El dueño de una casa de venta de artículos para fotografía de la zona sur de la
ciudad y su esposa fueron sobreseídos por la Justicia al entender que mataron a un joven de 17 años
que intentó asaltarlos junto a un cómplice en uso de su legítima defensa. En el mismo fallo fue
procesado como partícipe primario del hecho un remisero que habría llevado a los maleantes hasta el
lugar del atraco. Y, además, se llamó la atención sobre la intervención policial en el episodio
debido a la desaparición del arma homicida.
La resolución judicial lleva la firma del juez de Instrucción número 15, Jorge
Baclini, y favorece a Carlos Carusso, de 64 años, y a su esposa, Marisa Borelli, de 43, quienes
fueron protagonistas de un violento atraco ocurrido la tarde del 12 de marzo pasado en su negocio
de avenida del Rosario y Lituania, en el corazón del barrio Saladillo.
Según surge de la investigación judicial, aquel día dos jóvenes ingresaron al
comercio y después de preguntarle a Carusso si les podía bajar un par de fotos de una cámara
digital desnudaron sus verdaderas intenciones. Con un arma de fuego en la mano empujaron al
comerciante hacia el fondo del local, le pegaron un culatazo en la cabeza y se apoderaron de dos
cámaras fotográficas y algo de dinero. Después encerraron a Carusso y a su esposa en una habitación
trasera y huyeron.
Fue precisamente en el escape de los ladrones que el hecho tomó ribetes
trágicos. Una estampida alteró la tranquilidad del barrio y uno de los delincuentes, luego
identificado como Walter Ayala, de 17 años, fue alcanzado por una perdigonada en el hemitórax
izquierdo. Algunas esquirlas de ese disparo, incluso, hirieron en una pierna a un vecino que estaba
frente a la puerta de su casa. Enseguida, los maleantes subieron a un viejo Peugeot 504 conducido
por Luciano S. Ronchi, a quien le pidieron que los lleve al Hospital Sáenz Peña.
Unas cuadras antes de llegar al centro asistencial, el cómplice de Ayala,
identificado como Pablo R. y aún prófugo, se bajó del vehículo y dejó que el chofer llegara al
lugar con el joven malherido. Sin embargo el pibe entró muerto a la guardia y Ronchi terminó
detenido como presunto cómplice del dúo delictivo. En su fallo, Baclini lo procesó como partícipe
primario del episodio al entender que actuó como chofer de los asaltantes, aunque el hombre dijo
que trabajaba como remisero, que fue sorprendido por los delincuentes, y que nada tenía que ver con
lo ocurrido.
Acerca de quien efectuó el tiro que terminó con la vida de Ayala, la
investigación policial dio por sentado que había salido del local de fotografía asaltado y por eso
Carusso y su esposa fueron imputados. Sin embargo, el juez Baclini dijo no haber encontrado pruebas
suficientes para saber certeramente cuál de los integrantes del matrimonio realizó ese disparo y
consideró que, "aún en el supuesto de que alguno de ellos cometiera el homicidio, esa reacción
quedaría justificada por haber actuado en legítima defensa".
El magistrado entendió asimismo que, si bien la víctima recibió el disparo por
la espalda, es probable que se debiera a una huida defensiva al advertir que uno de los
comerciantes tenía un arma. Y evaluó que para que exista una defensa legítima en ese caso no es
necesario esperar a que el agresor dispare.
Bajo la mira.Finalmente, el fallo pone de manifiesto los errores del accionar
policial en torno al hecho y por eso el juez decidió remitir el expediente a la Dirección de
Asuntos Internos de la fuerza para que se investigue a los uniformados.
Al respecto, Baclini remarcó que surge del testimonio de un vecino que él mismo
le había entregado a un agente un pistolón utilizado en el hecho y con el cual posiblemente se haya
dado muerte a Ayala. No obstante, esa arma jamás apareció. Asimismo, nunca llegaron al despacho del
magistrado las fotos tomadas en el lugar por los peritos de la Unidad Regional II, pruebas que
podrían haber echado algo más de luz en el caso.