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"Uno no nace como varón, se hace"

Paradojas de la masculinidad. El psicoanalista Facundo Blestcher disertó sobre la sexualidad y el género. Y sostuvo que los modelos machistas están en franca decadencia.  

Domingo 28 de Abril de 2013

En días en los que una propaganda televisiva de milanesas de soja anima a los varones a hacerle caso a su "lado femenino", el psicoanalista e investigador en temáticas de género Facundo Blestcher sostiene que lo que se pondera como femenización del varón o masculinización de la mujer muta en cada época. Dice que hoy ya no se puede hablar de masculinidad sino de "masculinidades" y como síntesis de su pensamiento hace una adaptación de una frase de la filósofa y escritora francesa Simone de Beauvoir al decir: "Varón no se nace, se hace".

Blestcher va aún más a fondo al sostener que esa frase valdría para todas las identidades sexuales. "Uno podría decir transexual no se nace se hace y travesti o transgénero también", remarcó este viernes, horas antes de disertar en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario, sobre "Paradojas de la sexualidad masculina", en el marco de la Cátedra Libre Silvia Bleichmar.

Blestcher tiene 40 años y 17 como psicoanalista. Por más de 12 años fue discípulo de Bleichmar, una doctora en psicoanálisis, argentina, fallecida hace apenas cinco años. Su disertación se tituló justamente como uno de los libros de Bleichmar (ver aparte), publicado en 2006.

Allí, esta investigadora teorizó sobre la construcción de la masculinidad. "El psicoanálisis, tanto como la sociología y la antropología, reprodujeron esa linealidad que supone que porque se nace varón, la masculinidad viene dada. Esto es propio del sistema patriarcal, de los modelos más falocéntricos, machistas y logocéntricos de esas disciplinas. Algo muy diferente ocurrió con la feminidad que, desde Freud en adelante, sí produjo una teoría, luego sometida a debates, revisiones y conceptualizaciones en gran medida propiciadas por los movimientos feministas".

—La mujer que siempre puso en cuestión el feminismo era la de un único modelo que se definía respecto a ser madre, esposa o hija, como si fueran cuestiones genéticas. ¿Que pasó con el varón y la masculinidad?

—La masculinidad tradicional se constituyó sobre ciertos emblemas o ideales: el carácter proveedor del varón, la potencia sexual, la virilidad entendida como valentía y arrojo y la inhibición de los afectos. Las sociedades conservadoras reprodujeron esto que tampoco viene de la genética sino de cómo han sido educados y socializados esos sujetos. Ahora no hay patrones tan rígidos y estereotipados para sentirse varón: hay masculinidades. Algunas reproducen más linealmente los ideales heteronormativos, machistas y falocéntricos, y hay otras más innovadoras.

—¿A qué se debe que esos ideales se hayan flexibilizado?

—A que estamos en una transformación sociohistórica global, en un paulatino derrumbe de las narrativas tradicionales de la modernidad. Y tanto los movimientos políticos feministas como el empuje y apoyo de las minorías sexuales han hecho sus aportes a esta transformación.

—Pero se siguen escuchando expresiones sobre la virilidad como "Hijo é Tigre", y no pocos ven aún con buenos ojos a la iniciación sexual con prostitutas para que se hagan hombres.

—Sí, pero esos discursos sociales y ritos de masculinización se debilitaron, perdieron el valor instituyente que tuvieron en otro momento histórico y en otras sociedades, donde tenían un carácter fijo. Hoy no tienen ese valor, son prácticas más bien aisladas y privadas que reproducen representaciones de los discursos dominantes. En la cultura judía, ya lo decía Bleichmar en su libro, el Bar Mitzvah constituía originalmente un rito de pasaje: el abandono de la comunidad de las mujeres para ingresar en la de los hombres, al punto de que cuando se debe portar un muerto se requiere que diez hombres lleven el féretro, y se considera hombre aquél de sexo masculino que haya atravesado el Bar Mitzvah. O sea, se trata de un rito muy complejo y reglado. Quiero decir que la comunidad en su conjunto valida un rito, no un sujeto individual. Con respecto a los discursos del imaginario patriarcal, no producen virilización, muy por el contrario, terminan produciendo inhibición en términos sexuales. Hoy ya no nos encontramos sólo con varones que responden a ese estereotipo.
  —¿Valen los planteos como los de la ex titular del Inadi (María José Lubertino) quien expresó su disconformidad con los envoltorios rosas y celestes de los huevos Kinder al momento de discutir cuestiones de género?
  —Ciertas discusiones se pueden banalizar si no son propiciatorias de un debate de fondo. Uno puede advertir el carácter arbitrario de lo rosa y lo celeste porque no es más que una producción cultural; pero también implica una necesidad de organizar en la propia cultura los sentidos de la subjetividad. Lo que está en juego es la aceptación o no de la diversidad.
  —A esta altura se sabe que tener pito no constituye la masculinidad, ¿qué entonces?
  —Es una conformación compleja, de múltiples factores. Es el entrecruzamiento de aspectos pulsionales que remite a la dimensión de la sexualidad en el sentido psicoanalítico más estricto. Remite a la vinculación con las identificaciones, con el narcisismo, con las representaciones de género, los modos de poder en los imaginarios sociales; es decir, con aquellos discursos que se dan en determinada sociedad en un momento histórico y pautan la diferencia entre lo masculino y lo femenino.
  —Usted dice que lo masculino no gozó de teoría.
  —Sí, y esto se contrapone con los descubrimientos de la antropología que advirtió que en la mayoría de las sociedades primitivas la masculinidad no es para nada un atributo creado, ni se corresponde con el sexo anatómico sino que es un logro al que un sujeto arriba luego de un trabajoso proceso de conquista. El logro se adquiere a través del pasaje de una serie de pruebas con carácter crucial: son ritos de masculinización. Antropólogos como David Gilmore se refirió a esto de “Hacerse hombre”.
Estudió el conjunto de procesos que permiten a un sujeto instituirse como masculino en función de una serie de trabajos físicos o pruebas. Reitero, no se piensa la masculinidad como construcción, al menos hasta que Silvia Bleichmar publicó “Paradoja de la sexualidad masculina”.

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