El agente de policía de 29 años detenido luego de que su novia recibiera un disparo en la cabeza que le provocó muerte cerebral quedó imputado de una grave figura penal: el intento de homicidio calificado de su pareja, un encuadre que se desprende de legislación reciente en materia de violencia de género. El efectivo se desmarcó de esa acusación al asegurar que no disparó, sino que la chica intentó suicidarse con su arma reglamentaria en medio de una discusión. Tras escuchar la versión del policía, el juez que investiga el caso requerirá un informe a Criminalística para establecer si la distancia y dirección del disparo se ajustan al relato del efectivo.
El agente Amílcar O., en uso de licencia al momento del hecho, fue indagado el martes por el juez de Instrucción Nº 7, Juan Andrés Donnola. El efectivo dio entonces su versión sobre cómo sucedieron los hechos el domingo a las 19.30 en su casa de Valparaíso al 2500, en villa Banana, cuando su novia Priscila Romero recibió un balazo en el rostro. Dos horas antes de ese desenlace, un vecino había llamado al 911 al escuchar incidentes dentro de la casa, donde según otros testimonios la chica sufría situaciones de maltrato. Dos cuestiones que, ahora, la investigación penal intentará despejar.
La joven era cadete del 2º año de la escuela de policía y está internada en el Heca, donde el martes le diagnosticaron muerte cerebral.
Discusión. Al ser indagado en el juzgado de Donnola, ante la fiscal Nora Marull y la defensora oficial Claudia Torielli, el agente O. relató que todo ocurrió en medio de una discusión en el dormitorio. El policía le pidió a la joven que se fuera de su casa, donde convivían, pero ella se negó y llegó a tomar unas esposas con la intención de aferrarse a algún lugar de la vivienda. En la parte delantera de la casa estaba la madre de la Priscila, quien al parecer acudió enterada del conflicto en la pareja.
En un momento, según relató el agente, la chica tomó el arma reglamentaria 9 milímetros que el policía guardaba en la habitación y se disparó en la sien derecha mientras él se encontraba detrás de un biombo. Al escuchar la detonación, la madre de la chica y otros familiares entraron a la pieza cuando el agente O. comprimía la cabeza de Priscila para evitar la pérdida de sangre.
Pericias. Tras escuchar al efectivo, el juez Donnola requerirá a la División Criminalística de la policía que despeje las incógnitas técnicas del caso. Pedirá a los peritos que precisen, con el informe del forense en mano, si es posible que el disparo lo haya efectuado la propia víctima. Que determinen si existen rastros de que el arma ha sido apoyada en la frente de la chica. Y precisen cuál fue la distancia y dirección del disparo. Por todo esto, el resultado de esa pericia será clave en el caso.
Más adelante, de ser necesario, el juez podría pedir una reconstrucción para establecer si el relato del policía se ajusta a los hechos. El efectivo, mientras tanto, sigue detenido y afronta una grave acusación: intento de homicidio calificado. En los crímenes consumados esa figura prevé prisión perpetua, lo que se reduce en casos de tentativa.
Ese encuadre fue aplicado al caso porque a partir de una reforma de diciembre de 2012 esta figura, que agravaba la imputación por matar a un integrante del matrimonio, se hizo extensiva al "cónyuge", "ex cónyuge" o personas con quien el agresor "ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia". Así lo dispuso la ley 26.791, que incorporó la perspectiva de género a distintos artículos del Código Penal. En este caso, se considera determinado que la pareja convivía bajo un mismo techo.