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Prisión efectiva a cinco policías por extorsión al dueño de un auto

Le exigieron a su mujer que entregara plata para liberarlo. Ella lo denunció y Asuntos Internos filmó la entrega. Recibieron cinco años de pena.

Martes 14 de Mayo de 2013

Cinco policías del Comando Radioeléctrico fueron condenados a penas de cinco años de prisión por acciones extorsivas e intimidatorias contra el dueño de un auto al que se llevaron detenido, en barrio La Granada, mientras exigían mediante llamados telefónicos una suma de dinero a su esposa para no armarle una causa penal.

Todo comenzó cuando Olga Q. denunció en Asuntos Internos que su marido, Juan Carlos G., se comunicó con ella para decirle que policías del Comando Radioeléctrico (CRE) lo habían detenido en Moreno y Batlle y Ordóñez a bordo de su Fiat Duna gris, que usaba como remís, y lo llevaban a la subcomisaría 20ª detenido por averiguación de antecedentes. Eran las 16.30 del 2 de octubre de 2008. La mujer adujo que al rato recibió una llamada de un aparato Nextel. Era su esposo diciéndole que los policías pedían cinco mil pesos para despegarlo de una causa por un hecho en el cual, según sostenían los uniformados, él había salido con su auto "en la tele".

El requerimiento, denunciaba la mujer, era de "los policías de investigaciones", quienes le pedían que entregara el dinero en avenida de Rosario y Circunvalación, a las 19.30 de ese mismo día, a fin de liberar a su marido y restituirle el vehículo. Juan Carlos G. fue trasladado a la Brigada de Investigaciones en la Jefatura.

La mujer acudió a la Dirección de Asuntos Internos y allí proporcionó los números del teléfono desde el que la habían llamado. En el momento en que ella hacía la denuncia recibió, delante de los empleados de esa dirección, una nueva comunicación extorsiva. "Qué pasó que no llegaste, estamos acá esperándote", dijo una voz masculina. Eran las 19.15.

Espiados. A las 20.20 efectivos de Asuntos Internos tomaron posición en inmediaciones del lugar de la cita. Olga recibió de ellos una suma de dinero con billetes cuya numeración previamente fue asentada en un acta. Enseguida se paró debajo del puente de la dirección indicada y vio llegar a la patrulla 3597 del Comando. Desde adentro a la mujer le dijeron que su esposo estaba bien y le requirieron el dinero acordado para liberarlo.

La mujer comentó que sólo había podido reunir 400 pesos y que si le otorgaban más tiempo podría conseguir 7 mil en total. "Esto no es lo pactado, con esto no hacemos nada", rezongó un empleado policial, que según Olga habló por radio a alguien a quien llamó por el apelativo de "jefe" para darle cuenta de lo ocurrido. Entonces el policía le pasó el celular a la mujer que escuchó, del otro lado, a un hombre indignado.

"Me dijo que yo lo estaba agarrando para la joda, que le había hecho perder dos horas y luego me cortó", refirió Olga en el juzgado. "Enseguida me suena mi celular y era la misma persona que recién me había cortado, la cual me dijo que como yo la había agarrado para la joda, el que se tenía que joder ahora era mi marido", aseguró la mujer, quien terminó entregando los 400 pesos. Los policías de Asuntos Internos, ocultos cerca de allí, registraban en video la escena. Pocas horas después detenían a los empleados policiales implicados y secuestraban libros de acta. Los dos empleados de Asuntos Internos prestaron una extensa declaración del hecho en Tribunales.

El entonces jefe del Comando Radioeléctrico, Daniel Corbellini, señaló en el juzgado que el móvil que se había acercado a Olga C. bajo el puente de Circunvalación no tenía que estar allí bajo circunstancias normales, porque su área asignada no era esa. Y que no resultaba lógico que estuviera allí.

Uno por uno. En el trámite judicial la víctima de la extorsión, Juan Carlos G., fue capaz de individualizar a todos los policías que lo habían retenido, abundando en detalles sobre cómo lo esposaron, le pidieron el número de teléfono de su esposa para llamarla y el modo en que le exigieron el dinero (ver aparte). A varios los reconocería luego en rueda de personas.

Para el proceso probatorio el juez Alfredo Ivaldi tuvo en cuenta los informes sobre los llamados telefónicos y los aparatos utilizados tanto por los chantajistas como por sus víctimas. Fue categórico el seguimiento realizado por los empleados de Asuntos Internos. El juez de Sentencia, Ismael Manfrín, prestó atención a la concordancia que tuvieron los relatos de Juan Carlos G y su esposa, quienes por separado y a poco del hecho detallaron lo ocurrido. También valoró la circunstancia de que los funcionarios de Asuntos Internos fueran testigos en tiempo real de parte de la secuencia extorsiva, dado que cuando la víctima recibía llamados se encontraba ante esos empleados haciendo la denuncia. Luego se acreditó el registro fílmico del encuentro entre la mujer y el patrullero del Comando.

Sentenciados. Manfrín adujo que hubo una división de las tareas ilícitas entre los cinco policías acusados. Los condenados son Pedro Juan Fernández, Javier Enrique Pereira, Mario Alfredo Díaz, Sebastián Andrés Alvarez Ruiz y Hugo Daniel Baroni. Según el juez todos son igual de responsables.

"Díaz y Alvarez Ruiz, y Baroni en la secuencia posterior, fueron quienes descargaran las intimidaciones y exigencia patrimonial, la cual fuera recogida por Fernández y Pereyra", subraya el juez que les impuso cinco años de prisión y nueve de inhabilitación para ejercer cargos públicos.

“Me hizo seña con la mano: «Cinco mil»”

El dueño del auto sometido a la extorsión, Juan Carlos G., fue trasladado en patrullero a la Brigada de Investigaciones de la Jefatura al ser detenido. Según su relato enseguida le pidieron dinero por lo que llamó a su esposa, Olga. “Antes de que hablara con mi mujer este policía mas joven me dice que le diera la plata que tenía encima y que después juntara el resto. Hasta ese momento no me habían especificado ninguna cantidad. Luego empiezo a hablar con mi mujer. Yo le hablaba por radio y los policías podían escuchar todo lo que hablaba. Entonces le digo que los «muchachos» (en ningún momento le dije la policía) querían 4 mil o 5 mil pesos. A todo esto no me habían dicho ninguna cifra, sino que tiré esas cifras por decir. Y cuando digo esto el policía más joven, que iba en el asiento del acompañante, se da vuelta y, haciendo seña con la mano, mostrándome los cinco dedos, me dice: «¡5 mil!». Entonces le dije a mi mujer: «5 mil pesos»”.

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