Al señor Diego Dolce, que en su carta del 15 de noviembre de 2011 relata el sufrimiento que le toca vivir por no poder ver a su hijo desde hace tanto tiempo, quiero decirle que siento su dolor como propio. Soy padre de dos criaturitas de 12 y 6 años, que son la luz de mis ojos. Yo no tengo el problema que el tiene porque gracias a Dios estoy casado con la madre de mis hijos y vivimos los cuatro juntos, pero tan sólo imaginarme que no pueda ver a mis hijos todos los días viene a mi corazón un dolor tan grande que sólo un padre que ama verdaderamente a sus hijos podría sentir. No podría imaginar el dolor de Diego que hace varios años que no puede ver a su hijito. Quiero decirle a la mamá del nene que los problemas que ellos hayan tenido los tienen que arreglar entre ellos, la criatura no tiene por qué ser usada para crear dolor al otro, porque al fin y al cabo la criatura sale perdiendo. El relato de Diego me conmovió, y estoy seguro que dice la verdad sobre su dolor y sentimientos hacia su hijo. Espero que la Justicia haga lo que tenga que hacer para que padre e hijo vuelvan a verse y en un abrazo interminable lloren de felicidad. Diego, estoy a tu disposición para lo que sea, no soy abogado ni juez, sólo un padre que sufriría como vos si algo así le pasara. Un gran y fuerte abrazo.































