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Procesaron a un empresario rosarino por mandar 1.235 kilos de cocaína a Portugal

El envío de la droga, denominado "operación peras blancas" se hizo a fines del año pasado desde el puerto de Zárate. El acusado, de 61 años, cayó en su casa de la zona sur

Domingo 14 de Abril de 2013

Diciembre de 2012 quedó marcado en la agenda de la Policía Judiciaria de Portugal como el mejor mes de su historia. A mitad de mes los sabuesos lusitanos detectaron en el puerto de Lisboa un cargamento de 1.235 kilos de cocaína de máxima pureza escondido dentro de tambores que contenían pulpa de peras. “Este es el mayor cargamento de cocaína que hizo la Autoridad Tributaria y Aduanera de Portugal”, indicó una fuente de la investigación en el país europeo que valuó la carga en 56,5 millones de euros y estableció que el contenedor con la droga había sido embarcado el 9 de noviembre en el puerto bonaerense de Zárate.

   En ese sentido, el 20 de diciembre pasado el fiscal federal de Zárate-Campana, Orlando Bosca, inició la investigación local para tratar de dar con los responsables del envío de la cocaína. Así, con el devenir de los días ordenó las detenciones de cuatro hombres, dos de los cuales recibieron la falta de mérito mientras los otros dos siguen privados de la libertad. Uno de ellos es un rosarino de 61 años y profesión confesa de “músico-cantante” que en el expediente judicial figura como el administrador de la empresa textil que alquiló el galpón al que debía llegar la carga en Mérida, la capital de Extremadura, en el sudoeste de España. Su nombre es Carlos Alberto Mulé (ver aparte).

   El otro detenido es un empresario de Campana identificado como Carlos Mario Ruvolo, de 60 años y presidente de LTDI SA, una empresa dedicada a la importación, exportación y despachos de aduana. Ambos están presos desde fines de febrero en la Unidad Penitenciaria 28, en la Capital Federal. El juez de Zárate-Campana, Adrián González Charvay, los procesó por violar la ley 22.415 del Código Aduanero como coautores de “contrabando por ocultamiento agravado por tratarse de sustancia estupefaciente destinada inequívocamente a su comercialización como así también por la intervención de dos o más personas” y ordenó que se les trabara embargo por 20 millones de pesos a cada uno. La resolución fue apelada y está siendo analizada por la Cámara de Apelaciones de San Martín.

Sorpresa. El 20 de diciembre pasado el administrador de la División Aduanas de la ciudad de Campana, Oscar Manuel Iglesias, denunció ante la Justicia que el contenedor MWCU5722001, que había sido embarcado el 9 de noviembre de 2012 en el puerto de Zárate, había sido pillado por pesquisas antidrogas portugueses en el puerto de Lisboa con un cargamento de cocaína.

   Entonces el juez federal González Charvay y el fiscal Bosca comenzaron a desentramar la historia del contenedor, de su carga lícita de pulpa de peras, de su carga ilícita de cocaína y de las personas que intervinieron. Así fue que a finales de febrero el juez ordenó que se realizaran nueve allanamientos en Campana, Zárate, Lanús y Rosario. Aquí, en un departamento de San Martín al 2800, fue detenido Mulé; y en su casa de Campana el empresario Ruvolo.

Largo trayecto. De acuerdo a la investigación judicial el contenedor con la carga de pulpa de peras y cocaína fue embarcado el 9 de noviembre en el buque Miltiadis Juniors III. Ese barco hizo escala en Montevideo, Uruguay, donde el contenedor fue bajado y estuvo en tierra hasta que el 14 de noviembre lo subieron al buque Maerks Leticia con destino al puerto de Algeciras, en el sur de España. Allí llegó el 30 de noviembre y fue embarcado en el buque Freight Atlantic, rumbo al puerto de Lisboa. El 12 de diciembre llegó finalmente a la terminal de contenedores de Alacantar.

   Siempre según la pesquisa, la pulpa de peras había sido adquirida por la empresa de la que es presidente Ruvolo a una firma de la localidad de Alvear, en la provincia de Mendoza. Esa carga pasó por dos depósitos, uno de ellos ubicado a unos 2 kilómetros del puerto de Zárate. En uno de esos lugares la carga de pulpa de peras (mercadería que debe viajar refrigerada) fue prolijamente manipulada. Primero pasaron los ladrillos o panes de cocaína de sus envoltorios plásticos termosellados a bolsas de aluminio y luego quitaron de los tambores el equivalente al peso de los panes de cocaína y colocaron las bolsas en el medio del tambor de acero laminado. Es decir, las bolsas con la droga quedaron sostenidas por la densidad en la carga de pulpa de fruta. Extraoficialmente se supo que iban 10 kilos por cada tambor.

   Como la carga de pulpa de peras salió de la empresa que la vendió en envases plásticos termosellados, los traficantes debieron cerrar nuevamente los envases violados con un sistema similar al usado en fábrica. Los narcos, además, utilizaron ácido muriático para neutralizar el olor nauseabundo que provoca la carga de fruta al pudrirse.

Controles fallidos. Antes de ser consolidada y embarcada, la carga fue sometida a tres controles que exponen lo permeable de los puertos argentinos al universo de los contenedores: fue escaneada, se le pasó un densímetro y fue olfateada por los perros antinarcóticos de la Aduana Zárate-Campana.

   Pero los traficantes habían tomado sus precauciones. El densímetro mide la radiación, verifica si hay emisiones y mide la densidad de la mercancía transportada. No está diseñado para detectar droga y fuentes consultada admitieron que “si la droga está en el medio del tambor el densímetro no la toma”. El escáner del puerto de Zárate trabaja con rayos angulados y no está preparado para detectar la droga, ya que solo escanea siluetas. Y los perros no olieron nada porque la carga estaba en medio de la pulpa de peras que había recibido una dósis de ácido muriático para evitar el olor a podrido.

   En el marco de la investigación, en un galpón de Zárate se encontraron ocho barriles similares a los usados para mandar la carga, soldadoras, agujereadoras y otros elementos con los que se sospecha abrían los toneles, guardaban la cocaína y la sellaban antes de colocarla de nuevo en los tambores. La investigación aún sigue abierta y tanto el juez González Charvay como el fiscal Orlando Bosca quieren avanzar en el expediente para determinar si hay más personas involucradas de este lado del mundo.

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