Me hago eco de un comentario publicado en el periódico Mendoza Post, de esa ciudad, responsable de un jugoso artículo relacionado con la designación, por decreto, como directora del Banco de la Nación Argentina de una hija del actual ministro de Defensa, Agustín Rossi. Imperdible el trabajo del jefe de Redacción, no resiste el menor análisis el trabajo, toda vez que expone, más allá de su valentía, libertad de expresión mediante, la falta de humildad que expone la susodicha de nombre Delfina, al enfrentar las fuertes críticas habidas tras de su insólita designación. Sí, reitero: insólita, toda vez que para ocupar un cargo de semejante envergadura, con un suculento haber mensual, creo que por sentido común debería haberse hecho público un ofrecimiento por concurso como mínimo, más allá de que no ocurre en cargos de semejante responsabilidad. Me permito citar una frase escrita por el periodista mendocino: dijo alguna vez el gran cineasta italiano Roberto Rossellini: "La búsqueda de la humildad es lo más importante, especialmente si quieres edificar una ética, si quieres alcanzar una cierta moral". Pero habremos de convenir que la culpa no es del porcino (hablo con propiedad), sino del que le da de comer. Ella defiende a ultranza un nombramiento que le aseguraría un pasar de cuasi jeque árabe. Cuánta pena, cada día que pasa nuestra capacidad de asombro no tiene límites. Si saliera de la tumba el impresentable emperador romano Nerón, siempre con el pulgar hacia abajo, se me ocurre que diría: " ...vengo a percibir lo que me corresponde como derecho de autor: el pan y circo han sido compuesto por mí, de manera que el ente recaudador de impuestos vaya afinando la punta al lápiz ya que de acá no me voy sin cobrar…". Siento vergüenza ajena de pensar que el mundo nos mira, y los nostálgicos dirán: ¡Argentina, ¿qué te han hecho?!

































