La policía rosarina investigó ayer durante casi 20 horas la desaparición de un
muchacho de 19 años cuya familia denunció que había sido secuestrado. Finalmente, el joven apareció
en buen estado de salud ayer a la tarde en la zona ribereña de la ciudad de San Lorenzo.
El caso presenta aristas confusas ya que en un primer
momento fue presentado como un secuestro extorsivo. Luego, con el transcurso de las horas, esa
versión se fue desvaneciendo y voceros policiales dudaron de la veracidad del suceso. Finalmente,
distintas fuentes policiales y del Ministerio de Seguridad confirmaron a La Capital que "el
secuestro nunca existió".
Todo se inició cerca de las 21 del lunes. A esa hora,
Maximiliano G. salió en un Chevrolet Corsa verde de su casa de México al 200 bis con dirección al
cámping del Sindicato de Luz y Fuerza ubicado cerca del supermercado Makro, en Circunvalación y la
autopista a Santa Fe, donde jugó al fútbol con unos amigos.
Unas dos horas después, según el relato familiar, el
muchacho salió del cámping y no regresó a su vivienda: sus parientes le perdieron el rastro. Cerca
de la medianoche, una tía recibió un llamado desde el celular del joven. "Tenemos secuestrado a
Maximiliano y queremos 100 mil pesos para largarlo", dijo un hombre.
Cuarenta minutos después, la tía del muchacho recibió otro
llamado con la misma advertencia. La mujer se contactó entonces a la casa de la abuela del joven,
donde él vive porque sus padres fallecieron, y decidieron denunciar el suceso a la policía. El caso
fue tomado por la sección Seguridad Personal y la Tropa de Operaciones Especiales (TOE).
Intervención.
La otra cuestión que es que el
muchacho trabaja en una empresa de alimentos y, al parecer, su familiares no tienen "una fortuna".
A su vez, los contactos telefónicos de los captores se interrumpieron durante la mañana de ayer y
finalmente, cerca de las 17.30, un amigo de Maximiliano lo encontró en la zona ribereña de San
Lorenzo, en la calle que bordea a la costa.
En ese lugar, según dijo, lo habían
dejado cuatro hombres que se movilizaban en una Traffic blanca. Tenía el rostro vendado y las manos
atadas. Llegó en "estado de shock" a la comisaría 1ª de esa ciudad, donde fue atendido por un
psicólogo de la TOE. Y de allí fue trasladado al juzgado federal 4 de Rosario, a cargo de Marcelo
Bailaque, donde anoche prestó declaración testimonial.
A las 19.30 de ayer, dos horas
después de que apareciera el muchacho, agentes de Seguridad Personal encontraron el Crevrolet Corsa
en 9 de Julio al 3100. Estaba cerrado y, en su interior, había un par de zapatillas y los botines
del Maximiliano. A los investigadores ya no le quedaban dudas de que se trataba de una falsa
denuncia, pero ignoraban por qué el joven pergeñó la historia.
Los pesquisas interceptaron las llamadas telefónicas y establecieron
los sitios de dónde provenían. Hasta ese momento, los investigadores presumían que estaban frente a
un secuestro extorsivo. Sin embargo, un par de datos les llamó la atención. "Unos días antes el
joven le había dicho a la abuela que algo podía pasarle", contó un oficial.
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