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Procesaron a dos muchachos por el homicidio de "Quemadito" Rodríguez

Un crimen con tinte mafioso. El fallo del juez Javier Beltramone alcanza a Héctor "El Porteño" Rodríguez y Sergio "Chuno" Acosta, ligados al líder de la hinchada leprosa

Domingo 05 de Mayo de 2013

Héctor David El porteño Rodríguez y Sergio Federico Chuno Acosta fueron procesados por el juez de Instrucción Javier Beltramone como coautores del asesinato de Maximiliano Quemadito Rodríguez, hecho ocurrido la tarde del 5 de febrero pasado en la transitada esquina de Corrientes y Pellegrini. En una jugosa resolución, el magistrado los encausó por "homicidio triplemente calificado por el uso de arma de fuego, alevosía y con el concurso de dos o mas personas". Además, en su hipótesis de investigación, el juez dijo estar "claramente" ante un hecho que se produjo "dentro del narcotráfico, el lavado de dinero y una permanente disputa, jamás finalizada, por un supuesto liderazgo y/o control de la barra brava de Newell's Old Boys".

En ese marco, el juez adelantó que le tomará declaración a Diego Lucas Panadero Ochoa, sindicado como el jefe de la barra brava leprosa. Y giró copia del expediente a la Justicia Federal para que determine si dos autos y dos motos secuestradas a los procesados (cuyos valores de mercados van de los 75 mil a los 180 mil pesos) infringen los lineamientos establecidos en el Código Penal sobre delitos contra el orden económico y financiero.

Más allá de eso, la causa por la muerte de Quemadito sigue abierta y más activa que nunca ya que atraviesa un momento en el cual aún se producen pruebas y se tamizan las ya existentes. "Deberán procurarse con la mayor celeridad posible los resultados y transcripciones de las intervenciones telefónicas ordenadas oportunamente, practicarse los entrecruzamientos telefónicos, producirse las testimoniales no realizadas y/o las que devengan en la presente investigación, ordenar el secuestro de los legajos de los vehículos mencionados, ordenar las pericias de los documentos que obran en autos y demás medidas pendientes de ejecución", indicó Beltramone.

Certero balazo. A las 18.30 del martes 5 de febrero Maximiliano Quemadito Rodríguez y su novia, Sofía L., caminaban por Pellegrini y Corrientes. El muchacho, de 26 años, se ayudaba con muletas porque una semana antes lo habían baleado ferozmente. Sabía que lo buscaban para asesinarlo y ese fue el día y el momento de su trágico final. Un balazo calibre 9 milímetros disparado a distancia le perforó el cráneo. Hasta ese momento Rodríguez era conocido públicamente por dos hechos sobresalientes: el primero sucedió la noche del 4 de septiembre de 2010 en el Coloso del Parque, cuando Diego Panadero Ochoa fue bajado a las trompadas del paravalanchas por gente de su confianza y entre los agresores fueron apuntados Quemadito, su padre Sergio Quemado Rodríguez y Matías Pera; el otro ocurrió el 1º de enero de 2012 y derivó en el triple crimen de villa Moreno.

Aquella madrugada Quemadito circulaba en su auto junto a Sofía L. Hacía tres días que había recuperado la libertad tras estar acusado por haber atacado a tiros a un muchacho. Entonces fue atacado a tiros en inmediaciones de Garay y Vera Mujica y desde allí lo trasladaron al Hospital de Emergencias, donde su ingreso no fue registrado por el agente que estaba de guardia en el destacamento policial. Cuando Sergio Quemado Rodríguez se enteró del ataque a su hijo, fue en compañía de algunos laderos a buscar venganza. Así, en una canchita de fútbol de Presidente Quintana y Moreno acribilló a Jeremías Trasante, Claudio Suárez y Adrián Rodríguez, tres jóvenes ajenos a lo que sucedía.

Los móviles. De acuerdo al procesamiento dictado ahora por Beltramone contra El porteño y Chuno, esos dos episodios podrían vincularse como nutrientes del móvil en el asesinato de Quemadito Rodríguez. Si bien el juez afirma que "las pruebas que se lograron producir son escasas en cantidad pero no en calidad", fundamenta su decisión en un relato construido a partir de distintos testimonios y pruebas. Y, en ese sentido, vale destacar que fue el mismo juez el que ordenó detener a Sofía L. (hoy con prisión domiciliaria) al entender que no contaba todo lo que sabía. "Se indagó a Sofía L. por encubrimiento del hecho objeto de investigación y por comprender preliminarmente que la misma pertenecía a una asociación ilícita dedicada a la realización de diversos hechos", se lee en la resolución.

Beltramone tomó como eje de su hipótesis investigativa la declaración de Sergio Quemado Rodríguez y de dichos que Sofía L. eligió callar ante el juez pero fueron confirmados por otros testigos. Quince días después de la muerte de su hijo, Rodríguez padre le dijo al magistrado que los autores del crimen era personas allegadas a Panadero Ochoa, el jefe de la barra brava rojinegra y que habían cobrado dinero por cometer el asesinato. Aportó los nombres y apodos de los acusados y dijo que estaban refugiados en Mar del Plata. También recordó que su hijo sabía que lo iban a matar, y como móvil del ataque dijo que Panadero Ochoa y un familiar de una de las víctimas del triple crimen habían entablado relación después de ese trágico suceso unidos por el odio: uno por la muerte de su hijo y el otro por la ofensa pública de bajarlo a las piñas del paravalanchas. Y advirtió que otro de los que participó en el atentado contra Panadero en septiembre de 2010 iba a ser asesinado.

   En tanto, las partes que Sofía L. eligió callar, el juez las reconstruyó de boca de otros testigos. Dos policías que llegaron a la escena del crimen escucharon a la piba, en medio de una crisis de llanto, decir que los asesinos “eran los hijos de puta de Newell’s”. Otro testigo sostuvo que los asesinos fueron dos, uno con ropa de obra y otro con ropa de calle, y que fueron evacuados del lugar en una moto Honda Tornado blanca que los esperaba por Corrientes, entre Cochabamba y Pellegrini. Una moto similar se incautó en la casa del procesado Acosta. El testigo también recordó que el homicida vestido con ropa de calle corría arma en mano riéndose. La hermana de Quemadito también aportó información que le dio Sofía L., no sólo sobre el asesinato sino del ataque del 29 de enero que lo dejó caminando con muletas y en el que “le dispararon treinta veces”, según recordó la chica.

Vinculaciones. El juez logró determinar que Héctor El porteño Rodríguez es una persona de “extrema confianza” de Ochoa y que Sergio Chuno Acosta es socio de la entidad del parque Independencia. En ese sentido, el dictamen remarca que Ochoa “está detrás de la defensa de El porteño” e incorpora un mensaje de texto interceptado el 8 de febrero por orden judicial que reza: “Hablé con (da el nombre de uno de los defensores) por lo de David (Rodríguez). El miércoles va a hacer una presentación espontánea”. Y Beltramone dice: “Es curioso que tres días después del hecho Panadero Ochoa se preocupa por la defensa de Rodríguez, mucho tiempo antes de que se ordenara su detención. Mucho antes, pues eso ocurrió un mes después”.

   Sobre la dupla procesada, Beltramone escribió: “Actuaron con un claro dominio funcional del hecho y habiendo un reparto de tareas. Ambos compartieron un plan criminal, el que a la fecha aún no termina de determinarse completamente en cuanto a autores intelectuales y/o partícipes necesarios, pero que sí demuestra un conocimiento pleno de ambos del hecho y todas las circunstancias que rodean al mismo”. E incorpora otro elemento: “Se logró inferir la existencia de una promesa remunerada por cuanto no se logra explicar adecuadamente ni por qué el vehículo no se puso a disposición del tribunal como ya se explicitara, ni como se ha adquirido, ni cuales son los medios lícitos de vida de ambos coimputados”.

   La defensa de Acosta, en mano de Adrián Ruiz y José Ferrara, hizo constar sus reservas ante el procesamiento al entender que “es un dictamen inconstitucional” ya que “no existe el mínimo legal requerible para el llamado a indagatoria de su pupilo”.

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