Se fue, simplemente. A su estilo. Casi como en puntas de pie. Se fue un grande, se fue Gary Vila Ortiz, alguien que hizo de la cultura un hecho cotidiano. Tengo innumerables anécdotas, vivencias y alegrías con él. A los veintipico de años, en el diario La Capital, fue mi primer encuentro al llevarle unos poemas cuando él era el responsable de la sección literaria. Participé con tres cuentos en el concurso que abrió desde la Dirección de Cultura Municipal y fui uno de los ganadores junto a Alma Maritano y Alberto Lagunas. Luego, cuando fui director artístico de LT8, y gracias a haber logrado un nivel de audiencia que nos colocaba como la primera radio del interior del país, me di algunos lujos, entre ellos el de crear un programa de 13 a 15, que se denominó “Cara a cara”, y junté a tres de los más destacados comunicadores de ese momento, aún no superados: Ignacio Suriani, Hugo Posadas (quien falleciera prematuramente y que fue un gran amigo de Gary) y Gary Vila Ortiz. Se tocaron todos los temas, aun los más profundos, con calidez, con una sonrisa en los labios y con una enorme solidez intelectual, que hizo de ese programa y del resto de la programación, que se ganaran premios que hoy llenan las vitrinas de LT8, desde el Santa Clara, en varias oportunidades, el Martín Fierro, y un un premio que hasta ahora no ganó nadie, ni antes ni después en nuestra ciudad, que fue el San Gabriel, otorgado por el Episcopado argentino, por el excelente nivel de la programación de la emisora. Pero hay algo que debo decir, me duele que sólo se valore a quienes han dado tanto, en el momento de la partida. Me duele esta aldea, a la que tanto amo, que ha fundado su crecimiento en el cemento y en los récords de cosechas de soja; me duele que en cualquier oficio digno, de los que ofrecen servicios de reparación a domicilio, se cobren altos honorarios, mientras los artistas y los intelectuales que han dado tanto, tengan que trabajar “a la gorra” o por escasa paga. Me duele que te hayas ido, Gary, pero más me duele la ausencia de reconocimiento por un alto y creciente porcentaje de nuestra sociedad, que consume lo peor y lo mucho que hoy se ofrece, esencialmente en la televisión. Y de una revista semanal que difunde lo peor de la farándula, que se vendan semanalmente 180.000 ejemplares cuando en toda su vida un escritor reconocido a nivel mundial, como Jorge Luis Borges, no vendió en toda su vida. Y que a Ernesto Sábato se le haya tenido que otorgar una pensión por indigencia. Me duele la desnudez que tanto abunda, los chimentos, y que la calvicie intelectual sean los signos de este tiempo. Gary, todavía Rosario, a la que tanto amabas, tendrá que hacer un verdadero -aunque tardío- reconocimiento a ese amor que ponías en cada sueño y en intentar lograrlo.
Tengo la necesidad de contar una anécdota, que como tal es real y merece ser contada. El miércoles 22 de enero pasado, a las 18, estacioné mi rodado en la playa de estacionamiento del Carrefour de calle Circunvalación 1977 bis y al abrir mi puerta toqué involuntariamente con ella la goma protectora de un utilitario (no el blindado) de la empresa Prosegur, cuyo dominio es LWU 999; hecho que provocó inmediatamente la hilaridad de su conductor, quien se hallaba –aire acondicionado de por medio– en su interior. Le pedí disculpas y traté de explicarle que había tocado mi puerta en la mencionada goma y no había pasado nada. No obstante ello y lejos de calmarse, comenzó a insultarme con los más variados y injuriosos epítetos. Con toda mi buena voluntad le repetí que no había pasado nada y que tratara de no insultarme más, acto que le provocó una mayor “indignación” al punto que empezó a lanzarme epítetos en contra de mi figura –que pareciera no haberle agradado– y todo ello en un tono desafiante o a modo de considerarse el portador de un derecho a decir lo que quiera “por que me la aguanto”. Confieso que me contuve inmediatamente al observar su casi rídicula figura absolutamente sacada, y pensé en decirle “callate petiso peladilla” o algo así, pero en pos de la pacificación y la idiotez de la situación di por concluida la discusión por un incidente que realmente no había existido. Eso sí, saqué mi rodado del alcance del intempestivo morador del lugar por temor a una eventual represalia en contra de éste para luego sí adentrarme al mundo de las góndolas que rápidamente me sacaron del tema anterior por la frescura del lugar y sus precios. No obstante, y casi inopinadamente, sentí culpa de estar de vacaciones y pensé que aquel pobre hombrecillo estaba trabajando con un intenso calor y seguramente en algo importante esperando a gente de su empresa y se hallaba sumamente nervioso. En otras palabras, mi espíritu bueno estaba plantado para justificarlo. Dos horas más tarde, al salir del lugar, observé que el rodado aún se hallaba en el mismo sitio y en las mismas condiciones que antes. Pasé con mi vehículo cerca y mientras encaraba la salida confieso que me dio bronca que alguien cuidara tanto un objeto material de su empresa y por otro lado le hiciera excesivos gastos de combustible –por el aire acondicionado– en el estacionamiento sin remordimiento alguno y sin tareas a cumplir. Sí pensé que estaba haciendo tiempo injustificadamente, dado que en el lugar no habían otros movimientos que motivaran su accionar, de lo contrario debería estar a esa hora dentro del súper en alguna labor específica. Y afloró nuevamente mi espíritu contradictorio, y debo decir que lancé, mientras regresaba a casa y a modo de contrariedad, un consabido “mirá qué lamentable…”. Pero nuevamente el lado bueno de mi alma pareció apiadarse de aquel personaje y pensé que a lo mejor debería estar en alguna misión específica “muy importante” que lo relegaba dentro de su rodado con el aire encendido por un tiempo tan largo como irrazonable, hecho que seguramente lo ponía muy nervioso. Y mi pensamiento giró nuevamente y se dirigió a la propia empresa que evidentemente lo hacinaba y mantenía en esas condiciones casi anormales a aquel abnegado trabajador que además de todo cuidaba ciegamente los bienes confiados.
DNI 10.409.957
El chiste del año
Realmente estoy asombrado por las distintas sensaciones que me produjo la noticia del reconocimiento en Estados Unidos al gobernador y al secretario de Seguridad de nuestra provincia por la labor desplegada en favor de la seguridad. Las distintas sensaciones convergen en mí entremezcladas, entre la risa, lo trágico o si se tratara de una broma de mal gusto. Teniendo en cuenta que vivimos en la ciudad más insegura del país, donde nos sorprende el día en que no hay más de un crimen. Por favor señores, trabajen en serio y de una vez por todas despéguense del contubernio instalado entre la clase política y la delincuencia. Una última curiosidad, que seguramente tenemos todos los contribuyentes de los impuestos más onerosos de que se tenga memoria en nuestra provincia y nuestra ciudad, ¿quién corrió con los gastos de semejante aventura?
Salvador Hugo Fiorenza
DNI 6.016.252
Otro caso más de discriminación
Vi la nota que le hicieron a Rosana Fernández sobre el rechazo de las obras sociales a personas con alguna discapacidad, y a mí me está pasando algo parecido con mi hijo. Santino tiene tres años y nació con síndrome de down. Hace más de un año que estoy en la búsqueda de una obra social y ya me rechazaron tres, y actualmente estamos sin cobertura. Hice la denuncia en la Defensoría del Pueblo y no pasó nada. En el último caso, la obra social Ossacra (Obra Social Sindicato Amas de Casa de la República Argentina) con sede central en Rosario, ni siquiera me dio para completar los formularios para la afiliación al ver el certificado de discapacidad de mi hijo. La persona que me atendió, de nombre Susana, dijo: “No podemos afiliarnos a la obra social, solamente al sindicato”. ¡Basta de discriminacion! Pido que se cumplan las leyes, todos tenemos los mismos derechos y si no se cumplen que sancionen a quienes corresponda para que no vuelva a ocurrir. Por favor, les pido ayuda para difundir mi caso. Muchas gracias.
Vanina Dazzi
Peyrano (Santa Fe)
¡Cristina habla!
En 1930 aparecieron en los Estados Unidos afiches que exclamaban: “¡Garbo habla!”. Era la publicidad de la primera película sonora que filmó Greta Garbo, “Anna Christie”, la cual le valió una de las cuatro nominaciones al Oscar que tuvo como mejor actriz. Los diarios argentinos del 23 de enero podrían haber titulado: “¡Cristina Kirchner habla!”. Después de un prolongado lapso de silencio, la presidente habló. Claro que, a diferencia de la bella y excelente actriz sueca, cuya voz era desconocida para el público hasta el estreno de esa película, la jefa de Estado no necesita presentar sus credenciales vocales: hasta su extraño mutismo, hablaba diariamente y muchas veces por cadena nacional, mediante discursos tan insustanciales como extensos. Su reaparición sonora había despertado cierta expectativa, pero la señora demostró una vez más que, como dijo el brillante estadista y político francés Talleyrand, de los Borbones, “no ha aprendido ni olvidado nada”. Es la misma de siempre. Tampoco ha escuchado la voz de las urnas. Por si algo faltara para confirmarlo, es la emisión de estampillas relativas a la “década ganada”. Es que hasta a las estampillas ha llegado la desaforada propaganda kirchnerista. Pero el relato, que ahora llegará al mundo entero por vía postal, no puede vencer en su desigual lucha con la realidad. Allí están la corrupción desembozada, el flagelo de la inseguridad, de la violencia y del narcotráfico, la lacerante desigualdad social, la inflación galopante, la permanente pérdida de reservas, la catástrofe energética, la presión tributaria en niveles asfixiantes, el transporte y la infraestructura severamente deteriorados, el aislamiento internacional, entre muchas otras manifestaciones de un gobierno cerrado sobre sí mismo, sin rumbo y sin horizontes. La presidenta que dijo que quienes deseaban una devaluación deberían esperar a otro gobierno, ha llevado adelante en los últimos meses una hiperdevaluación. La corrección cambiaria es, por supuesto, necesaria, pero cuando se la realiza como una medida parcial, sin el contexto de un plan económico consistente y creíble, sólo servirá para insuflarle más energía a la inflación. La pérdida de competitividad de nuestra economía no se resolverá mágicamente por el solo debilitamiento del peso.
Jorge R. Enríquez
El ayudante de “el Flaco”
El viernes 24 del corriente, a las 07.15, hora en que los trabajadores salen a ponerle el pecho a las balas, un honesto ciudadano cayó por una de ellas a manos de un criminal en actividad que le quitó la vida dentro de su negocio, en Mendoza y J. M.de Rozas. Mató a un ejemplo de comerciante, a un hombre de bien, al padre de un adolescente y esposo de una luchadora que remó siempre a su lado. Seguramente no será el último y el desgraciado estará entre nosotros volviendo a matar dentro de poco. Amigo, descansa en paz. Sseguramente “el Flaco” estaba necesitando un buen ladero para que lo ayude y supo que se llevaba un tipo que representó en esta tierra a la reserva moral, que cada día pierde un integrante para darle paso a otros, que deberían también ponerlos en la lista de reserva, pero para trabajos forzados al lado de Satanás.
DNI 7.588.943