Un joven oficial de la policía rosarina usó su arma reglamentaria de la peor
manera posible para poner fin a la conflictiva y tensa relación que mantenía con su ex pareja. El
muchacho, agobiado por la situación, mató a su pequeño hijo de 2 años con un disparo en la cabeza y
luego se quitó la vida de la misma forma. El drama tuvo como escenario una vivienda de la ciudad de
San Lorenzo en la que residía el agente tras su reciente separación y fue descubierto por la propia
madre de la criatura.
Matías Hernán Micechi tenía 25 años y en diciembre pasado había egresado con el
rango de oficial subinspector del Instituto de Seguridad Pública. Desde entonces prestaba servicios
en el Cuerpo Guardia de Infantería de la Unidad Regional II, donde era bien considerado por
compañeros y superiores.
Pero más allá de su trabajo, Micechi atravesaba por una situación de crisis en
su pareja. Tras separarse de su esposa, Susana María V., de 20 años, el muchacho se había instalado
en un departamentito que se levanta detrás de la casa de su abuelo, en Gurel 810, en el barrio
Bouchard de San Lorenzo. El matrimonio tenía un hijo, Tomás, de 2 años, quien vivía con su mamá en
una vivienda del Batallón de Arsenales de Fray Luis Beltrán.
Mensajes sin respuestas. La tarde del sábado, Micechi fue a buscar a su hijo a la
casa de la mamá y lo llevó para pasar el fin de semana en San Lorenzo. "El policía iba a cuidar al
nene porque la mujer estaba trabajando en un salón de ventas", explicó un investigador.
El mismo vocero comentó que la vida de pareja del oficial y su esposa era
tortuosa. Al parecer, ella había decidido terminar con la relación y él no lo aceptaba. La última
vez que se vieron fue el sábado a la tarde y, en esas circunstancias, hubo una fuerte discusión
antes de que el uniformado se marchara con Tomás.
Poco después, Susana intentó tranquilizar a Matías a través de mensajes de
texto. "Se puede arreglar", le había indicado en uno de los textos que obran como prueba de la
pesquisa. Sin embargo, Micechi nunca los respondió. Eso inquietó a la mujer, que cerca de la 1 de
la mañana del domingo, cuando terminó de trabajar, decidió ir a la casa del policía para conversar
y ver al pequeño. Pero nadie abrió la puerta.
Sin embargo, la chica distinguió por la cerradura que había luz en el interior
de la propiedad. Y, preocupada, fue a buscar al padre del oficial, Raúl Micechi, para saber si
tenía novedades sobre su hijo y su nieto. El hombre dijo no saber nada de ellos y se contactó con
la Unidad Regional XVII. Hasta la casa llegó una comitiva que ante la falta de respuestas derribó
la puerta de la casa. Apenas ingresaron divisaron una escena desgarradora.
El nene estaba acostado en la cuna con un balazo en la cabeza. "Al parecer,
cuando recibió el disparo, el chico dormía", contó el vocero consultado. Sobre la cama principal,
en tanto, yacía el cuerpo sin vida de Micechi en medio de un charco de sangre. También tenía un
tiro en la cabeza. El portavoz policial señaló que el uniformado mató a su hijo con su arma
reglamentaria —una pistola 9 milímetros— y luego se suicidó.