La banda que encabezaba Carlos María Priotti y que el martes se prendió en un
feroz tiroteo con una brigada de la Sección Homicidios de la policía en San Martín y Uriburu, tenía
en sus dos handies todas las frecuencias radiales de la Unidad Regional II. "No sólo tenían las
frecuencias del Comando Radioeléctrico y de Patrulla Urbana, sino que además contaban con las de
Orden Público (que nuclea a todas las comisarías de Rosario) y las líneas internas y privadas de
cada seccional", explicó una fuente allegada a la investigación. Ese dato no es menor: le permitía
conocer a la gavilla la ubicación de cada una de las patrullas que estaban en su radio de
acción.
El saldo final de uno de los episodios más violentos y conmocionantes en lo que
va del año tuvo como saldo un cabo de la policía herido de un balazo, a Priotti pegándose un balazo
en la cabeza al verse supuestamente cercado y a sus dos cómplices heridos, uno de ellos en grave
estado. "Está muy grave. Le extirparon un riñón y buena parte del estómago", explicó una fuente
policial.
Tras el hecho, fueron secuestradas dos pistolas Browning calibre 9 milímetros
idénticas a las que usa la policía pero con su numeración limada y dos handys con el surtido menú
de frecuencias policiales que se comentó. "Habrá que investigar quien les proveyó esas frecuencias
internas de la fuerza", indicó un investigador.
Balacera infernal. Con el correr de las horas los pesquisas ganan en detalles
del accionar de la banda que el martes a la siesta circulaba a bordo de un Fiat Siena limpio y se
batió a sangre y fuego con dos agentes de Homicidios que presuntamente intentaron interceptarlos
para identificarlos, a metros de San Martín y Bonpland, en la zona sur de la ciudad. En el tiroteo
resultó herido el cabo Fabio Montoya con un disparo en la espalda, mientras que su compañero, el
sargento Luis Coronel, se enfrentó con los tres delincuentes.
Según las primeras pericias, se dispararon unos 60 proyectiles calibre 9
milímetros en cinco minutos. Mientras el vehículo de la banda quedó perforado, el Fiat Uno en el
que iban los policías sólo fue rozado por un proyectil. "Es algo por demás de llamativo", aseguró
al respecto un hombre de la fuerza.
"Por la cantidad de disparos es un milagro que no hubiera más heridos", ratificó
una fuente de la causa que investigan el juez de Instrucción Luis María Caterina y el fiscal
Donatto Trotta, junto a la división Judiciales y la Agrupación Unidades Especiales de la Unidad
Regional II.
Cercados.Tras la infernal balacera, los maleantes huyeron en el Siena rojo que
tenía dos neumáticos reventados. Hicieron cinco cuadras y quedaron estacionados en Esteban de Luca
al 700, donde los cruzó un móvil de Patrulla Urbana. Ante el cerco, Priotti se disparó en la cabeza
y murió pocas horas después en el Heca. Leandro Julio Godoy, quien conducía el Siena, se entregó.
Tenía un balazo en el tobillo izquierdo. El tercer integrante de la gavilla, de remera verde y pelo
largo, huyó herido en un taxi y apareció después internado en el Policlínico Eva Perón de
Baigorria.
Cuando Carlos Priotti se puso una pistola 9 milímetros en la sien y gatilló, no
sólo estaba cercado por la policía, también se estaba desangrando por una herida de bala que le
destrozó los testículos. "Hay varios impactos en el interior del auto que se hicieron desde
adentro. Eso muestra que los últimos momentos fueron de una marcada desesperación", analizó un
vocero. Cuando Godoy se bajó del auto con un balazo en el tobillo izquierdo "dejó sobre el asiento
una de las Browning secuestradas", relató un pesquisa.
El tercer integrante de la gavilla, herido en el abdomen, corrió hacia la
placita ubicada en Buenos Aires y Esteban De Luca. Ahí trató de arrebatarle un celular a un niño y
huyó en un taxi. Dos horas después llegó a la guardia del hospital de Granadero Baigorria con la
identidad de Damián Alberto Aguirre, de 29 años. Para los investigadores, él es "el hombre de
remera verde" que los testigos vieron disparar contra los policías en Uriburu y San Martín. "La
vestimenta que tenía coincide y su fisonomía también", relató un vocero.
Un hombre con códigos a la antigua
“¿Viste que te cuidamos?” le dijo un interno de la cárcel de Coronda
al fotógrafo de La Capital Angel Amaya en marzo de 2005, cuando junto a este cronista (Leo
Graciarena) se despedía del penal. Fue un mes antes de la masacre de 14 presos en la prisión más
importante de la provincia. Y el recluso agregó: “Te cuidamos porque de acá para allá mandan
ellos y de aquí para adentro nosotros”, redondeó señalando la última puerta con rejas y
volver a estar custodiados por el Servicio Penitenciario. Ese interno era Carlos María Ramón
Priotti, el hombre que el martes pasado se voló la tapa de los sesos al quedar cercado tras un
tiroteo.
Priotti fue uno de los internos que habló con La Capital para una serie de notas
publicadas el 20 y 21 de marzo de 2005. Los títulos eran “Acá te acuchillan por cualquier
cosa” y “Ya no es tan fácil armar un motín”.
A solas. La charla con Priotti se prolongó por más de una hora. Fue a solas y no
quiso fotos: “Tengo familia y no está bueno que te vean preso”, dijo.
El hombre escapaba claramente al estereotipo arraigado en el prejuicio popular
sobre el maleante detenido. No era “negrito, villero y analfabeto”, sino un conocedor
del Código Procesal Penal: “Acá tu abogado no está todo el tiempo y si no sabés de leyes, te
palmean la espalda y no te dan nada”, comentó.
Priotti había estado preso en cuatro provincias. Cordobés de Marcos Juárez, cayó
por primera vez en 1985. “Los códigos que se tenían antes se perdieron. Hace 20 años, había
otra formación acá adentro y la edad promedio era de 35 años. Hoy es de 21 y los pibes llegan con
delitos mucho más graves”, dijo.
“Este es el centro de todos los males y los problemas que la sociedad no
resuelve los encontramos acá”, explicó Priotti. “¿Sabés lo que pasa? Nosotros no le
importamos a nadie. Somos un número y la rehabilitación es una mentira para que la sociedad se
quede tranquila. Vos te rehabilitas porque te cansás, no porque en la cárcel te ayuden. Es como
dice el tango «el ladrón se hizo decente porque no tiene a quien robar»”, explicó Priotti
parafraseando la letra del conocido tema “Al mundo le falta un tornillo”, de Enrique
Cadícamo y José María Aguilar.