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El Día de la Tradición, una celebración en homenaje a... ¿Martín Fierro?

Como excepción a la tan mentada necrofilia argentina, el 10 de noviembre se celebra el Día de la Tradición en coincidencia con el nacimiento de José Hernández. Pero el imaginario gaucho terminó por oscurecer a su creador, autor de sesudos trabajos sobre economía rural, militante del proyecto de la confederación y hasta pionero del periodismo de investigación. Una mirada que propone celebrar mirando hacia adentro.

Martes 10 de Noviembre de 2009

Los "Días de" (lo que sea) son percibidos por mucha gente como un negocio y, por lo tanto, como algo en cierto modo censurable. Otros optan por la indiferencia y otros se pliegan alegremente a cualquier celebración, sin importarle si esta engorda o no las faltriqueras de algún mercader. Linda discusión; bien bizantina, como para sostenerla con varios porrones, vinos, whiskys y hasta algunos café en un bar con mesas en la vereda y hasta que las velas no ardan.

Día de la Madre, del Padre, del Amigo, del Buzo, del Colchonero, del Arquero... ¿y el Día de la Tradición? ¿Qué pasa con el Día de la Tradición, eh? Salvo las agrupaciones tradicionalistas, ¿todos sabemos a qué o a quién está dedicado?

Para bizantinear aún más la discusión podría considerarse, como subtema, el de la mentada necrofilia argentina. Instalamos una celebración coincidiendo con la fecha en la que alguien positivo, capo en algo, célebre, algún buen tipo que siempre hay, se muda al piso de arriba; nunca coincidiendo con el día en que nace. Salvo con José Hernández -al fin y al cabo un ex compañero de este diario al que, contra todo lo que se diga, el autor de este escrito jura que no conoció- y que nació un 10 de noviembre, justo para el Día de la Tradición.

Como cierto analgésico, el personaje por él creado oscureció al creador. El lapsus suele poner a Martín Fierro en el lugar de Don José Hernández, de quien
generalmemte se ignora que fue autor, por ejemplo de sesudos trabajos sobre economía rural, militante del proyecto de la confederación y hasta un colega que con su indagación sobre las circunstancias del asesinato del Chacho Peñaloza sembró, con las lógicas limitaciones de la época, la semilla del hoy tan meneado periodismo de investigación.

Pero por ahora no hay nada que hacer; lo suyo fue el Martín Fierro, un bello, denso y meticuloso tratado de sociología, historia, psicología y vaya a saber uno cuantas cosas más en verso, sobre el que muchos echan miradas condicionadas por sus momentáneos intereses o hacen lecturas malintencionadas que destacan a Vizcacha, el malo de la película, o que recortan imágenes para crear un monstruo donde sólo existe un fidelísimo retrato de un sector social veterano en exclusiones.

Acá nomás, en Coronda, nació en 1853 otro gaucho, este real. Se llamaba Segundo Ramírez y el muy bienudo de don Ricardo Güiraldes lo tomó como referencia para intentar imponerlo, en Don Segundo Sombra, como modelo de docilidad, de inhumana bondad, en oposición a ese "mal ejemplo" de paisano alzado, bien humano, que se rebela contra la arbitrariedad de los poderosos. Hay que elegir, señores.

Martín Fierro ya es "la tradición", pero seguro que hay otras. Habría que hacer el inventario, buscar en el rígido las que olvidamos, pero especialmente aquellas que nos hicieron olvidar. Quien te dice; en una de esas, como país, sin nostalgias reaccionarias, pero también sin avergonzarnos de pensar en nacional, mirándonos todos en los más
profundos adentros de nuestra cultura popular e historia, descubrimos que mirar tanto para afuera nos jode.

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