Escenario

"Todo fanático del vinilo tiene una locura extra: siempre huele sus discos"

Alberto Arce, propietario de Utopia Records, revive 36 años de historia de uno de los bastiones rockeros que sobrevivió a los embates del mercado. "Si morimos, que sea de pie", dice.

Viernes 15 de Agosto de 2014

Alberto Arce toma un sorbo del cortado en el bar de peatonal Córdoba y Maipú. Muy cerca de allí,  a unos cincuenta metros, donde se levanta la inmensa torre sobre la Galería del Paseo, hace más de 45 años solía juntarse con su barra de amigos.

Una disquería, ubicada frente a lo que sería el Banco de Santa Fe, servía como punto de reunión. Allí, "mangueaban" al dueño del local que les pase en el toca discos las novedades que a cuenta gotas caían en Rosario.

A una cuadra para el lado del Monumento, justo a la vuelta del bar donde el cortado se consume y las anécdotas se mezclan con el murmullo de los parroquianos, donde hoy funciona una librería, otra cantina lo albergó tardes enteras. “Manhattan” era el sitio que frecuentaba con unos compinches que poco después se convertirían en los creadores del rock nacional.

Los dos lugares, la tienda de discos y el bar, son puntos casi equidistantes de Utopía Records, quizás la disquería especializada en rock más antigua de Rosario, con 36 años de existencia bajo la tutela del mismo dueño. El local de Maipú al 700 resistió dos mudanzas, los embates del mercado y los vaivenes de la economía, siempre fiel al género en todos sus estilos y subdivisiones, más algo de jazz.

“Todo fanático del vinilo huele sus discos. Es una locura extra que suelen tener los consumidores de música”, dice Arce, con una sonrisa cómplice y orgulloso de los casi cinco mil títulos que atesora en su colección personal en discos “de pasta” y CDs. “Lo que nos salvó fue estar firmes con el estilo de música y que nunca claudicamos. Nos dedicamos a lo que nos gusta. Nunca abandonamos la investigación y el estar actualizados. Tampoco cedimos a las presiones comerciales y, si es necesario, moriremos de pie”, agrega.

Antes de embarcarse en el proyecto comercial, Arce formó parte de la movida que ayudó a forjar el rock en Rosario. Su actividad como músico lo ubicó como compañero de ruta de Kay Galifi y Oscar Moro, dos históricos integrantes de Los Gatos. Fue a mediados de los 60 y la banda se llamó Los Vampiros (ver aparte).

Arce reconoce como piedra basal de su negocio, primero y principal, su condición de consumidor casi voraz de discos desde temprana edad. Ese interés por el material que por aquella época apenas llegaba a Rosario y su incursión en la guitarra y el bajo, fueron esenciales. Cuando la música se terminó, al menos como intérprete, decidió “ponerse las pilas con la facultad” y así se graduó de contador público nacional.

“Era un gran consumidor de discos. Escuchaba música con los amigos. Buscábamos revistas importadas para saber qué pasaba en el mundo y tratar de conseguir los discos que no llegaban a acá. Las compañías discográficas editaban muy poco. El rock, en esos años, era algo que tenía escasa venta”, recuerda Arce.

Coincide en que entre mediados de los 60 y 70 “fue la época de oro del rock. La creatividad que hubo por entonces no se volvió a repetir. Ahora, de vez en cuando, salen grupos buenos, pero la cantidad de bandas y estilos, el nivel que tenían en esos años, no se repitió. Como siempre me gustó todo lo relacionado con la música llegó un momento en que me pregunté: Por qué no poner una disquería”.

En sociedad “con un amigo de la barra” primero abrió Record Shop, tienda que aún existe pero que tiene distinto dueño. “Estuvimos en sociedad un año y pico, y nos separamos. Mejor dicho, montamos Utopía y Record Shop, y nos quedamos con un negocio cada uno. Más tarde, mi ex socio vendió Record Shop al flaco Terán, que aún sigue. Yo estoy con Utopía Records desde 1978”, cuenta.

El negocio arrancó en la Galería Cassini, en Sarmiento al 700. Dos o tres años después, se mudó a otro local que estaba sobe el  brazo del mismo centro comercial que se llama Sudamérica y que da hacia la peatonal Córdoba al 1000. Allí tuvo su primer momento de esplendor. “El segundo local era más grande, tenía sótano, y ahí incluso llegamos a vender bajos y guitarras. Así pasaron más de quince años. Hasta que, otra vez, por razones de espacio nos tuvimos que trasladar y llegamos al actual de Maipú al 700”.

En la era de los discos de vinilo, Utopía fue de las primeras en incorporar a sus bateas material importado y también “usados” de calidad. Bandas y solistas que no figuraban en los catálogos de las disquerías “más comerciales”, seguro podían encontrarse tras hurgar pacientemente en los cajones de Utopía.

“Antes había disquerías que vendían discos usados, pero era medio raro porque ofrecían de todo, cualquier cosa. En rock, en ese tema, fuimos los primeros. Viajaba dos o tres días por mes a Buenos Aires. Rocorría las tiendas de usados y volvía con el coche cargado hasta arriba de vinilos. Así trabé amistad con gente como Alfredo Rosso y Fernando Pau, quienes además de ser periodistas tenían sus disquerías. Esa amistad aún hoy las conservo”.

Arce también se reconoce pionero en ofrecer material importado. Su impulso de consumidor de discos lo hacía viajar a Buenos Aires a adquirir vinilos para su propia colección. De esa se hizo amigo de los dueños de El Agujerito, local especializado en el tema, dirigido entonces por los hermanos Epstein.

Un golpe importante que sufrió en lo comercial fue la irrupción de la era digital y los discos compactos. “Eso fue bravo porque significó arrancar de cero. Tenías un negocio muy bien provisto, con mucha variedad, y de repente salió el CD. La gente dejó de comprar vinilos y a pedir compacs. Ocurrió lentamente, no de un día para otro, pero dejaron de pedir discos. Fue como volver a comprar el mismo material, pero en otro formato. Los CDs eran importados al principio, pero como el dólar estaba barato, no eran tan caros, comparativamente”.

Con 68 años a cuestas, Arce admite que siente ganas de descansar. Con su hijo Diego ya incorporado a los avatares del negocio encuentra la posibilidad de entregar la posta dentro de poco tiempo, con lo que el emprendimiento pasa a ser una “empresa familiar”.

“Este ramo produce un desgaste. Al igual que las librerías, tenés que estar actualizado porque salen novedades diariamente. El que vende ropa, cambia la mercadería en invierno y en verano. Una camisa viene un tiempo con rayitas, y en otro con flores. Acá no sólo hay material nuevo de los artistas conocidos, sino que salen bandas nuevas todo el tiempo”, dice.

De todas maneras, Arce dice sentirse feliz a pesar del esfuerzo. “Estoy contento, porque yo apunté a esto. Colegas de la primera época me decían cómo que no iba a vender esto o aquello. Mi finalidad no fue hacer plata. Nunca lo fue. Pude vivir de esto, pero no hice fortuna. Vivo tranquilo porque nadie me puede sacar el placer de decir: yo soy el dueño de Utopía. Tenemos clientes de otras provincias que vienen sólo acá. Me sorprendió leer por ahí que Fernando Kabusacki dijera una vez. agradezco a Utopía Records por permitirme conocer a Robert Fripp. Kabusacki, quien estudió y tocó con Fripp…”, concluye.
 

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