Un día yendo por la zona sur de Rosario y pasando frente al Club Tiro Suizo alzo mi vista y veo a una mujer herida, pero de pie a pesar de todo. Me acordé de tantas mujeres que soportan las inclemencias de la vida y los golpes, los ataques, pero subsisten. Creí escucharla, por eso me detuve. Su voz era suave y a la vez firme: "¡Escúchame! - me dijo- al menos tú ,óyeme!". Me detuve, disimulé sentándome en el borde del tapial por si alguien se enteraba de que estaba conversando con una estatua y me creerían loca. Ella me dijo: "Mi nombre es Libertad. Y aquí donde yo impongo mi realeza, ahora bastante destruida, hay gente que practica tiro al blanco por deporte y otros para poder defenderse de la falta de libertad que tienen quienes transitan las calles de esta ciudad. Así que cuídate porque a mí me están restaurando pero a los humanos será cosa difícil si no toman conciencia".Me quedé impactada, muda ante semejante mensaje. Pero me acordé que muchas veces Dios nos habla a través de las cosas, sólo hay que prestar atención. La saludé con un beso mientras todo mi cuerpo temblaba, no sé si de emoción o de miedo y una lágrima tibia cayó desde la altura humedeciendo mi rostro.

































