Quiero recordar desde el corazón un lugar sencillo, acogedor, una familia. Hablo del Sanatorio Santa María, que funcionó en calle 9 de julio 1438. Era una maternidad por excelencia, por donde muchas mujeres pasamos el momento más lindo de nuestras vidas, trayendo un hijo al mundo. Vi con mucha pena caer sus paredes, fui hasta el lugar y no pude evitar mi tristeza al ver el descampado. Recorrí cada rincón con mis ojos y recordé al dedillo cada lugar que ahí estaba, la sala de partos, el quirófano y cada uno de sus sitios. Qué lástima no haberlo conservado como un patrimonio al menos. Nos albergó a cada una de las madres que elegimos ir ahí a parir. Quedan los lindos recuerdos de la buena atención que nos dispensaran todos sus integrantes, que por siempre fueron los mismos, algo inusual hoy. Fui con una de mis hijas hasta ahí, recordamos muchas cosas lindas, vamos por siempre a seguir recordando y agradeciendo todo lo que ahí vivenciamos, y que la ciudad que tuvo por muchas décadas este lugar de valor familiar y médico, sepa que cada ladrillo caído y cada rincón que ahí habiten, guardará el primer llanto de miles de bebés recién nacidos, incluidos el de mis cuatro hijas. El cartel que decía Sanatorio y Maternidad Santa María, verde y blanco, alumbrará por siempre nuestros recuerdos.































