Una docente jubilada que vive en Rosario y estuvo dos años y medio sin poder obtener su nuevo DNI porque "no se pueden registrar sus huellas digitales" o porque le "habían robado la identidad", según las explicaciones que le dieron en organismos de la Nación y de la provincia de Santa Fe, finalmente logró recibir su documento en apenas tres semanas después de que contó su increíble historia a La Capital del domingo 7 de diciembre último.
Ana María Marchetti, de 69 años, trabajó casi toda su vida en su Sancti Spíritu natal, un pueblito enclavado en la punta de la bota santafesina, y cinco años en la sede del Ministerio de Educación en Rosario, la ciudad donde se quedó a vivir. Seguramente jamás imaginó que debería padecer la odisea de hacer decenas de llamadas telefónicas a oficinas del Registro Civil, del Registro Nacional de las Personas y de tribunales electorales a Rosario, Buenos Aires y Santa Fe, concurrir otras tantas veces a gestionar el nuevo documento y armar una carpeta con un sinnúmero de comprobantes desde el lejano invierno de 2012, cuando fue al Registro Civil de la calle Salta a tramitar su DNI.
Como la historia de la época colonial de los gauchos de Buenos Aires que cansados de tramitar el permiso real para plantar un laurel lo colocaron igual y que cuando el rey lo mandó talar hicieron una guitarra con la madera del árbol y le dedicaron una zamba, Ana María pudo finalmente plantar el arbolito de su nuevo DNI el martes 30 de diciembre, cuando lo recibió después de dos años y medio interminables.
"El domingo 7 de diciembre salió el artículo en La Capital, el lunes fue feriado y el martes a la mañana nos llamaron desde el Registro Nacional de las Personas cuando estábamos con mi esposo en el podólogo. Entré primero y atendió él y me dijo que tenía una buena noticia: me había llamado el señor Alejandro Conde. Era el mismo que me había atendido cuando llamé a Jurídicas y me dijo que no me iban a contestar la carta documento hasta que mi hermano, que vive en Pergamino, fuera a atestiguar sobre mi identidad", recuerda Ana María el comienzo del final feliz de su historia, mientras aprieta su flamante DNI, al que ni siquiera le despegó el papelito autoadhesivo.
-¿Aparecieron sus huellas digitales?
—No sé. Cuando le dije «cómo le va» me preguntó si lo conocía y cuando le recordé que me había tratado bastante mal me dijo que no podía ser pero igual me pidió mil disculpas. Me dijo que me llamaba para pedirme el teléfono de mi hermano en Pergamino para que no tuviera que esperar la citación de la policía para atestiguar sobre mi identidad. Mi hermano no usa celular y no sé el número fijo de memoria, así que me volvió a llamar al día siguiente. «Usted no llame, no gaste, deje que yo la llamo», me dijo. ¡Si supiera lo que gasté en estos dos años y medio!
-¿En un día la llamaron más veces que en dos años y medio?
—Tal cual. Ese martes me llamaron dos veces del Registro Civil de la calle Salta y cuatro veces desde Buenos Aires. Me dijeron que tenía que ir el viernes a la calle Salta y mi hermano tenía que ir a la policía de Pergamino. Pero el miércoles me llamó a las 6 de la mañana el señor Chorrarín, una persona muy amable, también desde Buenos Aires, para decirme que yo no tenía que ir a la calle Salta ni mi hermano a la policía. "Ya tengo sus huellas, me llegaron desde la Junta Electoral y coinciden con las suyas. Está todo solucionado", me dijo esta persona.
-¿Qué pasó entonces con las huellas digitales?
—Le pregunté si le parecía que yo haya tenido que publicar mi caso en el diario para solucionarlo y él me dijo: "Yo no lo vi, pero tengo una orden de solucionar esto a la brevedad. Las huellas digitales antes se tomaban con tinta, pero con la humedad y el tiempo se arruinaban. Pero lo más importante es que ahora sus huellas ya están".
-¿Y cuándo le llegó el DNI?
—El 30 de diciembre a la mañana vino el cartero de Oca con el DNI y me pidió el papel blanco que me habían dado en el Registro Civil hacía dos años y medio. Me puse a buscarlo pero no tenía ni idea de dónde podía estar después de tanto tiempo y de la carpeta de papeles que había armado. No me lo pudo entregar así que tuvimos que ir a Oca a las tres de la tarde con la carpeta y les mostré hasta el artículo del diario porque tampoco me lo querían entregar si no tenía el papelito blanco hasta que finalmente me lo dieron. En la foto estoy gorda, con cara de galleta, porque desde entonces bajamos 30 kilos. Eso sí, lo tengo guardado bajo siete llaves.
Ahora podrá conocer el sur
El año pasado Ana María Marchetti y su esposo no pudieron viajar a El Calafate y Ushuaia porque debían pasar por Chile y ella no podía salir del país porque no tenía el nuevo DNI, que tramitaba en vano desde hacía casi dos años y medio. “Usted solamente puede viajar dentro del país porque no puede salir sin el DNI nuevo”, le dijeron. ¿Ahora van a conocer el sur?, le preguntó ayer este diario a Ana María. “En eso estamos. El año pasado nos quedamos con las ganas”.