El Mundo

Myanmar: cacerolazos y grupos de resistencia contra la dictadura militar

Desde los balcones, los ciudadanos hacen escuchar su bronca, mientras médicos y estudiantes universitarios se niegan a reconocer a los militares usupadores

Viernes 05 de Febrero de 2021

En Myanmar (antigua Birmania) "estamos acostumbrados a hacer el mayor ruido posible para expulsar a los malos espíritus de las casas y los pueblos” y aquí los demonios son los militares, cuenta a la agencia AFP Thinzar Shunlei Yi, que creó un grupo de desobediencia civil tras el golpe militar.

El lunes, el ejército puso fin de manera brutal a la frágil transición democrática del país, instauró el estado de emergencia por un año y detuvo a Aung San Suu Kyi, jefa de hecho del gobierno civil, así como a otros responsables de su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND). El LND había cometido un pecado imperdonable: había ratificado su enorme popularidad en las elecciones parlamentarias de noviembre pasada, objetadas y nunca reconocidas por los militares, cogobernantes de facto junto al partido de Suu.

Desde entonces no se llevó a cabo ninguna manifestación importante, ya que el miedo a las represalias sigue fresco en este país que ha vivido bajo el yugo de la dictadura militar durante casi 50 años desde su independencia en 1948. Pero, pese al miedo, las señales de resistencia se multiplican.

El martes y miércoles, una vez caída la noche, habitantes del barrio comercial de Rangún golpearon durante una hora cacerolas bajo un concierto de bocinas. “Golpear frena un poco mi ira (…) pero eso solo dura un instante”, suspira Min Theint Oo, de 50 años, abatido por volver a caer bajo un régimen militar tras un paréntesis de 10 años.

No lejos de allí, un joven agitaba una bandera con los colores de la LND, que ganó por amplia mayoría las legislativas de noviembre, unos elecciones cuya legalidad cuestionan los militares. Es que reconocer esos resultados significaría el definitivo ocaso para la casta militar. Otros hacían el saludo con tres dedos, un gesto de resistencia adoptado ya por los militantes prodemocracia en Hong Kong o en Tailandia.

A propósito de Hong Kong: China le da una mano a los dictadores de uniforme en la escena internacional. Reconoce al nuevo gobierno y encubre en sus medios el alevoso golpe como "un cambio de gabinete". China juega con los militares todas sus fichas, pero en su estilo: con perfil bajo, sin gastar demasiado capital político ni de imagen.

En las calles de Rangún llega la hora del viejo canto popular “Kabar Ma Kyay Bu” (“No olvidaremos hasta el fin del mundo”), popularizado durante el levantamiento de 1988 violentamente reprimido por el ejército.

“Nuestra historia está escrita con nuestra sangre por aquellos que pierden la vida en la batalla por la democracia”, entonaron los habitantes de Rangón desde sus balcones. En varios barrios de la ciudad se pudo oír el eslogan “¡Viva Madre Suu!”. Aung San Suu Kyi perdió todo su crédito en la escena internacional por apoyar la persecución militar de la minoría rohinyas. Pero en Myanmanr sigue siendo de lejos no solo la política más popular sino la más respetada. De ahí el apelativo maternal.

Muchos se preocupan por su suerte, ya que desde el lunes el ejército la mantiene detenida en un lugar secreto.

La resistencia se organiza también en algunos hospitales, donde profesionales de la salud se negaron el miércoles a trabajar “bajo una autoridad militar ilegítima”, y en Facebook, puerta de entrada en internet para una gran parte de la población. Pero los servicios de la red social se encontraban muy perturbados este jueves, ya que proveedores de acceso a Internet recibieron la orden de bloquearla. Los dictadores militares ya formularon advertencias para no decir o publicar nada que pudiera “alentar disturbios o una situación inestable”.

Pero este viernes cientos de manifestantes se congregaron ante una universidad de Rangún, en la mayor protesta contra el golpe de Estado, mientras el ejército sigue arrestando a políticos y activistas. Los manifestantes, en su mayoría profesores y alumnos, realizaron el saludo con tres dedos levantados, un gesto de resistencia, y cantaron la canción popular durante la revuelta de 1988. Además, gritaron “¡Larga vida a la madre Suu!”.

Los riesgos de protestar están presentes en la mente de todo el mundo. En 2007, los militares mataron a decenas de manifestantes durante la “Revolución Azafrán”, liderada en parte por monjes budistas. La represión de 1988 dejó de su lado unos 3.000 muertos.

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