Escenario

Ricardo Darín: "A los argentinos nos gustan los turros"

El actor habló con La Capital a 20 años del estreno de la película "Nueve reinas". Y reflexionó sobre vicios y costumbres de la argentinidad

Domingo 30 de Agosto de 2020

Antes de entrevistar a Darín sucede lo siguiente: No hay un periodista, una amiga, un vecino o una tía a quien le digas “hoy le hago la nota a Darín” y no responda “¿en serio?”. Y tampoco faltará la lista de sugerencias para el cuestionario. Te piden que le preguntes sobre la grieta, si le gusta o no el gobierno, si está a favor o no de la cuarentena, si es de Alberto o de Mauricio, si es verdad lo de las dos duchas de agua caliente por día. Los más nostálgicos pedirán que le pregunte por “Mi cuñado”, de cuando era galancito, de cuando conmovió al mundo cine con “El secreto de sus ojos” y no faltará el cholulo o la cholula que querrá saber cómo va su pareja con Florencia Bas, del vínculo con su hijo Chino Darín, del feeling eterno que tiene con Susana, de esto, de lo otro. Pero eso sí, siempre, pero siempre siempre, habrá alguien que te diga que la vez que se enamoraron de Darín fue cuando hizo el chanta más chanta de todos en “Nueve reinas”.

   Y ese es el motivo de esta entrevista. Es que “Nueve reinas” cumple mañana 20 años de su estreno en aquel 31 de agosto de 1990 y La Capital convocó a Ricardo Darín para hablar exclusivamente de ese tema. Pero es Darín. Entonces bastará tener un disparador para reflexionar sobre una película que para muchos lo posicionó como un “actor de verdad” para que, en ese tono tan amigable como cada uno de sus personajes, Darín hable ampliamente de “Nueve reinas”, pero a la vez diga frases como “a los argentinos nos gustan los turros”; “entre un chanta y un boludo, el argentino se queda siempre con el chanta” y que, ya en un plano más personal, “siempre me dio incomodidad la palabra éxito”.

   Respecto a la pandemia fue crítico con el gobierno nacional al decir que "ya no sabemos si sos absolutamente pro cuarentena o anti cuarentena porque la verdad que las señales que bajan son bastante confusas”, y valoró que la gente empiece a preocuparse por el prójimo ya que por “este individualismo que nos ha alejado tristemente de pensar en los demás hemos llegado adónde hemos llegado”.

   En una charla de argentinidad al palo, como cantaría la Bersuit, se sube el telón de su casa y no habla Marcos de “Nueve reinas”, ni el ferretero mala onda de “Un cuento chino”, ni Benjamín de “El secreto de sus ojos”. Habla Darín, y en él también hablan un poco todas sus criaturas. Es una celebridad, es cierto, pero está más cerca nuestro que cualquier otra estrella. Tanto que es capaz de preguntar, fuera de la nota, qué pasa con el humo de las islas y manifestarse en contra de una quema que aún tiene más preguntas que respuestas. Darín responde, el periodista, el vecino, mi amiga y mi tía seguirán preguntando.

   ¿Cómo estás, todo bien?

   Ehhh, bien...¿o tenés tiempo y querés que te cuente?

   Bueno, en parte llamé para que cuentes, pero nos interesa hablar de “Nueve reinas”, que cumple 20 años de su estreno el 31 de agosto y al volverla a ver días atrás sigue resistiendo el paso del tiempo. ¿Tenés la película en la cabeza?

   Yo la tengo en la médula, no en la cabeza. Aparte de haberla visto muchas veces y mirá que es raro porque a mí no me gusta colgarme de trabajos en los que participé, pero esta es una película en la que siempre me pasa algo muy significativo: y es que si de repente paso por un canal que la están dando me quedo enganchado sea donde sea. Y tenés razón, no sólo envejece bien, sino que se resignifica todo el tiempo. Sobre todo, lamentablemente en nuestro país, que nosotros somos cíclicos y volvemos a pasar por los mismos lugares y tropezamos con la misma piedra, yo creo que eso la va a convertir -si ya no la convirtió- en una especie de clásico.

   Hay algo que atraviesa a Marcos, tu rol, y a varios de los personajes, y es que en algún momento dicen “yo no soy un delincuente”. O sea, roban, mienten, sacan ventaja, pero no les digas delincuente porque es un insulto.

   Bueno, eso está intrínsecamente relacionado con el ADN argentino, que no es genuinamente argentino porque hemos abrevado lamentablemente de los italianos, de los rusos, de algunos italianos, de algunos rusos, por supuesto, generalizar siempre es una injusticia. Uno tiene un sinfín de planteos permanentes y reflexiones, a los que estamos obligados por este hacinamiento, digamos de alguna manera, pero cuando te ponés a pensar un poco en lo que significa la coima, viste...

   ¿A qué te referís puntualmente?

   Claro, porque la coima tiene dos caras que se necesitan y se retroalimentan en forma permanente: el que ofrece y el que la toma, pero la dinámica de la coima hace que exista una doble moral. O sea, el que ofrece una coima, más alla de una ventaja -y estoy hablando de una cosa chiquita, no millonaria- establece una amoralidad, no una inmoralidad, es la ausencia total de moral, esa que dice “a mí me conviene porque no pago la multa y a él le conviene también porque cobra un sueldo mínimo”. Y esto del delincuente, lo que digo yo en mi personaje de Marcos o lo que dice el de Alejandro Awada, atraviesa la película porque mete el dedo en la tecla en algo que es muy sensible. Porque un delincuente, como dice Marcos, lo puede hacer cualuqiera, un mono con un chumbo en la mano, cualquier estúpido, lo que se arroga la importancia de la creatividad a partir del talento, como si eso pudiera redimirlo y justificar su accionar, eso es increíble. La verdad es que la película tiene muchos párrafos para analizarlos con detención.

   En la Argentina del 2020 el chanta no es un tipo tan admirado como en los 90, ¿no te parece?

   Me gustaría estar de acuerdo con vos, pero no estoy tan seguro, no, porque entre un chanta y un boludo el argentino se queda siempre con el chanta, porque la frase es “qué bien la hizo”. Y en nuestra historia esto ha tocado momentos cumbre, y uno de ellos fue en los 90. Porque en los 90 hubo ejemplos paradigmáticos en los que estuvimos en manos de gente que decíamos “esto no puede ser, este es un farsante, un fantoche, pero qué bien la hace, qué seductor, qué chanta, que pícaro”. A nosotros, si nos apuran un poco, siempre elegimos a un pícaro y no a un tipo honesto, sencillo. Entonces yo tengo mis dudas con respecto a eso, ojalá fuéramos en esa dirección, es un tema cultural, muy de fondo.

   ¿Se podría hacer hoy “Nueve reinas” o estaría un poco fuera de época con frases como “putos sobran, lo que faltan son oferentes” y otras expresiones por el estilo?

   No, por supuesto, pero vos fijate que (el director Fabián Bielinsky) no hace distinciones, él apunta a otra cosa, lo que quiere decir es que todo el mundo tiene un precio y para eso utiliza esa frase límite. De todos modos yo creo que la película no se puede aggiornar. Hemos fantaseado a lo largo del tiempo con remakes, continuaciones, series, y yo la verdad que nunca me quise meter porque cuando ves un cuadro que está bien pintado no lo toques, dejalo como está. Vos fijate lo gracioso del caso, yo leí en su momento más de una crítica, no fueron muchas por suerte, pero algunas hablaban de que la película hacía apología del delito y eso es ser mas papista que el Papa, cuando en realidad es todo lo contrario: “Nueve reinas” desenmascara a los chantas, porque fijate que el chanta número uno, que es mi personaje, es el que termina perdiendo. Entonces ¿cómo va a ser una apología si termina mordiendo el barro? Eso depende de algunos genios que se creen que saben de cine o de crítica.

Nueve Reinas (2000) - Tráiler 1

   Quizá tiene que ver con una mirada prejuiciosa de la película, cuando lo cierto es que el gran éxito de “Nueve reinas” fue que hizo foco en la realidad.

   Pero claro, mirá, vos sabés que la madre de un amigo mío, y te hablo de la época en la que se estrenó la película, es una mujer divina, Susana, bueno, ella, su hijo y un par de socios, con muy poco dinero, se pusieron un bar una vez y como tenían muy pocos recursos y lo estaban haciendo muy a pulmón en la zona de Palermo, alquilaron un local, construyeron los muebles con sus propias manos, todos lo hicieron muy al uso nostro. Ella, que ya era una genia total, lo ayudaba a su hijo y cuando el bar estaba cerrado iba y acomodaba las mesas, limpiaba las heladeras y le daba una mano para ahorrar un costo fijo más. Una tarde, al poco tiempo que se estrenó la película, estaba sola, con el local cerrado con llave, era un salón amplio, con unas mesas muy policromáticas, nada de estilo, como empezaban a aparecer los bares en esos años 90; y de golpe se apersona un tipo en la puerta del bar, vestido con traje, un maletín, de corbata y le plantea cuánto le salía para hacer una reunión con 25 amigos, que era un reencuentro de ex compañeros del colegio, esas cosas que ocurren después de muchos años. Susana le abre, lo hace pasar, ella pasa del otro lado del mostrardor y mientras charlan el tipo se la ingenia para deslizar la conversación para preguntar si tenía que dejar algo como seña. Ahí ella dice “no, no, no creo que haga falta”. Te estoy hablando de una mujer maravillosa, entonces el tipo mete la mano en el maletín, saca unos billetes y le arma una especie de rollo alrededor de la guita que le estaba ofreciendo. Entonces, en el momento en que va a apretar el botón de esas cajas, ¿viste esas cajas antiguas que hacías clink y se abrían? Bueno, en el momento que va a apretar el botón, ella había visto la película hacía tres días ponele, lo mira y le dice “me la estás haciendo”. Y el tipo le dice “¿qué?”. “Sí, -dice ella- me la estás haciendo, lo vi el otro día en «Nueve reinas»”. Ahí el tipo agarró el maletín y salió corriendo.

   En cambio, todo fue un fracaso cuando en Estados Unidos hicieron “Criminal”, una cosa son las calles de Once y otra las de Manhattan.

   Sí, se equivocaron en todo y me alegro que se hayan equivocado en todo porque se portaron muy mal con Fabián (Bielinsky), porque él estaba teniendo un representante en Estados Unidos, como suele ocurrir cuando pegás un bombazo con una película y te empiezan a ofrecer representación, y a través del representante él se ofreció de muy buena onda en el nuevo rodaje para darle una mano. Fabián estaba en Los Angeles una vez y le dijo que le gustaría pasar por el rodaje para ver y le dijeron “no,no, está terminantemente prohibido pasar por el rodaje”, así que se ve que le tenían miedo (risas), no sé, eran unos imbéciles, me alegro que la hayan hecho mal, lamentablemente con dos buenos actores (N de la R: John C. Reilly y Diego Luna), pero los que leyeron el guión se equivocaron en todo.

   Además Bielinsky cuidó cada detalle de la película para que trascienda el paso del tiempo, como efectivamente ocurrió.

   Sí, son todos detalles, el sabía perfectamente qué era lo que quería contar y cómo contarlo. La única cosa que no le salió bien y esto tiene que ver con lo que hablábamos recién de cómo somos los argentinos, o algunos argentinos (risas) y es que él quería que Marcos, mi personaje, no lograra empatía con la audiencia. Es que como era una lacra humana quería que fuera tomado como tal y eso no lo conseguimos porque hasta el final de la peícula la gente está con el personaje porque le gustan los turros, a los argentinos nos gustan los turros, es una cosa increíble (risas), es para ponerse a llorar.

   Pero ahí tuviste que ver vos también, por la impronta que le diste al personaje y la empatía que tienen la gente con vos.

   No, pero más allá de eso, cuando vos tenés a un personaje tan limítrofe que es tan garca, pero tan garca, porque el tipo no es que garca a los demás, garca a su hermana, garca a su hermano, garca a toda la familia, o sea, es tan garca que además argumenta en favor de por qué los garca. Entonces, cuando tenés un personaje tan limítrofe te causa gracia, porque no podés tener un personaje tan hijo de puta. Es que esas lacras no respetan pelo ni monta, son así.

   Vayamos a la actualidad, viste que cuando arrancamos la charla me dijiste “¿o querés que te cuente?”, ahora contame.

   No, es un modismo, si hay alguien que no se puede quejar en este mundo soy yo.

   ¿Pero te genera empatía o rechazo el encierro?

   Es una gran incomodidad, por supuesto, que te digan qué tenés que hacer y qué no tenés que hacer, qué podés hacer y qué no podés, y, nada, estamos con el cerebro atomizado porque escuchamos versiones contradictorias. No sabés a quién hacerle caso, ya no sabemos si sos absolutamente procuarentena o anticuarentena, porque la verdad que las señales que bajan son bastante confusas, reconozcámoslo. Yo estuve, como casi todos, totalmente a favor de la cuarentena en un principio por razones obvias, porque cuando tenés una agresión externa que la desconocés, no sabés de dónde viene, es invisible y no te considerás preparado, el miedo te petrifica y todo lo que te dicen lo cumplís en el acto, por las dudas. Pero cuando transcurre un tiempo prudencial y con la mezcla de información que recibís, las cabezas trabajan. Entonces decís, "bueno, ok, yo te hago caso, vamos a hacer lo que decís porque es lo más razonable", pero cuando ves que la misma gente que te dice que tenés que hacer una cosa hace todo lo contrario, entonces te empezás a poner un poco nervioso. Ahí es cuando decís o me están tomando de boludo o hay alguien que está tomando las directivas en forma equivocada. Acá no importa cómo me siento yo con la cuarentena, porque yo no facturo pero sigo trabajando a futuro, desde mi casa, tengo una situación de privilegio, puedo bancar todavía, puedo aguantar, no sé por cuánto tiempo, pero puedo aguantar. Pero hay mucha gente que no, amerita hacer un examen profundo de la situación y barajar y dar de nuevo, eso es lo que pienso de la situación en este momento.

   El tema es que estamos hablando de gente que se está muriendo por el virus, entonces ¿cómo hacemos para pedir más libertades cuando esa libertad puede generar un problema de salud? Hay una línea muy delgada en este punto.

   Sí, no sólo a vos te puede generar un problema de salud, sino también a los demás. Y acá lo paradigmático y lo que es altamente significativo es que es una de las pocas primeras veces en que la comunidad se ve obligada a pensar no sólo en sí misma si no también en los demás. Porque el egoísmo de las últimas épocas al que hemos sido sometidos, este individualismo que nos ha alejado tristemente de pensar en los demás y por eso hemos llegado adonde hemos llegado, entonces nos ha interpelado a pensar por primera vez que no está en juego solamente mi salud sino la de mis amigos, la de mi familia, la de mis vecinos, la de mi barrio, la de mi comunidad, la salud de todos. Entonces lo que te digo es que yo no me puedo quejar, pero en realidad me quejo porque estoy muy preocupado por los demás. Trato de mantener las cuestiones de profilaxis, hasta donde puedo desde ya, pero me preocupa mucho la gente, la sociedad, porque estamos en una situación muy, pero muy brava. Pero, como decís vos, cuando está la salud de por medio, y el título superlativo es “Cuidémosnos la salud”, la verdad es que sí, te tenés que quedar quietito y tenés que decir "qué hay que hacer". Pero a mí me pone nervioso que con el argumento de la salud se están produciendo otro tipo de desmanes colaterales que son bravos. Mirá, estoy viendo en la tevé una detencion a un pibe, un ciclista, de Río Negro o Neuquén, por fuezas policiales y se lo llevan en cana y hay como un desmadre, hay gente que está como subrayando con énfasis la cosa, y hay personas que están sacando lo peor de sí, cuando deberíamos ser más comprensivos que nunca .

   Hay un hecho solidario por la pandemia, en el que participás, titulado “Seamos Uno” ¿Seremos uno en medio de esta grieta?

   Ojalá, yo a esa palabra no la quiero ni nombrar, pero ojalá seamos uno alguna vez, claro que sí.

  Sos un tipo exitoso, ¿qué es lo bueno y lo malo del éxito?

   Siempre me dio cierta incomodidad la palabra éxito, si te sale bien algo está buenísimo, pero es tan terminante esto de decir éxito o fracaso, que no va conmigo.

   Volviste a hablar con Fantino por el tema de las dos duchas por día en una nota que a él lo tomaron como villano y a vos como el héroe ¿Qué pensás de eso?

   Pero claro, nada que ver, ni él fue villano ni yo héroe, yo le agradecí porque me dejó expresarme. En verdad, esa nota se viralizó en todo el mundo y hoy, te digo la verdad, casi que no me doy ni una ducha por día (risas).

   No, no me digas...

   (Risas) Claro, de verdad, es que ahora bañarse pasó a ser un gran plan, decí la verdad, en este contexto ¿no es un planazo darte una ducha de agua caliente? Mirá, mi papá decía que hay pocas cosas mejores que una buena ducha. Mi viejo era u tipo que le daba mucho valor a las cosas simples de la vida, ojalá tuviera el diez por ciento de mi viejo.

   ¿Qué proyecto te cortó la pandemia?

   Estoy leyendo muchas cosas, que está todo supeditado a cómo sigue el tema de la pandemia, pero lo confirmado es que voy a hacer la película del Juicio a las Juntas (“1985”), de Santiago Mitre y con el guión coescrito con Mariano Llinás.

   ¿Y qué personaje harías, de militar o de una de las víctimas?

   No, no hago ni de víctima ni de militar, hago del fiscal Julio César Strassera, lo que es una presión y una responsabilidad, pero esta es una película que tengo que hacer. Es una película necesaria.

La historia que llegó hasta Hollywood

“Nueve reinas” es la historia de Marcos (Ricardo Darín), un estafador profesional, y Juan (Gastón Pauls), un novato. Ambos se juntan por casualidad en las calles porteñas, hasta que sale un negocio “de los que se dan una vez en la vida”, como dirá Marcos. Y es venderle unas estampillas muy buscadas a un coleccionista español que está de paso por Buenos Aires. La película de Fabián Bielinsky relata el derrotero por conseguir esas estampillas, primero las falsas,y después las originales. Para que el negocio llegue a buen puerto se incluirá en el trato que la hermana de Marcos, interpretada por Leticia Brédice, pase una noche con el millonario comprador. La historia tendrá un desenlace insólito, en el que el chanta más vil termina siendo víctima, en el contexto de una Argentina caótica de los 90, y el más novato festeja con champagne. La película ganó premios internacionales, tuvo una adaptación fallida con “Criminal”, y hasta un capítulo copiado en la serie británica “Hustle”.

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