San Jorge (enviado especial).— La pregunta flota en el aire y ninguna de las
respuestas que puedan ensayarse ayuda a mitigar el profundo dolor. Un escueto “por qué”
encierra teorías y horas de incertidumbre y la certeza de lo definitivo no hace más que ahondar la
angustia y la bronca. Las caras tristes, los ojos hinchados por el llanto, la desazón y la
impotencia de cientos de chicos y adultos acompañaron los restos mortales de una mujer que, como
muchas otras en este país, fue víctima de la perversión de un solo hombre.
Las angustiosas horas que vivieron los familiares, amigos y compañeros
de trabajo de Alejandra Isable Cugno, la directora de la escuela número 268 de Cañada Rosquín,
encontraron como único aliciente el denodado esfuerzo de policías y funcionarios de la Justicia que
en pocos días esclarecieron el hecho y apresaron al confeso autor del macabro episodio. Ahora resta
esperar que se apliquen los castigos que la ley prevé y el culpable purgue su condena, algo que
seguramente no terminará de calmar el dolor de doña Belkis, de 80 años, y de Mateo, de 5, la madre
y el hijo de la docente asesinada.
Como consuelo sólo quedarán los buenos momentos y el cariño que entre
sus familiares, la comunidad educativa y las personas que la conocieron dejó Alejandra Isabel Cugno
como mujer de bien, hija, madre y docente.
Los restos de la maestra fueron velados ayer en la ciudad de San Jorge y
posteriormente se realizó el sepelio en el cementerio de San Martín de las Escobas, donde la mujer
había nacido hace 42 años. En el trayecto del cortejo hacia su última morada, la extensa caravana
pasó frente a la escuela “Gobernador Molinas” de Cañada Rosquín, donde Alejandra era
directora desde julio de 2008. Allí, padres, alumnos y docentes de la institución dijeron presente
para despedirla entre responsos, aplausos y lágrimas.






























