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Tablada sigue bajo el imperio de las balas y llora a una nueva víctima fatal

"Lo único que te puedo decir es que a mi mamá me la mataron mal". Osvaldo tiene 40 años y es uno de los tres hijos de María Simona Benegas, quien murió el martes pasado al quedar en medio de una balacera en barrio Tablada. La Gringa, como conocían en el barrio a esa mujer de 78 años...

Lunes 05 de Enero de 2009

"Lo único que te puedo decir es que a mi mamá me la mataron mal". Osvaldo tiene 40 años y es uno de los tres hijos de María Simona Benegas, quien murió el martes pasado al quedar en medio de una balacera en barrio Tablada. La Gringa, como conocían en el barrio a esa mujer de 78 años, estaba sentada en la puerta de su casa de 24 de Septiembre 90 a la hora de la siesta junto a dos de sus nietos cuando recibió tres balazos, uno de ellos en la cabeza. "Nosotros no sabemos nada porque no estábamos. En el barrio se dicen muchas cosas, pero nosotros no vimos nada", indicó Osvaldo. Además hubo otra mujer, de 58 años, herida por los tiros. Por el crimen hubo cuatro detenidos que recuperaron la libertad con el correr de las horas.

  Hombres en motos empuñando armas de gruesos calibre y disparando a lo loco. De eso es lo que hablaban todavía ayer los vecinos que habitan calle 24 de Septiembre, desde Esmeralda hasta Necochea. "Mi mamá no tuvo tiempo a nada. Así como estaba sentada quedó. Era habitual que ella se sentara en la vereda a tomar fresco. En ese momento estaba con dos de sus nietos. Uno de ellos tiene 2 años. Imaginate si una bala le pegaba en la cabeza al nene", explicó Osvaldo, quien trabaja como empleado municipal. "Sobre cómo pasaron las cosas no te puedo decir porque cuando llegué a mi mamá ya la habían llevado al Heca. Se habla mucho, pero nosotros no vimos nada", repitió.

  Benegas fue herida pasadas las 15.30 del martes 30 de diciembre cuando estaba sentada frente a su vivienda, ubicada a unos 30 metros de la esquina de 24 de Septiembre y Necochea. En un móvil policial la llevaron desde la puerta de su casa, donde ayer todavía se observaban manchas de su sangre, hasta el Heca. Pero falleció pasadas las 21. "Tenía impactos de bala de los dos lados. Además del disparo en la cabeza que la mató, tenía un balazo en el brazo izquierdo y otro en la pierna derecha", contó su hijo. Y explicó: "A mi mamá no le dieron tiempo a nada. Es mentira que ella quiso cubrir a su nieto (de 26 años y a quien presumiblemente le dispararon). No tuvo tiempo a nada". La mujer era viuda y nativa de la zona. "Siempre vivimos en el barrio pero por calle Biedma. Acá vivía desde hace cinco o seis años", recordó.

 

Bandas antagónicas. Fuentes policiales y vecinos de la cuadra coincidieron en que lo ocurrido el martes fue otro episodio de la guerra entre bandas antagónicas que pelean por el control de la calle. Tras el crimen a balazos el 15 de septiembre pasado de Paulo Pichi Acosta ocurrido en Medici y Lola Mora, La Capital caminó por la zona y habló con los que allí viven.

  Los vecinos aseguran que sólo quieren volver a sentarse en la vereda para tomar unos mates o una gaseosa e ir a trabajar tranquilos. Explican que sienten miedo y cuentan con sus palabras la existencia de un círculo vicioso que les impide confiar en la policía y en la Justicia. Que se sienten rehenes de la peleas de pibes que disparan a lo loco.

  En esa lucha distinguen claramente dos enfrentamientos. Uno, por la venta de drogas —cocaína, marihuana y pastillas, fundamentalmente— que dirimen la banda de Biedma con la de Grandoli. El otro, una serie de venganzas que se inició por el asesinato a puntazos de Angel Ramírez, la madrugada del domingo 28 de noviembre de 2004 en Rioja y Corrientes. Y la balacera del martes último tendría que ver, según confiaron los investigadores, con esta última disputa.

  Dónde comenzó la persecución a tiro limpio es aún una incógnita. Lo que quedó claro es que tuvo su punto de máxima tensión en las dos cuadras que van por 24 de Septiembre desde Esmeralda hasta Necochea.

 

Los tiros previos. La primera vivienda que sufrió el intercambio de disparos fue la de Carlos, un estibador de 56 años que vive en el 67 bis de 24 de Septiembre. Las balas ingresaron por la ventana de la habitación de su hijo Juan Pablo, de 20 años, quien padece una discapacidad motriz que lo obliga a movilizarse en sillas de ruedas. Un proyectil perforó la abertura de aluminio y se incrustó a unos 60 centímetros de donde el joven dormía la siesta junto a María Esther, su madre de 58 años. "Mi esposa escuchó una ráfaga y se levantó. Fue justo cuando la bala pegó contra la ventana y el vidrio estalló hiriéndole la cara del lado izquierdo", relató Carlos. Sus vecinos fueron más allá: "Acá hubo una metra (por ametralladora) y mucha 9 milímetros", recalcaron.

  Después llegó el crimen de la Gringa Benegas. Y por ese hecho los efectivos de la Inspección de Zona 3ª detuvieron a cuatro personas y secuestraron un arma de fuego y dos motos: una Honda 250 color rojo —con dos balazos en su cuadro— y una Yamaha Crypton azul. Entre los detenidos resonaron nombres como los de Ariel Daniel T., de 16 años, apodado Pichicuita y apuntado en el homicidio de Paulo Acosta, ocurrido en septiembre pasado. También estaba Milton D., de 19 años, quien sólo durante 2007 fue baleado en al menos dos oportunidades. Los investigadores indicaron que Milton está enfrentado con Joel S., de su misma edad, quien estuvo preso acusado de haberle disparado siete tiros el 4 de enero de 2008 en el cruce de Chacabuco y Garibaldi.

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