Quisiera dejar una impresión acerca del tema del matrimonio, mal llamado así ya que la raíz de esta palabra se encarna en madre, de personas del mismo sexo. Dejando de lado toda opinión y orientación religiosa, que dicho sea de paso todavía el Estado adopta el credo de la Iglesia Apostólica Romana, y sólo basándome en experiencias muy cercanas de familiares que han adoptado niños, mi postura es que estas personas deben gozar de todos los beneficios de una unión civil. Creo que nadie discute la justicia de este hecho, en lo que refiere a bienes, ingresos, jubilación y obra social, pero el querer participar del tema adopción a estas parejas me parece una incoherencia de nuestros legisladores, ya que en las leyes de adopción el primer requisito es que sean matrimonios constituidos con una determinada cantidad de años, y deben demostrar idoneidad psicológica y económica, sin hablar de la cantidad interminable de aspirantes a adoptar que se encuentran en los juzgados. Me pregunto si en vez de debatir este tema con argumentos tan lábiles como la religión, puntos de vista morales y personales, no deberían llamar a personas idóneas que entiendan sobre psicología, familia y sociedad (psicólogos, pedagogos, asistentes sociales y sociólogos) que puedan echar luz sobre este tema tan escabroso y dejemos de perder tiempo en debates que no conducen a nada y lo único que demuestran es que así votan todas las leyes que nos gobiernan, por impulsividad, connotaciones políticas e ideológicas que no tienen un basamento científico. Peor aun, en bloque asintiendo al poder de turno sin mirar a quienes serán aplicadas. El deber de esta ley es que los posibles adoptados tengan la mejor familia que puedan tener. Punto. De esa premisa se debe buscar la verdad y creo que la mejor familia hasta hoy sigue siendo la de una mamá y un papá, sin por esto afectar a esta minoría que se debe sentir muy contenta con los derechos que han y deben seguir logrando.



































