En el mundo del fútbol está instalado que los partidos chivos se afrontan o se resuelven con jugadores de experiencia. Algo de eso tuvo este Central en ese empate transitorio de un viejo zorro como Ángel Di María, pero la alegría inmensa que se desató en el Gigante fue porque el Canalla rompió con ese molde, destrabó el partido y selló el pase a cuartos de final con un par de pibes de la casa.
Por supuesto todo los flashes fueron para Giovanni Cantizano, que fue prácticamente el autor intelectual y material de semejante victoria. El otro gran aplauso se lo llevó Elías Verón.
“En la mayoría no decidí bien”, fueron las palabras de Cantizano tras el empate ante Tigre, partido en el que estrelló un tiro en el travesaño y en el final optó por la individual en lugar de asistir a un compañero. “Uno aprende de esos errores”, dijo ahora tras la consulta puntual de Ovación.
Cantizano fue la llave con la que Central logró abrir el partido. Jorge Almirón lo mandó a la cancha en el reinicio en lugar de Enzo Giménez y desde la izquierda siempre se mostró incisivo, con gambetas cortas o largas, pero siempre intentando ir hacia adelante. Venía de un largo tiempo sin jugar y ahora le apareció la chance en dos partidos seguidos.
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Central encontró desequilibrio
Esa oportunidad la aprovechó al máximo. Porque, lo dicho, jugó con el desparpajo de un pibe, pero con la cabeza de un veterano. Recostado sobre la izquierda hizo lo que Central no había podido en todo el primer tiempo: desnivelar.
En una de las primera que tuvo encargó a pura gambeta y se la jugó por la individual, pero lo cerraron justo. Hasta que a los 38’ llegó ese centro de Coronel que lo encontró dentro del área, perfilado para el remate, tal como le había sucedido un par de días antes frente a Tigre. Pero esta vez no falló. Acomodó mejor el pie, le dio de derecha y la red se infló.
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El Canalla lo tenía controlado
Fue el momento en que las tensiones al fin bajaron. Porque hasta ahí el Canalla parecía tener el juego controlado, pero le era imposible romper el empate.
Era un pibe de 19 años el que lograba desatar tanta euforia en un Gigante de Arroyito en su máximo esplendor. Y fue ese mismo chico el que minutos después volvió a encarar como tantas otras veces y metió dos apuestas en paralelo, primero la individual y después la búsqueda hacia un compañero. Porque desairó sin problemas a su marcador y cuando vio que por el centro ingresaba Verón soltó el pase suave, para que el otro pibe de esta historia se luciera.
Verón jugó ante el Rojo su tercer partido en primera (venía de ser titular ante Tigre y de ingresar contra Libertad de Paraguay), otra vez en un puesto que no es el suyo. El lateral por derecha ingresó para morder en el medio, como lo había hecho en el choque copero del pasado martes.
La felicidad de Elías Verón
La cara de felicidad que se le vio a Verón en su salida del Gigante lo decía todo. Un nuevo partido en primera y encima su primer gol. Una tarde soñada.
Central fue un equipo al que le costó demasiado este cruce con Independiente, que tuvo a un inoxidable Di María para acomodar las cosas cuando la mano venía torcida, pero que halló en la juventud la llave del éxito. El arribo de esa tarde de alegría y de una ilusión que se potencia se dio por la osadía de los pibes, sobre todo por el lado de Cantizano, a los que Almirón les dio la responsabilidad. Los chicos armaron un fiesta grande.