En Rosario la policía no existe, al menos para cuidarnos. En la plaza 25 de Mayo, donde se encuentran la Catedral, la Municipalidad, el Museo Estevez, el Consulado de España y la dependencia del Senasa, no existe la policía. Hay una garita en el final de la peatonal Córdoba, en la esquina de Laprida, siempre vacía, convirtiendo a la ciudad en tierra de nadie. Cuando regreso de Fisherton, entre las 23 y 24, nunca hay un policía o patrullero, sólo motochorros sin control; siempre es igual, el día que sea. El sábado pasado caminé por la costanera, desde Laprida a los silos Davis. Había mucha gente y todo en calma, las familias, chicos y no tanto, disfrutando de una hermosa tarde; pero no vi policías, no vi inspectores municipales, no vi nadie controlando o limpiando. Hace unos días, durante la mañana, salí de mi casa por calle Santa Fe y observé que en la esquina de Sarmiento se producía un corte por algún reclamo, efectuado por muy pocas personas. Pero para mi sorpresa había tres patrulleros policiales custodiando y haciendo compañía a quienes reclamaban. Me parece bien que se hagan presentes para estas situaciones, pero me llamó la atención debido a la ausencia de control a la que nos tienen acostumbrados. He sido víctima de múltiples robos de distintas modalidades y nunca logré una respuesta satisfactoria de la policía, diríamos más concretamente; no conseguí nada. Ya no hago denuncias para evitar ir a una comisaría y realizar un trámite inútil. Pobres los argentinos, ojalá alguien nos salve de los funcionarios ineficientes.




































