Los gobernantes militares, que tomaron el poder el lunes en Myanmar con un golpe de Estado que terminó abruptamente con la frágil democracia, han bloqueado Internet, pero esto no evitó que decenas de miles de personas salgan a las calles a protestar el fin de semana, en las mayores manifestaciones vistas en décadas en el país asiático. Mientras la máxima líder del gobierno depuesto, Suu Kyi, sigue en prisión domiciliaria, la sociedad civil parece convencida de que si no hace retroceder a la casta militar en estos días iniciales, tendrán otra vez una dictadura militar durante muchos años. El balance de apoyos y rechazos internacionales es clave: mientras China y Rusia apoyan a los golpistas, EEUU y Europa repudian a los militares que asaltaron el poder y exigen la vuelta de la democracia.
A la multitudinaria manifestación del sábado en Yangón, la antigua capital, le siguió otra este domingo que no solo es la más grande hasta la fecha contra el nuevo régimen militar, sino la mayor en décadas.
"No queremos una dictadura militar. Queremos democracia ", coreó la multitud, ataviada con camisas rojas y sostenía globos del mismo color, que es el color del partido de la depuesta Aung Suu Kyi.
Los autos y autobuses reducían la velocidad para hacer sonar sus bocinas en apoyo, con muchos haciendo el saludo de tres dedos, un símbolo de desafío contra el autoritarismo en Myanmar y en toda la región. También se re realizaron manifestaciones en más de una docena de otras ciudades.
Los manifestantes son trabajadores de fábricas y estudiantes, pidieron la liberación de los detenidos por el ejército, incluida la líder electa Aung San Suu Kyi.
"Estamos aquí para luchar por nuestra próxima generación, para liberarlos de una dictadura militar", dijo una manifestante a la agencia AFP. "Tenemos que acabar con esto ahora". Es que los jóvenes están convencidos de que si no hacen retroceder a los militares a sus cuarteles en esta etapa temprana, no se irán por muchos años del poder que usurparon.
Hasta ahora Myanmar, también conocida como Birmania, se había mantenido mayoritariamente en calma después del golpe, aunque se produjeron algunas manifestaciones en diferentes partes del país.
Las autoridades militares están atrincheradas en la capital, Naypyidaw, y hasta ahora han evitado entablar contacto directo con los manifestantes.
Nyein Chan, corresponsal de la BBC en Yangon, dice que los birmanos conocen muy bien la violencia de las que son capaces los militares, pero ahora que la gente tuvo tiempo de digerir lo que está sucediendo están encontrando diferentes formas de hacer oír su voz.
El país fue gobernado por una opresiva dictadura militar desde 1962 hasta 2011.
Tal vez por ese antecedente, y pese al evidente peligro, los manifestantes se mostraron desafiantes.
"Están enojados pero también silenciosamente asustados. Saben que los militares son capaces de utilizar la violencia para reprimir la disidencia, pero sienten que no tienen otra opción", explicó el corresponsal.
"Cuando un grupo de manifestantes se encontró con una fila de soldados, les gritaron: 'Están entrenados para ser soldados profesionales, no maten a civiles'", relató.
Regresó internet
Por lo demás, el servicio de Internet, que había sido interrumpido, ya fue restablecido, aunque el acceso a las redes sociales, incluidas Facebook y Twitter, permanecía bloqueado. Los militares saben que esas redes son vitales para organizar las manifestaciones y hacer circular la información que la dictadura oculta, como la fuerte condena del presidente de EEUU, Joe Biden.
El apagón de Internet hizo que la conectividad cayera a un 16% de los niveles normales, dijo NetBlocks Internet Observatory, un organismo que monitorea las redes. Pero el tráfico ya había aumentado a un 50% a las 14:00 hora local de este domingo. Muchos usuarios evadieron las restricciones en las redes sociales mediante el uso de redes privadas virtuales (VPN), pero el apagón más general interrumpió gravemente su actividad.
El miércoles hubo protestas, pero no fueron tan multitudianrias como las de este sábado y mucho menos como las de este domingo. El grupo de derechos humanos Amnistía Internacional calificó el bloqueo de Internet como "atroz e irresponsable".
Organizaciones de la sociedad civil instaron a los proveedores de internet y redes móviles a desafiar la orden del apagón.
Mientras tanto, Suu Kyi está bajo arresto domiciliario, según su abogado. Documentos policiales muestran que está acusada de importar y utilizar ilegalmente equipos de comunicaciones en su casa de la capital. Una acusación que suena a causa judicial construida para tenerla nuevamente detenida. La premio Nobel de la Paz ha pasado gran parte de su vida en arresto domiciliario.
Además, Sean Turnell, un académico australiano ex asesor económico de Suu Kyi, fue detenido en Yangón. Turnell le dijo a la BBC que lo han confinado en su hotel y que no sabe de qué pueden acusarlo.
El golpe tuvo lugar cuando se inauguró una nueva sesión del parlamento, tras la aplastante victoria electoral de noviembre del partido Liga Nacional para la Democracia (NLD) de Suu Kyi.
Muchos birmanos vieron cómo se desarrollaban los eventos a través de Facebook, la principal fuente de información y noticias en el país. Por eso se ordenó el bloqueo de plataforma por "razones de estabilidad".
Una vocera de Twitter dijo que la prohibición socava "la conversación pública y los derechos de las personas a hacer oír su voz". Facebook, propietaria de Instagram, pidió a las autoridades que "restablezcan la conectividad".
Mientras, los dictadores confían en su más fime aliado y vecino, China. El régimen de Xi jinping bloqueó con su poder de veto una resolución de condena en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el miércoles pasado. Y los medios de comunicación chinos presentan el golpe en Myanmar como "un cambio de gabinete".