencia de Willingham aún debe ser establecida oficialmente por la comisión, su caso ilustra "el mayor dilema de nuestro país sobre la pena de muerte: ¿estamos dispuestos o no a mantener este sistema sabiendo que inocentes van a ser declarados culpables y ejecutados?", explicó Rick Halperin, presidente de una asociación de Texas contra la pena de muerte.

En 1992 Todd Willingham fue condenado por un jurado en base a un informe realizado por expertos locales que trabajaron en el lugar del drama. Murió 12 años más tarde clamando su inocencia.

Su historia, detallada esta semana en una larga investigación del semanario The New Yorker, tiene todos los ingredientes clásicos de un error judicial: ausencia de peritajes, un experto psiquiatra que describió a un "sociópata muy peligroso" sin haberlo visto nunca, testigos que modificaron sus declaraciones a favor de la acusación, abogados de oficio incompetentes...

Pero en un informe remitido en agosto último a la comisión de ética de Texas, un reconocido especialista en escenarios de incendios concluye, al igual que los hiciesen en 2004 y 2006 otros dos colegas, que el incendio fue accidental.

Todos afirman que el peritaje de entonces “no se basaba sobre nada más que un cúmulo de creencias personales, que no tenían nada que ver con una investigación científica de escenas de incendios”.

“Este informe es devastador, el tipo de revelación que debería impactar a toda conciencia”, precisó el New York Times, haciéndose eco de las decenas de editoriales publicadas desde que se diese a conocer el informe de peritaje.

Infierno sin fin. La enorme tragedia mantenida a lo largo de tantos años comenzó en la mañana del 23 de diciembre 1991 en la casa de madera de una planta de la localidad de Corsicana, una pequeña ciudad en el condado de Navarro, Texas, que dista unos cincuenta kilómetros al sur de Dallas.

Esas vísperas de Navidad Willingham despertó por los gritos de su hija Amber, de dos años, quien estaba junto a sus hermanas Karmon y Kameron. La familia era pobre, y la esposa de Willingham, Stacy, había salido a recoger un regalo de Navidad para los niños que ofrecía el Ejército de Salvación.

Willingham dijo que trató de rescatar a las niños, pero fue rechazado por el humo y las llamas. En un momento su pelo se prendió fuego. Como el calor se intensificó, las ventanas explotaron y él saltó afuera. Tenía 23 años y el horror le hizo tratar de meterse en ese infierno. Sólo la policía pudo evitar su intento suicida esposándolo.

No había ninguna razón para no creer que el fuego se había generado por un accidente.

Pero los investigadores de incendios, moviéndose lentamente a través de la casa en ruinas, comenzaron a “interpretar” el siniestro. La carbonización profunda de algunas paredes y los patrones de los rastros de hollín que les hizo sospechar otra cosa y no tardaron en apuntar a Todd.

Sin motivo real a la vista, el fiscal de distrito local, Pat Batchelor, fue citado diciendo durante el desarrollo del juicio que esa fatídica mañana “los niños estaban interfiriendo con la manera de beber cerveza y el lanzamiento de dardos” de Todd.

Cuando la sospecha oficial cayó en Willingham, el testimonio de testigos comenzó a cambiar. Mientras que al principio, los vecinos del acusado recordaban que él estaba desesperado por rescatar a sus hijas (gritaba “mis niñas se están quemando”), después consideraron que no había hecho lo suficiente esfuerzos para salvar a las criaturas.

El jurado tardó apenas una hora para llegar a un veredicto de culpabilidad, y Willingham fue condenado a muerte.

Se quedó en el “corredor de la muerte” durante 12 años, pero fue sólo en las semanas previas a su ejecución que la evidencia científica sólida sobre el incendio comenzó a ser tomada en cuenta. Un científico de renombre y de investigador de incendios provocados, Gerald Hurst, educado en Cambridge y ampliamente reconocido como un químico brillante, revisó las pruebas en el caso de Willingham y empezaron a caer todos los indicios de incendio provocado.

Sin embargo, Willingham fue ejecutado por inyección letal el 17 de febrero de 2004.Pero en un informe remitido en agosto último a la comisión de ética de Texas, un reconocido especialista en escenarios de incendios concluye, al igual que los hiciesen en 2004 y 2006 otros dos colegas, que el incendio fue accidental.

 

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