A pocas horas del inicio del juicio en su contra en Brasil, la abogada santiagueña Agostina Páez rompió el silencio y expresó su preocupación por una posible condena, en el marco de una causa por injurias raciales que podría derivar en una pena de hasta 15 años de prisión.
La joven permanece con prisión domiciliaria en Río de Janeiro, donde cumple arresto con tobillera electrónica. En declaraciones televisivas, aseguró que atraviesa un momento de fuerte angustia y temor por su seguridad personal.
“Tengo mucho miedo por mi integridad física. Hicieron una campaña con mi cara y soy una persona reconocible acá en Brasil”, sostuvo. En ese contexto, lanzó una frase extrema sobre el escenario judicial: “Si me condenan, yo me mato o me matan ahí dentro”.
El juicio y las acusaciones
Páez está imputada por tres hechos de injuria racial, un delito que en Brasil contempla penas severas y no es excarcelable. La fiscalía podría solicitar la pena máxima.
Sin embargo, la acusada negó parte de los hechos y cuestionó las pruebas: “Hay dos personas que me acusan de hacer gestos que nunca sucedieron. Cuando se revisan las cámaras, no se ve eso”, afirmó.
“Quiero volver a la Argentina”
La abogada remarcó que su principal objetivo es regresar al país y denunció que vive bajo constantes amenazas. “No puedo caminar tranquila, me amenazan todo el tiempo. Vivo con miedo”, explicó.
Además, describió el impacto emocional de los últimos meses: “Fueron un calvario. Vivir con paranoia, no poder salir o hacerlo tapada, estar encerrada tanto tiempo”.
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Pese a su defensa, también reconoció haber cometido un error y pidió disculpas: “Hablé con mucha gente y ofendí a muchos. Tenía la necesidad de pedir perdón”.
Cómo fue el hecho en Ipanema
El episodio que derivó en su detención ocurrió el 14 de enero en un bar del barrio de Ipanema, uno de los puntos turísticos más concurridos de la ciudad.
Según su versión, todo comenzó por una discusión con empleados del local por una cuenta que consideraban incorrecta. “Nos querían cobrar cosas que no habíamos consumido. Mostrábamos los comprobantes y no entendíamos la situación”, relató.
El conflicto escaló cuando, tras pagar, se produjo un intercambio de gestos con el personal del lugar. “Escuchamos un grito, uno de ellos hizo un gesto obsceno y yo reaccioné de la peor forma”, admitió.
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Ese momento quedó registrado en video y fue clave para la intervención policial y posterior imputación.
Páez también señaló que el episodio le permitió dimensionar las diferencias culturales y legales respecto al racismo en Brasil. “Ahí entendí la gravedad que tiene este tema acá”, reflexionó.
El juicio comenzará en las próximas horas y será determinante para su futuro. Mientras tanto, el caso sigue generando repercusión tanto en Argentina como en Brasil, en un contexto donde los delitos de discriminación racial tienen un fuerte peso jurídico y social.