Siempre duele el sentirse frágil y desamparado, de hecho la razón de un Estado es garantizarles, al menos ilusoriamente, a los ciudadanos que la componen, que tendrán un "paraguas protector" ante los peligros o las acechos de la naturaleza o de los otros que puedan tener un espíritu dañino (esta sería la razón de la existencia de las fuerzas del orden). Claro que es muy difícil determinar cuál es el grado de responsabilidades, vale decir, si los cambios climáticos (a los que dedicó su última encíclica el Papa) a nivel internacional y a los que la ciencia, supuestamente tan avanzada, no puede prever o prevenir en su poder de daño, son la única variante de análisis, o sí les compete a los gobernantes. Aportamos desde nuestro lugar en el que comunicamos que siempre es más sencillo, sobre todo en tiempos de urgencia, el no dar importancia a lo fundante, a la ingeniería que una vez realizada podría otorgar una estructura que posibilite defensas, en todo sentido, a sus ciudadanos. Creemos que culturalmente los ciudadanos de Corrientes, hemos sido entronizados, entre tantos conceptos con el de la "espera" que se confunde con esperanza, y de allí, que siempre deleguemos nuestras responsabilidades (hasta incluso de protestas o de reclamo a nuestros políticos) para que todo pase mágicamente o que directamente no ocurra, como lo que estamos pidiendo para paliar una situación que ninguno del millón de correntinos merece, que tengamos que estar encomendados a Dios para que no siga lloviendo.



































