La nuestra era una ciudad con un tamaño justo, donde era posible vivir. Con un río al que ignorábamos y con sus múltiples encantos. De repente ellos fueron gobierno municipal, lo son desde hace mucho tiempo. Favorecidos por la inversión privada, Rosario empezó a crecer. Se abrieron innumerables balcones al río, y la ciudad se convirtió en turística, después llegó el casino. Quisieron atribuirse este cambio, pero en realidad los encontró en el gobierno, sólo eso. También con la soja llegó el auge de la construcción. Nada se planificó y cada uno construyó lo que quiso en el lugar en que se le ocurrió, hasta que tarde sacaron algunas tibias reglamentaciones, que ya carecen de sentido. También con el incentivo al consumo, las calles se llenaron de automóviles y motonetas. Los primeros estacionando en dobles y triples filas sin ningún tipo de consecuencias, y las motos con familias enteras a bordo, sin casco, sin luces a cualquier hora y por cualquier lado. En fin, con nada pudieron, nada supieron manejar a pesar de haber prometido una y otra vez que todo lo ordenarían. Además la ciudad está rota, sucia. Hasta fumigaron una vez en el parque un domingo, cuando estaba lleno de gente y cuando era tarde porque ya los mosquitos hacía días que convivían con nosotros. Sin embargo, ellos nombraron más y más agentes. Hoy no les alcanza la recaudación para pagarles los sueldos. Dicen que es su manera de hacer política. Yo de eso no entiendo, lo que sí creo es que la historia los juzgará como aquellos que pudiendo hacer de esta una ciudad modelo, por error u omisión dejaron que se convirtiera en una jungla en la que cada cual hace lo que quiere, total nadie controla nada.































