Al final de ese año se disolvieron Los de Fuego y Sandro siguió editando un álbum por año. En
1966 aparecen las primeras asociaciones creativas con Oscar Anderle que lo posicionan en la
elaboración de románticas baladas con influencia roquera. Así, poco a poco, Sandro fue mudando de
piel: las camperas y los pantalones de cuero dejaron su lugar al smoking y los pantalones
acampanados, su cabello empezó a crecer al igual que sus patillas. Pero siguió con su acto tipo
Elvis que terminó convirtiéndose en su marca personal y en un irresistible llamador para el público
femenino. Los guardianes de la moral de la época reaccionaron.
En 1967 se daría el vuelco final a favor de la popularidad de Sandro. Su participación en el
Festival Buenos Aires de la Canción con el tema “Quiero llenarme de ti” lo catapultó
hacia una carrera internacional, que se cristalizó por la preferencia irrefrenable de la comunidad
latina de Estados Unidos y se agigantó en 1968 cuando ganó el Festival de Viña el Mar. Así y en
1969 nace Sandro de América. De esa época son simples como “Porque yo te amo” y
“Un muchacho y una guitarra”, y su disco más exitoso, “La magia de Sandro”.
Y llegó “Rosa rosa”, su tema más popular.
Sandro ya había hecho apariciones en cine pero en 1969 se filman “Quiero llenarme de
ti” y “La vida continúa”. De allí en adelante serán una seguidilla de once filmes
hasta 1976 con éxitos como “Embrujo de amor”, “Operación Rosa Rosa” y
“Tu me enloqueces”. Y un último filme en 1980, “Subí que te llevo”. En el
mismo período (1969-1980) Sandro editó 35 discos.
A partir de sus no tan claros orígenes húngaros, de parte de su abuelo, Sandro comenzó a usar el
apodo de Gitano. Con ese nombre hubo disco y película, lo mismo que con “Muchacho”.
Desde los 70 a los 90: De la balada romántica a los años difíciles
El 70 fue el año del despegue internacional. En 1969 fue el artista latino que más discos vendió
en EEUU y en 1970 se presentó en el Madison Square Garden de Nueva York en dos shows ante 250 mil
personas, consolidando así su fama en el mercado latino, especialmente en el Caribe y América
Central. Sandro es considerado el mayor exponente de un nuevo producto musical que vendía millones:
la balada romántica.
Para esos años lidiaría en una sorda cinchada de modelos artísticos. Mientras Palito Ortega era
el joven bueno, optimista y el “novio” de madres y abuelas, Sandro representaba la
rebeldía, la pasión y el desenfreno.
En 1971, los carnavales del Club San Lorenzo de Buenos Aires y sus 60 mil asistentes lo
despidieron antes de su viaje para cantar en Francia y en el Festival de San Remo, Italia. En 1972
fue de nuevo a San Remo y luego fue el primer artista en actuar en el Luna Park de Buenos Aires,
hasta ese momento reservado al boxeo. En 1973 llenó el estadio Maracaná de Río de Janeiro y celebró
sus diez años con la música con tres discos (donde se incluía “Mi amigo el puma”) y una
película, “El deseo de vivir”.
Sandro sintió sobre sus espaldas los años difíciles que se avecinaban. Su vida se llenó de
shows, viajes y fanáticos, se fue a vivir primero a Venezuela y luego a España. Fueron años rudos.
Viajaba continuamente a Rosario, como un hombre cualquiera para cenar hasta altas horas en la casa
de su amigo A. J. Llorente.
Recién volvió a actuar en Argentina en 1978 en un show a beneficio, “Sandro: 5 años
después”, en el teatro Opera de Buenos Aires, con transmisión en directo de la televisión.
Ese mismo año Sandro tendría su propio programa de TV en el Canal 13, que se llamó “La hora
de Sandro” y que iba los sábados. El ídolo comienza a aparecer en telenovelas en toda
Latinoamérica (la primera es “Fue sin querer” grabada en Puerto Rico), se separa de su
socio Oscar Anderle y traba amistad autoral con Rubén Aguilera.
1984 es un año de una nueva versión de Sandro, remozado en su visual (menos juvenil) y aireado
en su música gracias al show “Vengo a ocupar mi lugar” que se estrena en el club
Rivadavia de Junín y luego recorre Argentina y Latinoamérica.
De los 90 al final: Entre shows, récords, homenajes y su enfermedad
En 1990 hizo otro programa de televisión, “Querido Sandro”, un magazine con
estrellas invitadas y música, con el que ganó el premio Martín Fierro. Durante esa década hay una
revalorización de su obra sobre todo en el ámbito del rock.
En 1992 muere su madre, Nina, y el duro golpe se hará sentir en 1993 cuando sufre un
pre-infarto. Tenía 20 kilos de más. De todos modos, el breve espectáculo “Con gusto a
mujer” y el recordadísimo “Treinta años de magia” lo devolvieron a escena ese
mismo año. Juntó 60 mil personas en 18 funciones en el teatro Gran Rex de Buenos Aires y rompió el
récord de ese teatro ostentando hasta allí por el grupo de rock Soda Stéreo. También firma un
contrato de exclusividad con Telefé y apareció en “Grande Pa!”, la tira de mayor rating
del momento, “Ritmo de la noche”, “VideoMatch” y “Hola Susana”.
Todavía gana el premio ACE de oro otorgado por los cronistas de espectáculos. Con un tratamiento de
inspiración china, Sandro había alcanzado una silueta envidiable en sólo un año.
En 1996 estrenó en Rosario “Historia viva”. El nombre fue una respuesta a los
primeros rumores sobre sus problemas de salud al punto que comenzaba cantando “Como la
cigarra”, de María Elena Walsh. Cuentan que en San Nicolás y Junín, hacia donde también
rumbeó el tour, debieron pintar un cartel de “localidades agotadas”. En ese show Sandro
recitaba el poema “El ruiseñor y la rosa” de Oscar Wilde. De esos shows salió el primer
disco en vivo del cantante editado en Argentina.
Para 1998 la alarma que había sonado poco antes confirmó la enfermedad: Sandro tenía enfisema
pulmonar crónico debido a su adicción al tabaco -que había abandonado un año antes- y apareció por
primera vez en público y por TV con barbijo. La angustia de su público aminoró el viernes 18 de
septiembre cuando estrenó en el auditorio Fundación Astengo “Gracias, 35 años de amores y
pasiones”, donde hacía un homenaje al tango, con el tema “Una muchacha y una
guitarra”. Hubo que alquilar también el teatro El Círculo, a falta de fechas libres en el
Astengo, para hacer las 11 funciones con las que Sandro cautivó (y preocupó con la continua
agitación de su respiración) a los rosarinos. En Buenos Aires, rompió su propio récord con 40
funciones en el Gran Rex, teatro que debió abrir inesperadamente durante el verano. En 1999 ganó el
premio Carlos Gardel de oro.
Pese al deterioro de su salud, en 2001 presentó el más recordado de sus shows de su última etapa
artística, “El hombre de la rosa”. Debutó como de costumbre en Rosario, el 22 de junio
en el teatro El Círculo, acompañado por Juan José Camero y Matías Santoianni. Ese día Sandro
adelantó el final del show mientras solicitaba una máscara de oxígeno. El recital del día siguiente
fue posible gracias a un cañito de oxígeno incorporado a su micrófono, llamado jocosamente
“el micrófono de Mac Gyver”. La temporada de ese espectáculo duró hasta el 7 de octubre
y su cierre fue en Rosario. Luego presentó el disco cantado en estudios, “Para mamá”
-que tuvo una segunda parte en 2002-, y hasta apareció en el programa de Susana Giménez.
Pero el 17 de diciembre las cosas se complicaron, una neumonía en su estado más virulento lo
atacó y fue internado de urgencia por un cuadro grave de insuficiencia respiratoria en el Instituto
del Diagnóstico de Buenos Aires. Se multiplicaron las vigilias y los mensajes de apoyo fuera del
centro asistencial. Quince días después el propio Sandro, desde el patio del instituto y con una
bata de seda gris, ofreció un mensaje a los medios y a sus fans. El 7 de enero de 2003 el cantante
les dio una gran alegría a sus fanáticos cuando fue dado de alta y se retiró de incógnito a su
domicilio.
Fue un año de silencio, pero en 2004 emprendió otra gran gira que también comenzó en Rosario con
el recital “La profecía”, que ofreció el 5, 6 y 7 de marzo en el teatro El Círculo,
junto a Rita Cortese, Matías Santoianni y 50 personas en escena. Hizo además nueve teatros Gran
Rex. Fue su última presentación en las tablas. En el invierno fue internado otra vez y sus shows
anunciados para septiembre suspendidos. Después presentó el último álbum grabado en estudios,
“Amor gitano”.
2005 comenzó con la noticia de la separación del ídolo de su mujer por más de 20 años, María
Elena. Más tarde el Grammy latino le brindó en Los Angeles un homenaje, en julio fue a parar otra
vez al sanatorio y, en secreto, el 9 de diciembre fue sometido a una operación de “reducción
de volumen pulmonar” para quitar las partes enfermas de esos órganos.
El 14 de agosto de 2006 fue ovacionado en un acto de homenaje en el Congreso de la Nación con la
Fanfarría Alto Perú del Cuerpo de Granaderos a caballo General San Martín interpretando sus temas.
El ídolo agradeció pero no cantó. El 5 de octubre Sandro presentó en la Biblioteca Nacional un
disco con dieciséis poemas propios, “Secretamente palabras de amor”. El 13 de abril de
2007 Sandro se casó con Olga Garaventa, su compañera de los últimos años, en su propia casa. El día
de su cumpleaños de ese año hizo su última aparición frente a su casa para saludar a sus
seguidoras.
Sandro habló por última vez por radio el 10 de enero de 2008. En febrero de ese año empezaron
una serie de internaciones en el porteño Instituto Fleni y en abril se anunció que Sandro estaba en
la lista de espera del Incucai ante la necesidad de practicarle un trasplante de corazón y
pulmones. Un donante de 22 años hizo posible que Sandro fue trasplantado el 20 de noviembre en el
Hospital Italiano de Mendoza. Una esperanza que transitó un difícil camino y que finalmente no pudo
ser.