¡Cuántas y cuán grandes cosas se han escrito sobre la soledad! Para algunos
pensadores este sentimiento es, aun siendo de esencia penosa y precisamente por ello, causa de
sublimación y crecimiento. Para otros es motivo de perdición. Por eso no pocos autores siempre
dijeron que en la soledad el hombre es un Dios o una bestia, se eleva o se rebaja irremisiblemente.
En cuanto al hombre en lo social, y especialmente al ser social argentino (si bien adquiere o vive
los mismos efectos, porque la sociedad desamparada se redime por sí misma o se pierde por ausencia
del Estado y de la dirigencia política) podría aplicarse lo que dijo Borges: "Estoy solo y no hay
nadie en el espejo". Nadie, ni el propio ciudadano argentino, que no se ve reflejado en la bruñida
superficie porque lo han matado al matar sus sueños, sus esperanzas, sus proyectos de vida. La del
argentino es la soledad entre todas las soledades.
Pero en el espejo nacional, aunque no se vean, hay monstruos que danzan mientras
otros mueren, hay quienes juegan a la estrategia electoral en tanto muchos sucumben, hay quienes
trabajan para su candidatura mientras la realidad social es preocupante. Lamentablemente, en este
panorama tan angustiante para cientos de miles de seres humanos argentinos, hay quienes acuden (de
uno y otro signo político y no político) a las cámaras de televisión, a los grabadores de las
radios y los diarios no para plantear propuestas que ayuden, en unidad, a sortear la crisis, sino
para promover sus figuras o para dar explicaciones de un accionar casi tremebundo o para denostar
al adversario.
Las instituciones. Anteayer, en horas de la mañana, un influyente hombre de
negocios, perspicaz, habitualmente muy bien informado, dijo al autor de esta reflexión, en el marco
de esta crisis que se agudizará con los días, que el país, todos los argentinos, se debía preparar
para vivir los efectos de la interna peronista. Fue más allá y habló de circunstancias preocupantes
en las que podría ponerse en riesgo al menos el equilibrio institucional del país. Es menester
decir que no se trata de un improvisado líder, sino de alguien que suele intercambiar opiniones, a
menudo, con lo más elevado de la dirigencia argentina. Y no es extraño lo que planteó, porque
alguna vez se ha dicho en estas columnas que el establishment argentino parece que ha suplantado
las armas de antaño y sus funcionales operadores de las Fuerzas Armadas, por otros modos medios
mucho más sutiles, menos vistosos y proverbiales, pero no menos contundentes y catastróficos para
la suerte de pequeños y medianos industriales, para comerciantes, trabajadores, profesionales,
jubilados y desocupados; en fin, para todos. Claro, en los nuevos tiempos no se utiliza a las
Fuerzas Armadas, sino a las mismas fuerzas políticas y sociales. ¿No le pasó a Alfonsín? ¿No le
ocurrió a Fernando de la Rúa? El peronista Rodríguez Saá, recuérdese, fue volado de un plumazo por
su propios compañeros, seguramente con el beneplácito de algún poder internacional que no vio con
buenos ojos que el puntano dijera en el Congreso que no iba a pagar la deuda externa.
En este espacio se han criticado algunos aspectos del modelo kirchnerista, pero
los movimientos políticos por todos conocidos y los reclamos que se llevan adelante por estos días,
en un año electoral, hacen sospechar de acciones no pensadas para el bien común y tendientes a
satisfacer intereses personales o sectoriales mediante el desequilibrio de la gobernabilidad. No es
posible aceptar acciones que pongan en peligro el destino de las instituciones y los seres humanos
argentinos.
¿Es la interna peronista como decía este experimentado observador? Ciertas
circunstancias así lo indican, pero hay también un fuerte componente de otros sectores y es de
esperar que algunos reclamantes de estos días (concretamente los hombres del campo) no sean
utilizados o fogoneados para propósitos poco claros.
Con todo, no sería justo dejar de decir que hay un amplio espectro de dirigentes
justicialistas que reniega de estos protagonistas de la política. Este espectro rescatable,
necesario para protagonizar responsablemente cambios de proyectos y de hombres, existe y debe tener
más protagonismo.
El esfuerzo de Ramos. Entre tales dirigentes, por ejemplo, se destacan jóvenes
intendentes como Alejandro Ramos, de Granadero Baigorria, que han logrado cambiar con trabajo y
talento una situación que era harto complicada y preocupante en su municipio. Como bien ha dicho
Ramos, "hemos sabido revertir esa situación con gran esfuerzo de los empleados y la confianza
cívica de los vecinos que se expresa en el pago de las tasas; y nos permitimos pensar en la obra
pública como el gran desafío para este año".
Si al país y a todas sus regiones parte del peronismo puede mantenerlo en vilo
por la presencia de dirigentes que han cumplido un ciclo, pero que se empeñan en permanecer con
actitudes que generan incertidumbre, es necesario entonces que se de paso a gente nueva, con deseos
de trabajar en favor de la comunidad y con el talento suficiente.
Con toda seguridad el establishment y la estructura conocida de siempre tratará
por todos los medios de impedir el acceso, mas sin embargo la perseverancia y el acompañamiento de
la comunidad serán necesarios.
Un conspicuo y honesto dirigente político de la ciudad de Rosario, al hablar del
intendente de Granadero Baigorria, decía ayer que "es un muchacho que tiene talento, ganas de hacer
cosas y ha tenido buenos resultados, por eso no es casualidad que hayan comenzado a dispararle con
munición". Ramos, junto con otros intendentes del sur provincial y a propósito de este alud de
posicionamientos con miras a las elecciones, tuvo una posición sensata y habló sobre "la necesidad
innegociable de priorizar la gestión, dejando de lado, por el momento, toda actividad política
electoral, concentrando todas nuestras energías en dar las respuestas que la comunidad demanda,
ajustados a los escasos recursos con lo que contamos".
Y mientras algunos dirigentes permanecen ensimismados en cuestiones meramente
electorales (dicen que hasta el presidente de la Corte de la Nación está entusiasmado con la idea
de ser presidente de la Nación, ¿será verdad?), muchos argentinos permanecen en la soledad.