Todos los días de mi vida escucho a periodistas, políticos, gente del barrio, gobernadores y presidentes hablar de violencia, narcotráfico e inseguridad. Todos los días. Quiero contarles algo: Camilo Blajakis fue condenado por la sociedad a ser delincuente, a reventarse la cabeza y la vida con cocaína y balas. Pero un día, en la cárcel, en un taller literario, cambió la muerte por la poesía. Hoy, muchachos, Camilo es poeta y director de cine. Entonces queridos presidentes, los que estaban y los que vinieron, gobernadores, periodistas, políticos, gente de barrio. Invertir en inseguridad, en violencia, en lucha contra el narcotráfico sería becar a Camilo Blajakis con el dinero suficiente para que pueda ir a contar su experiencia a cada escuela, a cada villa, a cada barrio, a cada cárcel del país. Pero refuerzan a la policía, traen a Gendarmería, y se escucha "hay que matarlos a todos". El triunfo de la educación y el arte sobre la muerte está hecho carne en Camilo. Pueden decir que soy un idealista, un delirante, pero estoy seguro de que Yrigoyen, Lisandro de la Torre, Eva Perón, Jesuscristo, el Che y Nelson Mandela, lo hubieran hecho. Sólo me resta pedir disculpas a Camilo si dije algo que pueda haberlo molestado.



































