¿En qué estás pensando..., dice la sección de los Facebooks. En el misterio de la vida y de la muerte. Las casualidades o causalidades, como dice, no sé. Sólo sé que hoy al anoticiarme de la muerte de un piloto del Dakar, yo que hace una semana estaba rebosante de alegría, compartiendo con ellos ese paseo, casi un mimo de cariño que se les hacia: lo vi pasar y lo fotografié, sin saber su nombre, su historia, pero saludaba a un guerrero de la paz, como les digo yo, a todos los que se juegan la vida en esa batalla que, como el Quijote, pelean contra las dunas, los medanos, arroyos y barro. Barro que no manchará nunca su estirpe de hombres valiente. ¿Y saben qué?, revisando las fotos que saqué, estaba Eric Palante, el auto 122. Ahora supe tu nombre, ¿pero qué cambio? Nada; perdon, sí algo: la alegria. Hoy me duele, pero sólo nos robó un poquito, porque en cada rugir de una acelerada, en cada curva, ahí va a estar su espíritu guerrero, empujando a sus compañeros a ir adelante. Gracias por haberme dado a mis casi 60 años la alegría de compartir y hacerme sentir parte del Dakar, que no es una carrera, es casi una escena quijotesca, pero en la vida de verdad. La Intendencia debería darle a algún espacio publico del parque España el nombre de este piloto, a quien vi reír.



































