Soy de una familia muy hincha de Newell’s y, por supuesto, como para todo hincha leproso haber entrado nuevamente a la Copa Libertadores de América es todo alegría, entusiasmo e ilusión, dado que según la historia siempre estuvimos ahí... muy cerquita de levantarla en Brasil en el 92, en el gran Morumbi frente al San Pablo. A decir verdad, en ese tiempo yo tenía 4 años, me he cansado de escuchar cientos de anécdotas por parte de mi viejo, tíos, hermanos que no se perdieron un partido, incluida la final en Brasil. He visto videos, he leído cientos de notas sobre lo que fue perder esa final, por ese maldito penal. ¡Qué gran equipo, y con el Loco Bielsa! Me imagino ese vestuario como cuentan todos después de no lograr ganar la Copa. Pero entre tantas historias y anécdotas de esa final, hay una que me marcó, incluso hablando con muchos amigos leprosos, que también la cuentan. La he escuchado más de una vez narrada por distintos periodistas. Según lo que escuché y leí, Bielsa ya se veía venir los penales, y preparó un cambio unos minutos antes de terminar el partido. La intención era que ingresara Raggio (muy buen ejecutor de penales y tiros libres) para, seguramente, tener la chance de asegurar el penal. Todos saben que Raggio convirtió el último gol de penal en Colombia contra el América de Cali, que nos dio el pase de serie. La cuestión, según dicen, Bielsa nunca pudo hacer el cambio para que ingresara Raggio, supuestamente para patear uno de los penales. En definitiva, Gamboa erró el penal (pegó en el palo) y no pudimos levantar la Copa, Raggio no ingresó faltando esos minutos finales, para poder supuestamente asegurar el gol de penal. ¿Qué hubiera pasado si Raggio ingresaba y pateaba ese maldito penal? ¿la historia hubiera sido otra? ¿hubiésemos levantado la Copa? ¡qué final! Sólo Dios sabe por qué fue así. La cuestión es que ahora nuevamente nos volvemos a ilusionar con poder levantar la Copa Libertadores de la mano del Tata. Queremos la Copa.































