La ciencia nos brinda cada vez más información en cuanto a avances y posibilidades. Lo fue el mapa genético. Lo es la posibilidad de fabricar sangre artificial, logrando crear eritrocitos a partir de células madre. Se avanza sobre el atlas de la actividad genética, cuyos datos serán esenciales para la medicina regenerativa. También son muchos los indicativos de generar vida artificial. Y más aún el científico Michio Kaku publicó un libro donde habla de inmortalidad, y cómo, en un futuro no tan lejano, los seres humanos podrán vivir para siempre. El divulgador y teórico dijo que cuando se pueda grabar el genoma y mapa del cerebro, que es donde se encuentra la memoria, las sensaciones y la personalidad, se podrá ser inmortal. ¿Quiénes somos?, preguntó. El punto de vista extremo es que somos información. A su vez, a nuestro alrededor, en el entorno cotidiano, las cosas se resuelven cada vez más en forma acelerada. La tecnología brinda soluciones impensadas, en teléfonos celulares, en programas y en equipos, donde la informática vuela. La vida en internet crece y las redes sociales multiplican en millones a quienes las usan. Pero cuando abrimos un libro y leemos historia, nos encontramos que la humanidad a través de los imperios _y el del poder en manos de pocos_ construyó la más increíble mano de obra, para la guerra y la paz, a través de la esclavitud. Los esclavos fueron quienes brindaron a sus amos la posibilidad de ser ricos y casi omnipotentes. Tal fue su aceptación que hasta quienes hoy son santos de la Iglesia hablaban de ser obedientes con los amos y de amar a Dios. Luego o siempre el Africa negra sufrió la más aberrante depredación. Y el mundo disfrutó de ese miserable comercio y los beneficios de usar a destajo el esfuerzo de esas pobres personas, de las que se decía no tenían alma, por lo cual, quienes lo usufructuaban, estaban libres de pecado. Luego la revolución industrial y las máquinas hicieron que los ingleses no toleraran la esclavitud, ya que era una competencia no deseada. El asalariado reemplazó al esclavo y el trabajo también ocupó a mujeres y niños en una despiadada explotación. Las cosas fueron mejorando, no hacía falta un trato tan aberrante ya que esa relación era tolerada. Los esclavos y el trabajo en condiciones deplorables evolucionaron, pero las diferencias se agigantaron, y hoy también el poder y el dinero están en manos de pocos, quienes no necesitan mostrarse para decidir sobre los demás. Lo que también hace que la democracia sea más bien una formalidad. Si cerramos un poco el libro y abrimos las ventanas, veremos carros llevados por caballos, con familias indigentes buscando un magro sustento de la limosna, o carritos de tracción a sangre humana juntando desperdicios o comiendo de la basura. Se defiende a los pueblos originarios sólo en los discursos, porque en la realidad viven en el más absoluto abandono. Y hasta los que trabajan son pobres en su gran mayoría, con sus más elementales necesidades postergadas. La educación es una máscara, donde la pobreza y la mala alimentación hacen que los maestros intenten lo imposible. Y la gran pregunta es con tal cuadro de situación, tanto en nuestro país como en el mundo, ¿qué será del futuro? ¿Un cambio que represente un salto hacia adelante en la calidad de vida o la sumisión por otras vías, que reemplace a los indígenas y esclavos por otra modalidad que nos lleve a situaciones similares?
































