Hablar de acción climática es hablar de quién hace, con qué recursos y con qué horizonte de tiempo. Y ahí aparece una respuesta que en la Argentina lleva casi 170 años funcionando: el cooperativismo.

La ONU reconoció al modelo cooperativo como socio clave de la Agenda 2030. En Rosario, TAU y Programa Espuma lo demuestran todos los días.
Hablar de acción climática es hablar de quién hace, con qué recursos y con qué horizonte de tiempo. Y ahí aparece una respuesta que en la Argentina lleva casi 170 años funcionando: el cooperativismo.
No es una afirmación de ocasión. El 19 de junio de 2024, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó sin votación la resolución A/RES/78/289, que proclamó 2025 como Año Internacional de las Cooperativas. Y hay algo más preciso todavía: en sus resoluciones sobre cooperativas y desarrollo social, la Asamblea General reconoce que las cooperativas pueden ser decisivas para facilitar una transición justa en la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos. Eso no es un elogio al asociativismo. Es una definición sobre quién sostiene la transición.
¿Por qué? Porque la sostenibilidad no es un departamento dentro de una empresa, es una forma de decidir. En una cooperativa cada persona tiene un voto, sin importar cuánto capital aportó. El excedente se reinvierte donde se genera y uno de los siete principios cooperativos, el interés por la comunidad, obliga a mirar el impacto sobre el territorio del que se es parte. Nuestras entidades no se mudan cuando cambia el costo laboral ni deslocalizan cuando aprieta una regulación ambiental. Están donde están sus asociados y asociadas.
Los números acompañan: el sector asociativo argentino representa cerca del 15% del PBI, genera más de 400.000 puestos de trabajo directos, sostiene más del 75% de la electrificación rural y lleva agua potable a 4 millones de personas. El sector cooperativo y mutual es la infraestructura que permite la transición.
Cooperativa TAU trabaja sobre uno de los flujos de residuos que más rápido crece en el mundo: los aparatos eléctricos y electrónicos. En 2022 se generaron 62 millones de toneladas de RAEE a nivel global y apenas una quinta parte se recicló formalmente. Desde su planta, TAU gestiona esos residuos para empresas, instituciones y municipios en el marco de la ley provincial 13.940. El orden importa: primero refuncionaliza, y si el equipo puede volver a andar, vuelve. Recién después desensambla y recupera materiales. Junto a la asociación civil Nodo Tau, el Polo Tecnológico y Nueva Oportunidad, esos equipos reacondicionados llegan a organizaciones sociales y centros comunitarios. Un mismo proceso resuelve pasivo ambiental, trabajo y brecha digital.
El Programa ESPUMA trabaja sobre otro desecho invisible: el aceite de cocina usado, un residuo domiciliario capaz de contaminar mil litros de agua por cada litro vertido en la rejilla. Para evitarlo, lo recolectan y lo transforman en jabones y detergentes biodegradables. Nacida en Rosario en 2021 como cooperativa de trabajo sostenida principalmente por mujeres, la organización funciona bajo un modelo en red de alcance nacional: capacita e instala jabonerías sociales en escuelas, barrios populares, centros de tratamiento de consumos problemáticos, cárceles y otros espacios comunitarios, generando alternativas de independencia económica allí donde más se necesitan.
Ninguna de las dos nació de un plan climático. Nacieron de un problema concreto y de la voluntad de resolver problemas que todos los días aparecen con un grupo de personas dispuestas a organizarse para resolverlo. Eso es exactamente lo que las resoluciones de ONU, los programas y agendas hacen ver, que nuestro sector, por naturaleza, constitución y propósito, es el gran aliado para cumplir los objetivos dispuestos.
Las cooperativas no solamente aparecemos como caso inspirador de buena voluntad. Somos la posibilidad y capacidad de ser actor estratégico para diseñar política pública y, sobre todo, el gran aliado para cumplir con las acciones sustentables que van a hacer mejor a nuestro mundo.
No hay desarrollo sostenible si no es asociativo y lo demostramos todos los días porque, mientras la economía tradicional discute, nosotros ya lo estamos haciendo.