Corrían los finales de la década del cincuenta. Un puñado de hombres jóvenes y barbudos buscaron refugio, casa y comida; cinco hamacas y al piso con sus petates. Y allí estaba ella, Joaquina, con su corazón abierto y generoso, preparando en grandes ollas la comida y el abrigo. Estaba el Che, Fidel, el hermano de Joaquina el famoso luchador "Kid" Vanegas, entrenador de los muchachos en la montaña y con él casi cincuenta hombres. Los atendió, los protegió y sin querer fue el alimento de la revolución cubana. El asalto al cuartel de Moncada se preparó en esa casa de la calle, Penitenciaría, en la Colonia Morelos del DF. La misma casa que albergó al dueño de la imprenta, donde trabajó el más popular de los grabadores mexicanos, Guadalupe Posadas. La misma casa de puertas generosas, que nos recibió a nosotros en noviembre de 2011, para estar cerca de espíritus solidarios, día de muertos, populares y familiares famosos y desconocidos, todos juntos en el altar familiar de los Vanegas Arroyo. Y nosotros tendiendo la mano a la historia, simple y profunda de chiles y aguas de Jamaica, de pólvoras y tintas.































