Se dice que la endemia se manifestaría por diversos actos o sucesos que se repiten con frecuencia en un país y que dichos hechos están muy vulgarizados y extendidos. Las fiestas carnavalestolengas que en forma permanente se vienen dando en nuestro sufrido país se destacan por las numerosas comparsas que, al ritmo de la hipocresía, la mentira y la farsa, muchos monigotes, payasos y mascaritas se disputan el control de puestos claves que les permitan caranchear las riquezas que a costa del trabajo y el pago de impuestos crean sudorosos ciudadanos víctimas de las vicisitudes a las que se los somete. Para finales de junio tendremos un carnaval donde a fuerza de codazos, pisotones, gritos y pancartas, los mascarones se disputarían uno de los estamentos de la República. Al fin y al cabo, son pocos, pero muy ruidosos; puesto que la generalidad de la población los mirará con bronca, resignación, estupor y hasta con vergüenza. Por eso muchos sectores no se sumaran al corso organizado y dejarán que los popes de las comparsas sigan haciendo su juego, ya que marchan a un precipicio de sus propias miserias. De cualquier manera la inmensa mayoría se mantiene al margen de los procesos electorales votando en blanco, anulando su voto o no asistiendo; saben que aunque crezcan y se transformen en una corriente o gran fuerza política y social, van a ser ninguneados y marginados. Los caranchos seguirán saqueando. Que aprovechen, puesto que los tiempos se les irán acortando y como decía mi abuelo, a cada chancho le llega su San Martín.


































